«Altsasu», notas. (Episodios 3 y 4)

EPISODIO 3

En la cárcel, un “preso vasco” defiende a Urko de un preso común. El lenguaje de EITB se va consolidando. Ayer daban la noticia de la excarcelación de Troitiño por motivos de salud. Troitiño en la web de EITB es «preso vasco» o «preso donostiarra». El de la serie es un «preso», simplemente. Y a diferencia de Troitiño no podemos saber qué tipo de preso es. En eso consiste la verdadera fuerza de la ficción, ante la que no cabe la mirada al registro, a los hechos.
El preso les defiende del hostigamiento de otro preso, y les dice que están a tiempo de disfrazarse para intentar que no los identifiquen en el reconocimiento.
Uno de ellos aparece con una camiseta del Real Madrid.
De Guti.

El jefe de la investigación, el villanísimo, era director general de la Guardia Civil. En el episodio 3 le han nombrado consejero independiente de Red Eléctrica. La guinda, el peor pecado, es la corrupción. Como en la vida real.
En el mismo telediario se oye de fondo “las declaraciones del presidente del Gobierno Mariano Rajoy”. Entre burdo y sutil hay un mundo enorme de verdes y azules.

La mujer le dice al guardia civil malo que no quiere que su hija nazca ahí. «No es sano». «¿Quieres que tu hija crezca en este ambiente?» La vida de los guardias civiles en los pueblos como Alsasua nunca puede ser buena, menos aún con hijos.
Como se ve, la serie se dirige a más de un perfil. Esto se dirige a los guardias civiles, aunque no sé cuántos verán la serie. Alde hemendik, si es por vuestro bien, porque os apreciamos.

Urko recibe una carta, la lee en la celda. El «preso vasco» está en la litera de arriba.
– ¿Novia?
– No, el abuelo.
– Qué suerte, a mí no me queda nadie ahí fuera.
– No pareces tan viejo.
– No tiene nada que ver con la edad, sino con lo que haces para que te encierren.
– Pero…
– Hey, hey, no preguntes demasiado.

Los creadores dejan parte de ese «preso vasco» a la imaginación, pero no mucho. ¿Qué será lo que hizo para que lo encerraran? Da igual, no es lo importante. Primero, porque es un preso humanizado. Les ayuda. Segundo, porque como dijo la madre de Urko, el personaje libremente inspirado en Bel Pozueta, estar en la cárcel o en la calle es «una lotería» cuando eres un joven vasco. Todos los vascos están «en el mismo saco».
Hay algo directamente ridículo en esa escena: si el «preso vasco» es lo que creemos, si está en la cárcel por algo que no puede nombrar… ¿quién se va a creer que no tiene a nadie ahí fuera? Tiene a cientos de personas esperándolo, con los aplausos, los pasillos, las antorchas y los homenajes preparados.

Sale el padre de uno de los acusados, pidiendo firmas en la calle, de apoyo a los «jóvenes del pueblo». Resulta que se lo está pidiendo a la madre de una de las víctimas reales, ignoradas en la serie. La pareja del guardia civil del tobillo roto.

– Lo siento, no me interesa.

– Bueno, esto nos incumbe a todos. ¿Es usted madre?

Los dos lados del conflicto, el sufrimiento en los dos bandos. También en esto. Y también en esto se iguala a los agresores y a los agredidos. Al menos en una primera impresión. Si se reflexiona un momento, es evidente que no se los iguala. Los que sufren en la serie son los agresores. Los agredidos, de hecho, no es que no sufran; es que no tienen derecho a sufrir, puesto que son los únicos que han hecho algo malo. Si no hay agresión, y en la serie no la hay, las únicas víctimas son «los jóvenes de Alsasua». Esta parte no está libremente inspirada en un hecho real. Esto es lo que los medios vascos, algunos partidos vascos y algunos medios y partidos del resto de España llevan afirmando desde que se produjo el hecho.

Conversación interesante en la calle entre Izaskun, la madre de uno de los acusados aún libres y «Bel Pozueta», la madre de Urko. La primera le agradece que haya dado la cara por ellos, que haya sido su portavoz. No es nada, me habéis dado fuerzas, etc. Pero la primera le dice que no deberían mezclarse con partidos políticos.

Todo es política, Izaskun. Y unos partidos políticos siempre han estado con nosotros, mientras que otros no.

