Es Estado y es islámico

 

Hace un par de días publicaron en El País este artículo de Lluís Bassets: Ni Estado, ni islámico. La tesis que defiende, lógicamente, es que ISIS no es un Estado, y tampoco es islámico. Según Bassets, “en el desorden de las palabras se refleja el desorden del mundo”. Ésa es la primera frase del artículo, que no aporta demasiada información.
A continuación explica que quienes dicen que ISIS es un Estado y que es de carácter islámico no sólo no reflejan correctamente la realidad, sino que además están cayendo en la trampa propagandística de ISIS.

El razonamiento es el siguiente. En primer lugar, ISIS no es un Estado. Simplemente ejerce el monopolio de la violencia en un territorio determinado. Es decir, hace exactamente aquéllo que define a un Estado y que lo diferencia de una organización terrorista. Aún más, no sólo ejerce el monopolio de la violencia, sino que también recauda impuestos en ese territorio, imparte justicia, ofrece un marco legal no arbitrario -la sharia, claro- y ha puesto en marcha algo parecido a un sistema de escolarización. En algunas zonas ofrece servicio de correos, autobuses, acondiciona carreteras, o incluso provee electricidad gracias a la presa al Farouq (antes de que tomasen el control de la misma se llamaba Tishrin).

Se podría discutir si ISIS es o no un Estado. Si nos fijamos en las características técnicas, parece que cumple las condiciones. De manera precaria, es verdad. Pero no se trata de una mafia, ni de un grupo terrorista bajo la protección de un Estado. Isis es el Estado en el territorio que controla. Es cierto que, además de esas características técnicas, hay una condición necesaria para poder hablar con corrección de Estado: que sea reconocido internacionalmente. ISIS, de momento, no lo es. En ese sentido sí se podría decir que no es un Estado. Pero en realidad lo que diríamos es que no es un Estado reconocido.

En segundo lugar, Bassets afirmaba que sea lo que sea ISIS, Estado o grupo terrorista, no es islámico. Y aquí no hay discusión posible. ISIS es islámico. La ley mediante la que gobiernan su territorio es la sharia. Asesinan occidentales, entre otros motivos, por ser infieles. En fin, gritan “Allahu akbar” antes de llevar a cabo un atentado. No se trata de una vinculación accidental, ni de una utilización interesada para captar seguidores. El carácter islámico es parte esencial de ISIS. No se entendería sin ese carácter, sería algo totalmente distinto. Por lo tanto, habría que preguntarse qué es lo que lleva a un periodista a negar algo tan básico. No a un periodista cualquiera, sino al director adjunto y responsable de las editoriales y la opinión de El País.

Recientemente pude escuchar en dos telediarios diferentes -puede que fuera un telediario y un periódico- algo llamativo. Se refirieron a ese grito de guerra con estas palabras: “Dios es grande”. Los terroristas habían dicho “Allahu akbar”, claro. Pero en lugar de recurrir a la traducción corriente, “Alá es grande”, o a su literalidad, dijeron “Dios es grande”. La diferencia entre decir “Dios” o “Alá” en ese contexto es evidente. Lo segundo reproduce la realidad, lo primero es mentira. Y esos medios optaron por la mentira.

Bassets cierra el artículo mencionando a la extrema derecha. Le faltó recurrir a la islamofobia, pero el último párrafo trata justamente de eso, aunque no la nombre. El miedo a la islamofobia, a identificar musulmán con terrorista. Puede estar tranquilo. Son muy pocos los que cometen ese error. No todos los musulmanes son simpatizantes de ISIS. Pero tan cierto como esto es que ISIS es una organización de carácter islámico. Y la influencia que consigan sobre los musulmanes dependerá de estos últimos, no de nuestras palabras.

En el Washington Post: Does ISIS really have nothing to do with Islam?

Informar sobre Gaza

tweetsfromgaza

 

Algunas noticias sobre Gaza de estos últimos días que, sospecho, no han sido especialmente destacadas en los medios. Son sólo unos ejemplos, y más que noticias sobre Gaza son noticias sobre cómo se informa de lo que ocurre en Gaza.

Comenzamos con algo “suave”. Un corresponsal australiano, Peter Stefanovic, informa sobre el lanzamiento de cohetes de Hamas desde algún punto cercano al hotel donde él se encuentra. En las respuestas al tweet se pueden leer desde insultos a amenazas directas. Al parecer, ser un periodista y relatar los hechos te convierte automáticamente en informante, alguien que espía para el enemigo. Y a los espías se les dispara, le advierten. Otro periodista, Harry Fear, recibió amenazas unos días antes por la misma razón, y al parecer borró alguno de los tweets. Esto ocurre con periodistas nada sospechosos de trato de favor a Israel, si atendemos a sus comentarios recientes. Y no es que reciban amenazas por reconocer el derecho de Israel a defenderse, o por criticar el llamamiento de Hamas a que los civiles se conviertan en escudos humanos, sino por señalar algo tan obvio como que Hamas lanza misiles desde instalaciones civiles. Se puede leer más sobre ello aquí.

