Genocidio ya no significa nada

Holocaustdeathtoll

Mapa del Holocausto judío en Europa, 1939-1945. Muestra el porcentaje de muertos judíos de cada país al terminar la Segunda Guerra Mundial en relación a la población existente al inicio de las hostilidades.

 

Escribía recientemente José Sánchez Tortosa sobre la victoria póstuma del nazismo. Esto es, sobre la equiparación entre Israel y el Tercer Reich. Se trata de una victoria de esas que tanto gustan a cierta izquierda: virtual, anacrónica, meramente sentimentalista (me refiero a la victoria, no a la izquierda). Victorias que se producen cuando el enemigo -o el extraño amigo, en este caso- lleva ya muchos años formalmente enterrado. Pero si bien es hasta cierto punto comprensible que algunos quieran ganar en el S. XXI la Guerra Civil, la complicidad de la que muchos hacen gala a la hora de justificar o reivindicar el nazismo, aunque sea por vía indirecta, es algo más difícil de explicar.

Igualmente, será muy difícil explicar dentro de unos años qué es un genocidio, gracias a la ligereza con la que se usa el término hoy en día. Una de las justificaciones para equiparar a Israel con la Alemania nazi es la reiterada acusación de que está cometiendo un genocidio con los palestinos, acusación difundida no sólo por activistas corrientes sino especialmente por periodistas, académicos o escritores a lo largo de todo el mundo. Personas que, tal vez, deberían ser más prudentes a la hora de manejar las palabras. Es verdad que el concepto se presta a cierta confusión, debido a las posibles interpretaciones de su definición más aceptada. Ese ‘Se entenderá por “genocidio” cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal’ suele estirarse hasta niveles absurdos, con tal de que nos sirva para calificar aquello que nos interesa. Para empezar, hablar de ‘destruir total o parcialmente’ no ayuda. La Shoá, el genocidio de los judíos perpetrado por los nazis, fue un objetivo en sí mismo, la eliminación total de los judíos mediante la Solución Final. Antes de eso se había producido la deshumanización del judío. El exterminio no era parte de una intervención militar, ni siquiera tenía como objetivo causar terror o mostrar al mundo de qué eran capaces, sino que se trataba de un objetivo en sí mismo. Y aquí reside una de las claves, en el como tal que se menciona en la definición previa. Un genocidio no consiste en matar mucho. No consiste en usar armas de destrucción masiva, ni en llevar a cabo una acción militar desproporcionada, signifique esto lo que signifique. Un genocidio es algo más profundo, y debería ser tratado con la seriedad que merece.

Teniendo en cuenta la prostitución a la que ha sido sometida la palabra, no extraña demasiado encontrar, en la lista de genocidios de la página española de Wikipedia, episodios como la Masacre de Badajoz –las cifras oscilan entre las 4.000, 1.800 o incluso 200 víctimas- o los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en la II Guerra Mundial. No parece que ninguno de esos dos casos sean ejemplos válidos de genocidio, pero ahí están. Tomemos ahora las cifras de otro de los genocidios que aparecen en la lista, el perpetrado por los Jemeres Rojos en Camboya. Se calcula que la cuarta parte –la tercera, según otros estudios- de la población camboyana fue eliminada durante los cuatro años en los que Pol Pot estuvo en el poder. Cuatro años, y entre dos y tres millones de muertos de los poco más de siete millones de habitantes que había antes de la llegada de los Jemeres Rojos. Vayamos a las cifras del Holocausto: seis millones de judíos asesinados. Por el hecho de ser judíos, que es lo que define el término, más allá de los números. (Números: en torno al 90% de los judíos que vivían en la Gran Alemania, y dos tercios de los judíos que residían en Europa, fueron asesinados)

¿Y qué es lo que ocurre en Palestina? Lo primero, que no ocurre en Palestina, sino en las zonas de Palestina desde las que se ataca a los ciudadanos de Israel. Gaza, en estos momentos. Lo segundo, que se trata de operaciones militares en respuesta a esos ataques. Ahora es Hamas, ayudado por otros grupos terroristas y algunos patrocinadores lejanos. (Otro factor que no se suele mencionar: Hamas no es ya un grupo terrorista que actúa en nombre de los palestinos, lo quieran o no; es la autoridad elegida por los palestinos en Gaza) En ningún momento ha consistido en el intento de exterminio total de un grupo, algo para lo que dispondrían de una sobrada capacidad técnica. El grupo de los árabes que viven en Israel representa en torno al 20% de la población. Pero el dato más relevante es el siguiente: la población de árabes en Israel está creciendo a un ritmo bastante mayor que la de los judíos. Aún más: la población palestina creció un 30% en la década que va desde 1997 hasta 2007, y la tasa de crecimiento se mantiene en torno al 3%. Pero decíamos que no es lo mismo Gaza que Palestina, y es sólo en Gaza donde se estaría perpetrando el genocidio. Cabría esperar por tanto una disminución considerable en su población. Pues bien, no sólo no está disminuyendo, sino que tiene una de las tasas de natalidad más altas del mundo, un altísimo porcentaje de población joven, y una tasa de crecimiento mayor que la media de Palestina. Y según todas las proyecciones, esta tendencia permanecerá o incluso se incrementará en el futuro.

En resumen, jamás ha habido un intento de cometer genocidio por parte de Israel. Sería un genocidio negativo, si nos fijamos en los datos. Es decir, un concepto sin sentido. El único genocidio que podríamos haber visto en la zona se habría producido, probablemente, en el momento en que Israel hubiera perdido alguna de las muchas guerras a las que se ha tenido que enfrentar desde el mismo día en que se constituyó como Estado.

No es obligatorio estudiar la realidad. Tampoco lo es valorarla si se desconoce. Pero esto es mucho más fácil, más gratuito, más rentable social y psicológicamente. Por ello, muchos se entregan a ese ejercicio de superioridad moral que la ignorancia, la ceguera y los prejuicios proporcionan.’ Con estas palabras terminaba el artículo de Sánchez Tortosa que mencionaba al principio. No es obligatorio estudiar la realidad, ciertamente. Tampoco hablar con propiedad, respetando el significado de los conceptos. Pero es aconsejable si se quiere mantener la posibilidad de elaborar un discurso racional, más allá de los rentables ejercicios públicos de indignación selectiva.

 

A continuación algunas de las fuentes que he utilizado, muchas de ellas nada sospechosas de tratar con benevolencia a Israel. Lo que nos lleva a otra cuestión digna de estudio: en las mismas fuentes encontramos la acusación de genocidio y los datos que hacen imposible hablar de genocidio. Ceguera, tal vez. Pero voluntaria.

La bomba de relojería palestina, en Público.

La explosión demográfica del pueblo palestino, en El País.

Crece un 30% la población palestina en la última década, en palestinalibre.org

Demografía en Gaza: ¿arma o estrategia de supervivencia? en soitu.es

Crecimiento demográfico palestino: el principal problema de Israel

Demography of the Palestinian population with special emphasis on the occupied territories

Israel’s Demographic Challenge

Demographics of the Palestinian territories, en Wikipedia

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