Es fascinante. Meses, años hablando de la utilización política del caso, de la instrumentalización del sufrimiento de unos chavales, y resulta que la serie producida por ETB y TV3 transforma el caso en la lucha de EH Bildu por la justicia. «Bel Pozueta» es Bel Pozueta, la madre de Adur Ramírez de Alda.  Olatz, el personaje que en la serie adopta el rol de Bel Pozueta, porque ni siquiera permiten ese resquicio de verdad en la serie, los nombres, entrega la lucha de los padres a un partido político, su partido político. EH Bildu. No se menciona el partido en la serie, como tantas otras cosas. Pero ahí está.
Bel Pozueta, la de verdad, la madre de Adur Ramírez de Alda, fue candidata al Congreso por EH Bildu. Al segundo intento lo consiguió, y hoy es diputada por Navarra. Días antes de las elecciones que le dieron el escaño, eldiario.es le hizo una entrevista. Decía cosas como éstas:

Sobre el uso de la ikurriña en edificios públicos en Navarra:

Estamos llegando a unos extremos en que existe la vascofobia y, con esa fobia, estamos negando la identidad de muchos y muchas navarras y navarros.

Sobre el estudio del terrorismo de ETA en las escuelas, después de una pregunta general a la que responde que habría que hablar de todas las violencias y empezar como mínimo por el franquismo, la entrevistadora le dice que hay dos memorias en el programa, la histórica y la reciente:

Pero es que en la Memoria reciente también tendríamos que ver las consecuencias que nos vienen desde el Franquismo. Y tendríamos que ver también las expresiones de la violencia del Estado y las consecuencias que ha tenido. Tendríamos que hablar de violencias como la sexista o machista, de las violencias que generaron en su tiempo grupos como los GAL o el Batallón Vasco Español, de la violencia de la dispersión, de cómo se está utilizando la ley penitenciaria, que está generando víctimas en la carretera, y entre los propios presos que no están cerca de sus familiares. Si se quiere hablar de la expresión de la violencia de ETA, nos estamos olvidando de un espacio muy, muy amplio, en el que hay muchas víctimas, muchos sufrimientos y muchas consecuencias. También habría que hablar del caso Alsasua, y de que hay personas que han perdido ojos. Tendríamos que hablar de que hay personas que no han podido ver a sus familiares porque están a 500 kilómetros. Tendríamos que poner en las aulas a muchas personas que hablaran, es un abanico tan amplio…

Sobre ETA, específicamente ETA.

¿Condena, a día de hoy, el terrorismo de ETA?

A mí me llama la atención que en el 2019 todavía se haga esa pregunta.

Es que la siguen sin responder.

¿Qué se busca con esa pregunta? Estamos diciendo que hay violencias, que hay víctimas. EH Bildu, desde su nacimiento, ha planteado que desde el diálogo es como se tiene que resolver las cuestiones políticas, y que hay muchas víctimas, que hay muchos sufrimientos, y que lo que planteamos es una reparación de todas las víctimas, un reconocimiento de todas las víctimas. Más, no sé.

Parafraseando lo que dijo el lehendakari Urkullu a EH Bildu en su día. ¿Tanto cuesta decir que estuvo mal?

¿Qué estuvieron mal tantas cosas? Me encantaría que se abriera el foco y entonces hablaríamos de todo. ¿Qué interés hay en poner solo el foco en una historia?

Sobre la libertad de movimientos y sobre la libertad política en los pueblos controlados por su partido, EH Bildu:

Durante la campaña electoral anterior y durante estos meses, algunos partidos políticos como Vox, Ciudadanos o PP han ido a determinados pueblos y ciudades y se les ha recibido con escraches, en algunas ocasiones se ha dificultado incluso que se celebre el mitin. ¿Qué valoración hace al respecto? ¿Es legítimo?

A mí me parece que es una política carroñera la de ir a los lugares donde hay sufrimiento y donde hay una situación extrema a buscar votos. Vienen aquí, no para encontrar votos aquí, porque ni Vox ni Ciudadanos tienen fuerza aquí. Vienen para buscar votos en España y están buscando la confrontación. Están buscando que se les tire monedas, que se les grite para lograr la imagen, como también hizo Inda cuando fue a Altsasu con Casado y con Ana Beltrán. Lo mismo. Es una política carroñera, es falta de ética política y es no tener en cuenta a las personas que viven en esos lugares ni el sufrimiento que están teniendo esas poblaciones.

¿Dónde está el límite entre la libertad de expresión y el buscar esa confrontación?