Pasamos ahora a algo más “creativo”. Pallywood, que comenzó como un documental sobre la manipulación anti-israelí durante la Segunda Intifada, hace tiempo que ha pasado a convertirse en un género. Las primeras manipulaciones sobre la operación que Israel está llevando a cabo en Gaza consistieron en el uso de fotografías de víctimas de Siria como si fueran víctimas gazatíes. Todavía hoy se siguen difundiendo, incluso por parte de políticos y periodistas. Sin embargo, ayer conocí un caso que lleva Pallywood a un nuevo nivel. Además de las mencionadas fotos de Siria circula estos días una foto especialmente cruda de una niña palestina víctima de un ataque aéreo de Israel. El problema es que no se trata de una niña palestina. Ni siquiera se trata de una víctima de la guerra en Siria. Se trata de un fotograma de la película Destino Final 4. Podría pensarse que no es más que un hecho aislado, y que en el fondo perjudica a la causa palestina, si es que se puede hablar en general de una causa palestina. Y es evidente que estos ejemplos no anulan toda información sobre víctimas gazatíes. Están muriendo personas, eso no se puede discutir. Y es verdad que cualquier posicionamiento moral en torno a una guerra tiene aristas. Pero hasta para hablar sobre la guerra hay que limitarse a los datos, al análisis y al intento de no sentimentalizar. No “hasta;” con más razón. Sólo es aceptable hablar sobre una guerra cuando lo único que se maneja son datos. No digamos ya si hablamos desde fuera.

Seguimos con otro de esos sucesos que algunos calificarán de simple anécdota. Ayer jugaba el Maccabi Haifa un partido amistoso en Austria. El partido tuvo que suspenderse porque unos espectadores invadieron el campo y agredieron a varios jugadores del equipo israelí. ¿Tiene algo que ver con Gaza? Sí y no. Tiene que ver porque es la excusa utilizada por los agresores, y no tiene que ver porque de lo que se trata realmente es del odio a los judíos. Basta mirar a Francia para comprobarlo. En la última semana se han producido ataques a sinagogas y comercios judíos. Hay casos similares, y más graves, en fechas anteriores y en otros países europeos. Desde profanación de tumbas hasta atentados. Y, según el gobierno israelí, más de mil judíos franceses han emigrado a Israel en los últimos diez días.

Podría incluir también el reciente hallazgo de misiles de Hamas en escuelas de la UNRWA, la denuncia del hecho por parte de la organización de la ONU, y la posterior devolución de esos mismos misiles a las autoridades locales. Es decir, a Hamas. Pocos días después volvieron a encontrar misiles en una escuela. Pero lo siguiente que hace la ONU es amenazar con posibles condenas a Israel por crímenes de guerra consistentes en ataques a hospitales y escuelas, sin mencionar algo que la misma ONU reconoce: que esos hospitales y escuelas son usados para almacenar o para lanzar misiles contra Israel.

Podrían mencionarse efectivamente unos cuantos ejemplos más, pero creo que es más oportuno preguntarse si sirve de algo hacerse eco de estas cosas. Quien esté vacunado contra la propaganda y la manipulación, lo recibirá sin sorpresa. Pero precisamente por estar vacunado es innecesario exponer las manipulaciones. Quien no lo esté, quien se crea todo lo que reafirma sus prejuicios, por burdo que sea el montaje, seguirá en sus trece y encontrará explicaciones fabulosas para desechar los datos. Lo única razón que se me ocurre para seguir con esto es el grupo de personas que cumple dos requisitos: no estar aún vacunado, y ser capaz de superar los prejuicios o el desconocimiento.

Y por cierto, mientras buena parte de la prensa occidental habla de crímenes de guerra en Gaza, al parecer el ISIS acaba de ordenar la mutilación de los genitales de todas las mujeres entre 11 y 46 años en Mosul*. Antes ya habían ordenado la conversión forzosa o el pago de un impuesto religioso -bajo amenaza de ser ejecutados si no aceptaban- de los cristianos. Y en la guerra de Siria han muerto 700 personas en 48 horas. La atención y la intensidad con que se tratan Gaza, Mosul y Siria están a la vista. Ya se sabe, cuestión de agenda.

* Parece que comienza a cuestionarse la veracidad de la noticia sobre las mutilaciones ordenadas por el ISIS.