La noticia es sagrada

Un joven -podría ser una joven, y hay que decirlo, pero en esta breve ficción pondremos que es un joven- termina sus estudios de Bachillerato. Seguramente con mérito. Y decide embarcarse en la carrera del periodismo. Es una carrera larga, llena de aprendizajes y de dificultades. Una aventura. Y cuando esa aventura termina comienza la otra, la de verdad. La aventura del periodismo.

El joven ya es periodista. Se va abriendo hueco y pasa por varias redacciones. Conoce los sinsabores de la profesión. Tal vez, quién sabe, le asaltan las dudas. Pero puede que recuerde las grandes historias, las que dejan huella. Recuerda haber visto la indiferencia en una playa de Tarifa. Recuerda la aventura, literal, sin metáforas, dolorosamente humana, del padre que decidió hacer lo imposible para salvar la vida de su hija. Recuerda tantos otros casos en los que el periodismo se convirtió en Periodismo. Y sigue, porque la tarea lo merece, y él tiene que estar a la altura. Recuerda los mandamientos, como si hiciera falta. Como si la universidad no inoculase el suero de la verdad a todos y cada uno de ellos. Sigue abriéndose hueco, hasta que por fin se establece.

Y hace el periodismo. No sólo lo hace, sino que lo defiende. Porque los bárbaros siempre están a las puertas, y los diques contra la falsedad necesitan mantenimiento constante. El periodista sabe que tiene que arrimar el hombro, porque detrás de él están las personas, y porque sólo hace falta que las sombras venzan una vez para que se extinga la luz.
Sabe que esto no es sólo una cuestión de hechos, y que la objetividad es sólo la excusa de los cobardes. Sabe que la noticia es sagrada, sabe cuál es el templo, y quiénes son los sacerdotes.

Por eso el periodista no duda en tomar el arma cuando hay que defender el templo. No cualquier arma: la inteligencia, en forma de palabra. Él solo se lanza hacia las líneas enemigas, sin esperar a nadie, pero sabiendo que a su lado están otros como él. Y rompe el asedio, y hace retroceder a los bárbaros. Ha pasado antes y volverá a pasar, no es tan ingenuo como para pensar que la victoria es posible. Pero la noticia es sagrada, y no puede ser dejada a los buitres. No hoy, al menos.

La noticia es sagrada. No hay más verdad que ésta, y él lo sabe. No deben tocar la noticia, porque no saben cómo funciona. Cómo iban a saberlo ellos, los que no estaban allí el día que cayó del cielo.

El combate es duro, pero recuerda las grandes historias. Recuerda los mandamientos. Y sigue.