Metafóricamente hablando, si a ti te dicen que hay perros sueltos por ahí, que de vez en cuando salen y que, además son muy rabiosos… O, yo qué sé, meterse en una jaula donde hay un león… Es que tengo derecho a meterme en la jaula del león. Vale, vale, todo el derecho tienes, pero métete. Ir a buscar esa confrontación, eso ya no es estar hablando del derecho a la libertad de expresión. ¿Legítimo? Pues vuelvo a decir, estás metiendo el dedo en la llaga de una herida y encima con vuelta y media para generar más dolor, para que quien sufre salga a la confrontación. Si quieres sentarte, siéntate, habla desde otros parámetros. Si quieres ir a esa ciudad o a esos pueblos, siéntate en una mesa. Plantea otro formato. No vayas en un autobús, invadas un pueblo y te vayas rápidamente solo para buscar confrontación.

Esto es Bel Pozueta, esto es EH Bildu, esto es la libertad que los que están en el mismo saco, los de «ideologías distintas», ofrecen a los que se niegan a meterse en ese saco. Y esto es lo que la televisión pública vasca glorifica, edulcora, defiende, disfraza o niega que exista una y otra vez.  La izquierda abertzale vasca es Bel Pozueta, es todo lo que dice en esa entrevista y todo lo que dice en foros con menos luz. Los padres de los «chavales de Alsasua» decidieron integrarse en ese mundo, en parte porque ya estaban integrados en gran medida. Sus hijos, «apolíticos», participaban en una jornada que muestra el odio y el asco a personas que trabajan en la Guardia Civil y a sus familiares. Ni un reproche. Ni un intento de que dejen atrás ese odio. El reproche, la llamada al arrepentimiento, se dirige a quienes denuncian ese entorno. En la serie y en la vida real. En eso consiste exactamente la ficción de ETB: una admonición dirigida a quienes se atreven a denunciar, a romper la ley del silencio.

Volvemos a la serie, aunque en realidad lo importante ya ha aparecido.

Vuelve a salir la pareja del del tobillo roto, siempre es lo más interesante. Habla con otro chaval que estuvo allí y lo vio todo, sus padres vinieron en la misma época desde Ecuador, le dice que se siente abandonada, que él vio las agresiones. «Había mucha gente a la que no conocía».
– Tú viste cómo nos agredieron.
– Esto se ha salido de madre, algunos llevan casi un año en la cárcel.
– Y yo llevo un año tomando pastillas para poder dormir.
No hay más, fin de la conversación. El amigo de la víctima llega hasta ahí, y sólo hasta ahí. La víctima, a partir de ahí, se queda sola.

No vimos la agresión, pero sí vemos a los padres de dos de los chavales con el chaval ecuatoriano, que estuvo allí. Le preguntan, antes de que comience su declaración. Ni Ekhi ni Jonmi participaron en lo-que-pasó. Ekhi estaba con él, habían ido a ver qué pasaba, y Jonmi llegó más tarde, ni siquiera estaba en el bar. No muestran la agresión, pero ya está el testigo para que lo veamos a través de él. No la agresión, pero sí quiénes no participaron en la no agresión.

EPISODIO 4

Preparando la abogada a Urko para el juicio.
– Te van a preguntar si sueles participar en el Ospa Eguna.
– Como la mitad del pueblo.

Pero Altsasu es un pueblo acogedor y todo eso, le hacen decir a la suegra de uno de los guardias civiles. Hay pintadas constantes, insultos y acoso a personas que trabajan en la Guardia Civil, pero el vasco es noble y el pueblo es acogedor. Si te olvidas de algunos detalles, claro.

Áitor, en la declaración:
– Si mi discusión con el teniente generó los hechos, lo lamento.

¿Qué hechos? Sólo hemos visto un guardia civil con un tobillo roto y apenas cuatro gritos en el bar.

Otra cosa llamativa. Durante el juicio dos dicen ser apolíticos, uno incluso dice que es bastante ignorante en política. «La mitad del pueblo participa en el Ospa Eguna».
En el fondo no mienten. No lo consideran política, sólo una expresión festiva. Y la presencia de guardias civiles en el pueblo es una anormalidad, un golpe a la convivencia.

Qué naturalmente nobles, generosos y felices seríamos los vascos si se fueran todos los que con su mera presencia nos impiden ser vascos, es decir, nobles, generosos y felices. Éste es el mensaje de fondo.

Éstos son algunos de los momentos de «Altsasu», la serie que emitió ETB1 en euskera y que el próximo lunes emitirá TV3. Es una serie que refleja muy bien el ambiente político y social de los pueblos que no han sabido o no han querido librarse del atavismo nacionalista. Es una serie que refleja muy bien hasta qué punto los nacionalistas convierten todas las herramientas de una democracia en herramientas contra los valores centrales de una democracia. La verdad, la justicia, la ley, el espacio público neutral, la tolerancia. Nada de eso tiene valor si permite la existencia del enemigo. Es el enemigo el que miente, el que es injusto, el que lo contamina todo y el que nos odia. La televisión pública vasca no refleja el odio que existe en su, en nuestra comunidad, odio del que es responsable en buena parte, sino que lo cubre con una toalla y presenta un despojo que a la vez encarna el odio imaginado y justifica el odio real, el que se intenta esconder. Su mensaje es que son «ellos» los que nos quieren echar, son «ellos» los que no quieren entendernos, son «ellos» los que no tienen sitio entre nosotros. Pero «ellos» somos también nosotros, aunque la televisión pública vasca, la segunda fuerza política del País Vasco y buena parte de los agentes culturales nos quieran hacer creer lo contrario. «Ellos» no son colonos, fascistas, franquistas, invasores, intolerantes, buitres, inadaptados, enemigos de la convivencia y la democracia; «ellos» somos nosotros. Los hijos de inmigrantes castellanos, los padres que vinieron aquí a vivir o a trabajar, los que hablan en la lengua que quieren y los que querrían que sus hijos pudieran aprender en la lengua que dominasen, los que compran El Mundo, El País o el ABC y lo llevan bajo el brazo, los que votan a partidos no nacionalistas y lo dicen. Los periodistas, policías, jueces, guardias civiles, militares, barrenderos, profesores, tenderos, taxistas, concejales; los de aquí de toda la vida, los de aquí desde hace poco tiempo y los que vendrán y se irán cuando quieran.
Estamos todos en el mismo saco, sí. Tenía razón «Bel Pozueta». Ya es hora de que empiecen a entender qué es lo que significa realmente. Las «Bel Pozueta» de ficción, la propia Bel Pozueta y su partido, la televisión pública vasca y todos los que se empeñan en que una parte de nosotros sigamos siendo «ellos».

«Altsasu», notas. (Episodio 2)

EPISODIO 2

Una frase que enlaza con aquella del primer episodio, en la segunda escena, cuando un guardia civil dice «Si no les gusta ser españoles, que se larguen».

– Por qué nosotros. Por qué somos nosotros los que tienen que irse.

Lo dice Urko, el que en el Ospa Eguna salía gritando “Alde hemendik”. Bueno, en realidad salía sólo bebiendo cerveza y silbando al coche de la Guardia Civil, porque sólo se le ve gritando a Aitor. Aitor parece que es el único que grita a la Guardia Civil -ni un insulto, salvo por el acontecimiento en el bar-, aunque fuera de plano, cuando vemos el jeep, se escuchan más voces entonando el «Alde hemendik». En la jornada no hay odio, ni siquiera humillación; sólo fiesta. Y Urko, a quien la serie ya situó inequívocamente fuera del incidente, aquí deja salir no el odio, sino la impotencia. «Por qué somos nosotros los que tienen que irse». La serie juega con la idea de que en realidad es la Guardia Civil la que está empeñada en echar de Alsasua a los vecinos de Alsasua. Es un relato «libremente inspirado» en un hecho real.

Hacia el 15:30 el director de la Guardia Civil habla con el director de un periódico.

– Qué, ¿cerrando la edición? No, por teléfono no, mejor quedamos para comer. Tranquilo, lo vas a poder sacar en portada. A cuatro columnas.

Será el de “Te debía una” del episodio anterior. Los buitres, V.

Raúl -el malo- habla con la mujer, que está incómoda en Alsasua.

– Si no hay Alsasua no hay playa.

La idea está clara, es una idea conocida para el espectador medio. Unos, las víctimas, los chavales del pueblo, tienen que irse de Alsasua porque los acosan. Otros, los guardias civiles, usan Alsasua para poder irse a donde realmente quieren. Pisan Alsasua durante unos meses, se podría decir libremente inspirados, y cuando ya han cumplido su misión la abandonan.

Un detalle menor, que al final son los que importan. Cuando Urko habla con su novia sobre irse de Alsasua lo hace entre besos y abrazos, puro amor. Son jóvenes, idealistas, inocentes y del pueblo. Raúl, el guardia civil, habla con violencia. No hacia su mujer, porque tal vez sería demasiado burdo, pero sí violencia en los gestos. Habla con odio desde la primera escena

18:05, abuelo de Urko.

– Vosotros no habéis hecho nada, Urko.

– Ni falta que hace. Tienen un altavoz enorme para contar lo que quieran.

Habría que preguntarse hoy, a punto de que se estrene la miniserie también en TV3, quién tiene el altavoz. Quién lo tuvo desde el primer momento.

Reunión de afectados. El radical, Aitor, el que provoca la “pelea” no vista:

– No estamos solos. El pueblo está con nosotros.

Y así es. El pueblo, Alsasua, está y estuvo mayoritariamente con ellos. Y el Pueblo, en general. ETB1 con esta miniserie se encarga de que siga siendo así, de que sea aún más fácil para ellos saber que están en el lado correcto del odio.

Esa reunión es la escena clave del episodio, probablemente. Han contratado a “Leire”, en el episodio anterior. Se intuía qué tipo de abogada era, y ahora se confirma.
Una madre, a otra, la más activa, probablemente Bel Pozueta, en la serie la madre de Urko:

– ¿Estamos seguros de que es una buena decisión? ¿Leire Oskia no es de la izquierda abertzale?

– Por eso, precisamente.

– ¿Precisamente? ¿No estamos autoinculpándonos al elegirla a ella?

– Pues a mí no me lo parece.

(… hablan ahora sobre la necesidad de aclarar quién no estuvo implicado).

– Pero Jon no participó.

(«Bel Pozueta», que en la realidad fue candidata y ahora es diputada en el Congreso por EH Bildu) – Bueno, eso a ellos les da igual, Izaskun. Es una lotería*. Y todos estamos en el mismo saco**. Y por eso es necesario ir todos a una y hablar con una sola voz. Sé que aquí estamos gente de ideología distintas***. Pero como no nos pongamos de acuerdo en unos mínimos lo tenemos claro.

*: Esto es lo que se decía siempre sobre los «presos», y lo que se sigue diciendo ahora: era una lotería. Le tocaba al que le tocaba, independientemente de que hubieran hecho algo o no. Aquí llevamos años conviviendo con gente -segunda fuerza política- que ha ido minando la confianza en el sistema judicial, en su totalidad. Que a un vasco lo metieran en la cárcel era una lotería. Un chaval que salía los sábados a tomar algo y a ligar y otro que salía a quemar cajeros, da lo mismo; «es una lotería».

**: Y si es una lotería, todos estamos en el mismo saco, claro. El que sale a ligar y el que quema un cajero. El que se queda estudiando y el que escribe una carta amenazante a un concejal. El que va a ver una película al cine y el que vuelca contenedores en el Casco Viejo. El que se pregunta cada día si será un buen padre, un buen hijo, una buena persona y el que espera ser algún día un héroe del pueblo como Etxebarrieta o García Gaztelu. Todos en el mismo saco. Todos los buenos vascos, claro. Los otros ya se sabe que son malos, cobardes o egoístas.

***: si es una lotería, es evidente que en el saco habrá gente de ideologías distintas. Y así es: hay nacionalistas de izquierdas, nacionalistas de izquierdas que aceptan conscientemente la violencia, nacionalistas conservadores, nacionalistas totalitarios y simples amantes de la cultura vasca, es decir, apolíticos. En eso consiste el pluralismo dentro del saco.

Seguimos.

Sale la suegra del guardia civil bueno, en el Hogar del jubilado. Quien le trae los tomates es el abuelo de Urko, el que no estaba allí, somos nosotros los que se tienen que ir, etc. El abuelo ya ha quedado acreditado como buena persona, porque es la segunda vez que le lleva tomates.

– Siento lo de tu hija. Nadie se merece que le peguen.

– ¿Los policías tampoco?

– Nadie.

Empieza el porno sentimental. El abuelo le pide lloroso que hable con su hija, que no son unos terroristas.

– El mal ya está hecho.

Eso es lo que responde la madre, también llorosa. Le invita al café. El sentimiento de culpa (de la madre de la «víctima») casi se puede saborear. Es la madre de la pareja del guardia civil que tiene un tobillo roto, de una hija que no puede dormir, y es ella la que se siente culpable.

Siguiente escena, uno de los acusados en clase de algún arte marcial. Es profesor. Ve que una niña, al fondo, está rara. No sigue la clase.

– ¿Qué te pasa?

– Estoy enfadada contigo. ¿Eres un terrorista?

Inspirada libremente etc.

La madre de Isabel, la del guardia civil bueno, el que se rompió un tobillo.

– Tienes que hacer algo, hija. Esto se está yendo de las manos.

– ¿Y qué quieres que haga?

– No lo sé, pero ése del que hablan no es nuestro pueblo.


La hija ni siquiera dice algo sobre lo que sufrieron, la agresión, los gritos, las amenazas, el desprecio. Como si los cuatro fueran parte de un gran engaño, como si la agresión eludida no hubiera sido una aportación de los creadores de la serie, sino precisamente lo que (no) pasó en realidad.
La madre, el personaje de la madre, insiste en esa idea esencialista del pueblo. No es posible el mal en Alsasua. No es posible el odio en el pueblo del Alde hemendik.

– Salir con un guardia no podía traer nada bueno.
Sigue la conversación. Gota a gota. La madre ya había avisado en el primer episodio: «Con la de chicos guapos que hay en el pueblo».

– Ayer hablaban de mí en el súper. “Una es de fuera, la putita del teniente es de aquí. ¿Llevar toda la vida en Altsasu para que es que ni siquiera sepan tu nombre?

Eso es lo relevante, al parecer. Que no se saben su nombre. Como si fuera una cuestión de memoria o de indiferencia, y no de odio.

Mientras madre e hija hablan, se oye un ruido. La máquina de bolas del bar está fuera, en el suelo, abierta, las bolas rodando. Se cayó sola, también. El viento. O el pueblo, que reacciona ante la injusticia. Tampoco lo sabemos. Pero los creadores deciden mostrarlo, para insistir en la imposibilidad de asignar agencia a los actos. Hay cosas que sí se asocian al actor -las mentiras del director de la guardia civil, el asentimiento del guardia civil en la mentira, el amor de la madre por el pueblo- y cosas que pasan.

– ¿Alsasua? Un poblacho de mala muerte. (El director de la Guardia Civil, en el coche, por teléfono. De él podemos ver, porque los creadores de la serie deciden mostrarlo, todo lo que piensa. Incluso una risa maléfica, de desprecio).

Al final del segundo episodio sí nos muestra la serie cómo sufren los chavales. Porque son unos críos, y lloran, en la cárcel se pasa mal. Un guardia civil aparece con un tobillo roto, no se ve nada más. Quién se lo rompe, si hay insultos, nada. Con los chavales hay música sentida y lágrimas, sueños rotos e impotencia, sufrimiento. Y, sobre todo, hay personas concretas que causan ese sufrimiento, de manera consciente.

«Altsasu», notas. (Episodio 1)

EPISODIO 1

Casi lo primero que se ve: buitres. Después uno de los familiares explicará la relevancia del plano. Y el espectador, incluso el no especialmente sagaz, sabrá quiénes son los buitres en la serie.

La segunda escena ya va al meollo. La primera ha servido para mostrar la metáfora. Los buitres. En la segunda vemos el contexto que envuelve al hecho central que, al contrario que la metáfora, no se mostrará. Un vehículo de la Guardia Civil para a un vecino de Alsasua, un joven. Se ha saltado un stop. Uno de los agentes, el sargento, deja salir su odio. En la miniserie sobre Alsasua el odio parte de los agentes de la Guardia Civil, a pesar de que son ellos quienes aguantan una jornada dedicada exclusivamente a insultarlos, a reírse de ellos y a pedir que se marchen del pueblo.

El sargento le pide el DNI. El vecino dice que ya es la tercera vez que lo paran esa semana.

– Nombre… Áitor.

La tilde es importante. El sargento dice “Áitor” en lugar de “Aitor”. Son incapaces de decirlo bien, por ignorancia o por maldad. De hecho, éste será el desencadenante de la escena omitida: la pelea deslizada, la agresión inexistente. Inexistente porque ya se ve lo buenos chavales que son, incluso la madre de una de las víctimas dice más adelante, antes del hecho, que “Altsasu es un pueblo maravilloso, muy acogedor”. ¿Cómo unos chavales del pueblo iban a ser capaces de cometer una agresión contra agentes de la Guardia Civil, a quienes dedican constantemente mensajes diciendo que se vayan, que no los quieren en el pueblo?

En esa segunda escena hay un salto interesante al final del numerito del DNI. El sargento llega a “País”. Le pide al joven que lo diga él. El otro agente, teniente, le dice que lo deje marchar.

–  “Que se jodan. Si no les gusta ser españoles, que se larguen”.

Esto ya en la segunda escena del primer episodio. Son los guardias civiles los que dicen “que se larguen”.

El padre de uno de los jóvenes explica lo de los buitres. Llevan un tiempo sobrevolando el pueblo. Mala señal; cuando no tienen nada que comer se acercan a ver si pillan algo. Esto se entenderá mejor hacia el final del episodio. Aunque se entiende desde el principio, son muchos años: los buitres son los medios, la policía y el propio Estado español, que buscan algo que llevarse a la boca. 

Aitor y otra joven del pueblo hablan amistosamente. De fondo, una mujer saluda a los guardias civiles, incluso se detiene a hablar con ellos. El joven -el de la multa de la segunda escena- pierde el hilo de la conversación; una vecina está hablando con dos agentes de la Guardia Civil, en la calle, de día. Debe de ser algo impactante para él. “¿Conoces a esa chica?”, pregunta a la otra chavala, que también será acusada de participar en el hecho envuelto en misterio. “No. Y nunca entenderé cómo a algunos les gustan tanto los uniformes”. La mujer resulta ser la novia de uno de los guardias civiles. Tenía en ese momento 19 años. Pero “los chavales de Alsasua” fueron siempre los otros. 

En otra escena, la chica le cuenta a su madre que se ha echado un novio en el pueblo. La madre, que no es del pueblo -es ecuatoriana- no está tranquila. Sabe lo que eso supone.

– Un guardia… con la de chicos guapos que hay en el pueblo. 

Los guardias civiles limpian la pintada de “Alde hemendik” que les han dejado, esta vez en lo que parece una pequeña iglesia. Me acuerdo de que aquí las policías locales y la Ertzaintza dicen que las pintadas dependen del equipo de limpieza de los ayuntamientos. En Alsasua directamente las limpian los agentes de la Guardia Civil.

La chica habla con su pareja, que es el guardia civil “bueno”. Hay que empatizar con ellos también, pero sin pasarse.

– Estoy harto ya. Yo sólo quiero ayudar. Cómo hacer entender a esta gente que
– A ver, a ver. No paras de quejarte porque dices que no te entienden. Pero es que tú tampoco haces nada por entenderlos.
– ¿Cómo?
– Pues que la mayoría de esta gente no se siente española, Carlos. Y vosotros no hacéis más que recordárselo. Es que si te dieras cuenta de lo que eso significa para ellos, quizás todo sería más fácil, ¿no?

La premisa y excusa de la serie -y del proceso en la vida real- es que no había odio. Los guardias civiles hacían vida normal sin ningún problema. Aun así, la novia de uno de ellos le explica el contexto, que parece difícilmente compatible con la normalidad. Y con la permanencia de los agentes en el pueblo, porque claro, su presencia les incomoda en lo más profundo de su identidad.

Se ve el Ospa eguna. Ambiente festivo, claro. Dónde está el odio, que yo lo vea. Apenas un “Alde hemendik” suave suavecito.

22:17, de momento el diálogo más importante. Escena anterior, Ospa eguna, se para el coche en el frontón, “Alde hemendik”, ningún insulto. Los dos guardias civiles lo dejan pasar, hablan después con unas cervezas.

El “malo”: De verdad que no entiendo cómo no hemos hecho nada.

El “bueno”: Aún tienes que conocer esto, Raúl. No es tan simple. El año pasado intervinimos para llevarnos las carrozas y al final tuvimos que cargar.

– ¿Y? ¿Por qué no lo hemos vuelto a hacer este año? Carlos, que se estaban riendo de nosotros en nuestra cara.
– A ver, Raúl, se trata de mantener un equilibrio, una convivencia (!). Pero aquí es muy frágil.

La convivencia se mantiene si a los del “Largaos de aquí” se les deja hacer. Si los guardias civiles pasan de puntillas. Resulta familiar.

Escena siguiente: el “malo” arranca carteles de Ospa, solo, de noche. Le puede -a él sí- el odio.

Otra mujer, otro guardia civil, escena doméstica. Esta vez  es el guardia civil “malo”.

– ¿Aquí es donde quieres ser padre, Raúl? Estoy un poquito hartita de estos cuarteles.
– Por eso estamos aquí, aquí las cosas van rápido. Tres añitos en Alsasua y podremos elegir el destino que tú quieras.

Les ha invitado el teniente a cenar al bar de su suegra (la otra pareja, “el bueno”).

– ¿Y es seguro que salgamos por aquí, de noche?
– Sí.

Curiosamente el guardia civil “malo” es el nuevo. El doblemente forastero, el doblemente no integrado.

La cena. La madre de la novia del teniente, inmigrante:

Altsasu es un pueblo maravilloso. Muy acogedor. El vasco es noble. Al principio les cuesta, eh. Pero después son amigos tuyos para toda la vida. Para que os hagáis una idea, cuando te conocen te dicen “urte askotarako”, que quiere decir para muchos años.
La miniserie, explica la web de ETB, está libremente inspirada en un hecho real. También se podría decir que está realmente inspirada porque el hecho es libre. 

Después de la cena proponen ir a tomar una copa. La mujer del “malo” tiene miedo. El “bueno” dice que lleva un año ahí y nunca ha tenido ningún problema.

En cuanto llegan al Koxka le cae un hielo al “malo”. Nadie lo ha tirado. Lo deja pasar.

Llega el chaval conflictivo. El de la multa, “Áitor”.

– Con ese tipo de gente mañana vas a tener que desinfectar el bar, ¿eh?

Se lo dice al dueño del bar, que está tras la barra. (Reminder: “Aquí la convivencia es muy frágil”).

– Tengamos paz, eh. (El dueño).

– ¿Qué se piensan esos hijos de puta? (El radical, “Áitor”, a otro cliente que estaba en el bar, refiriéndose a los guardias civiles. Ese cliente también resultará condenado por participar en la agresión lo que quiera que pasara).

– Ese de ahí me ha puesto tres multas (insiste).

– Mejor nos marchamos (el “bueno”).

– ¿Tienes algún problema? (el “malo”, dirigiéndose a Aitor)
– ¿Qué dices? Que no te oigo, ¿que dices? (Aitor al “malo”, mientras se acerca).

– Mucha cara tenéis vosotros, os pasáis la semana crujiéndonos a multas y qué venís aquí, ¿a reíros de nosotros?

Ya está establecida la causa de fondo, el motivo de la pelea de bar, de la agresión eludida: un supuesto exceso de celo en las multas de tráfico.

Interviene el guardia civil “bueno”: “Áitor, por favor, mantengamos la calma”.

– ¿Qué has dicho?
– Márchate, hazme el favor.
– ¿”Áitor”? “Áitor” tu puta madre, subnormal.

Multas y una persistente incapacidad de decir el “shibolet” local, el motivo real de la no-agresión. También el alcohol, claro. Lo del Ospa, “largaos de aquí”, los insultos que tampoco aparecen, todo eso en realidad va por otra parte, no influyó en lo que pasó, pasó. Es una corriente subterránea del pueblo, una costumbre local sin efectos reales. Un odio latente pero también festivo.

Y llegamos a la no-escena.

Aparece otro chaval, se acerca al guardia civil “malo”. Cualquiera diría que los están rodeando -a dos guardias civiles y a sus parejas, cuatro en total-; cualquiera lo diría, menos los creadores de la serie, porque en la serie no hay nada de eso. La camarera avisa al dueño, que está en el almacén: “Beñat, kanpoan” (“en la calle”, “fuera”). En la calle, porque dentro del bar no ha pasado nada. Y en la calle en realidad tampoco, a ojos de los creadores. Lo siguiente que vemos es al dueño, que no ha visto nada. Lo vemos en la calle, donde el “bueno” tiene la pierna mal. El dueño pide a los espectadores que llamen a una ambulancia, que traigan hielo. Los espectadores permanecen impasibles. No va con ellos.

Se llevan detenido a Aitor. ¡Si no ha hecho nada! Y claro, algunos jóvenes pierden la calma. Tampoco nada serio. Nada de las amenazas que se recogen durante el juicio. Los actores intentan poner voz de achispamiento, pero incluso bajo los efectos del alcohol se comportan como testigos profesionales, casi peritos: por qué os lo lleváis, ése de ahí (el guardia civil “malo”) se ha metido en una pelea, por qué no lo detenéis.

La madre de uno de los chavales, Urko, el otro protagonista, le dice si sabe algo. Urko está en casa, en la cama, y no sabe nada porque se había ido antes del no-hecho, como dijo la defensa y como la serie decide mostrar (esto sí; esto no se deja a la interpretación del espectador). “Por lo que dice la tele es el jefe de un  comando. No sé, palizas, una emboscada”.

Los buitres, II.

El “bueno” (el informe ante su superior, en la cama del hospital):

– Se estaban desafiando el uno al otro y la cosa se iba calentando. Me metí a calmar el ambiente y llamé al Áitor (á) por su nombre pensando que eso lo tranquilizaría. Ahí empezó a desmadrarse todo.
– ¿Temiste por tu vida?
– No (con la cabeza).
– Temiste por tu vida.
– (Asiente).
Buitres, III.

Interrogatorio del director de la Guardia Civil a “Áitor”. El chaval sigue con lo de las multas. Al final no era odio, hostilidad omnipresente cultivada desde la infancia; al final era por las multas.

Escena final, el director de la Guardia Civil, al que se le ha visto mentir (en esto no hay posibilidad de error, interpretación, versiones opuestas: la verdad, aquí única, es que miente, manipula, inventa).

– Oye, ¿te acuerdas de que te debía una? Pues tengo un regalo para ti, con lazo y todo.

Los creadores podrían haber vuelto a meter la primera escena (IV), pero no hace falta. Está todo claro.