Con mano izquierda

Leo hoy que cuatro personalidades políticas del País Vasco han escrito un manifiesto en torno al futuro de la izquierda vasca. El manifiesto, o la carta, se ha publicado en Gara. Y el lugar en el que debe aglutinarse la izquierda vasca, según estas cuatro personalidades, es EH Bildu.

Las cuatro personalidades son las siguientes:

Gemma Zabaleta, exconsejera (Empleo y Asuntos Sociales) socialista en el Gobierno de Patxi López. Gobierno que fue posible gracias al apoyo del PP vasco, habría que recordar.

Javier Madrazo, también exconsejero (Vivienda y Asuntos Sociales) del Gobierno vasco, pero no el de López sino el de Ibarretxe. Fue coordinador general de Ezker Batua-Berdeak, la Izquierda Unida con hecho diferencial, hasta que los hechos diferenciales de dos corrientes internas hicieron que la agrupación de corrientes y escisiones varias se escindiera en dos nuevas corrientes, dando lugar a Ezker Anitza, hoy integrada en Elkarrekin Podemos, y a Ezkerra Berdeak. 

Daniel Arranz, que fue gobernador de Vizcaya durante la última legislatura de Felipe González.

Y Manuel Díaz de Rábago, que fue presidente de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. En 2010 el blog del periodista Javier Ortiz recogía unas palabras que el juez pronunció en una entrevista publicada en una revista jurídica, Res Publica. Las palabras eran éstas, la negrita es mía.

P.- ¿Qué opina sobre el caso Egunkaria?

R.- Voy a responder a la gallega: ETA y el modo en que el Estado le da respuesta provocan en mí, en estos últimos años, cierta incertidumbre sobre qué puede sucederme primero: que ETA me asesine o que el Estado me acuse de formar parte de sus estructuras. Revela, a mi juicio, el desvarío de ambos en el logro de sus objetivos, bajo la perversa regla de que “todo vale”.

Ésos son los cuatro autores de la carta publicada en Gara.

En la carta hablan de una anomalía democrática que padecemos en el País Vasco, relacionada con EH Bildu. De manera nada sorprendente, con la anomalía no se refieren precisamente a EH Bildu, sino al hecho de que toda la izquierda vasca no esté unida en torno a EH Bildu para ofrecer “las respuestas que necesita la Euskadi del futuro”. 

Los autores de la carta dicen compartir varios puntos de vista. Algunos de ellos son éstos:

“hay que recuperar la pedagogía en la política, (…), el respeto, la idea de que los proyectos políticos que se defienden no son contra los demás sino a favor de las personas que conforman nuestra sociedad o la recuperación de los espacios perdidos en una democracia menguante”.

Y por eso piden que la izquierda vasca se reagrupe en torno a EH Bildu.
Pero EH Bildu es la coalición que integra a Sortu, el partido que en definitiva marca el ritmo de la coalición. Y Sortu es el partido que hace menos de un año, en abril de 2019, llamaba a “plantar cara” a Abascal, Rivera y Casado, cuando participaron en diversos actos de sus partidos en el País Vasco, en el marco de las elecciones generales de abril. “No son bienvenidos”, añadía Sortu en un tuit.

 

Sortu es también el partido que animaba a participar en las Brigadas de Desinfección Antifascista cuando esos partidos se atrevían a pisar suelo vasco. 

 

Y EH Bildu, directamente, es la coalición que en septiembre del año pasado, pensando en las generales de noviembre, registró una proposición en el Parlamento vasco para que esta cámara invitase a “los partidos políticos que apenas tienen apoyo social, político e institucional en Euskal Herria que no utilicen durante la campaña electoral el territorio vasco con el objetivo de obtener votos fuera de aquí”.
En realidad, como se puede ver en la imagen que compartió en su día Borja Sémper, EH Bildu no pretendía que el Parlamento vasco “invitase” a esos partidos a no tocar suelo vasco, sino que se lo exigiera. “Invite” fue la palabra que Pedro Gorospe decidió usar en su crónica en El País para referirse a la propuesta de EH Bildu.

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Que los proyectos políticos que se defiendan no sean contra los demás y recuperar los espacios perdidos en una democracia menguante, decían los autores en la carta. Y en lugar de pedir que la izquierda vasca denuncie a quienes siempre han defendido su proyecto político contra los demás, con pistolas o con amenazas y acoso, a quienes han intentado eliminar el espacio político de quienes se oponían a su proyecto, y a quienes se han especializado en menguar la democracia en el País Vasco, en lugar de eso, piden que la izquierda vasca se reagrupe en torno a ellos, en torno a EH Bildu.

La carta sigue. Dice esto:

“Apostamos por una izquierda vasca, (…), que tenga voluntad de crear alianzas estratégicas de pensamiento y acción con todos aquellos partidos, organizaciones y personas que se reconozcan de izquierdas y por tanto que luchan por cambiar tantas injusticias como hay. Que genere confianza y practique el diálogo frente al insulto, la humildad frente a la prepotencia”.

Aparco lo de las personas de izquierdas que, por tanto, luchan por cambiar las injusticias en el País Vasco, que daría para una entrada algo más larga, y me quedo en lo del diálogo frente al insulto. Me acuerdo de Mari Carmen Sánchez Sequeros, la única concejal del PP en Galdácano durante la anterior legislatura. Y de las palabras con las que un grupo de encapuchados la recibió antes de entrar a un pleno en el ayuntamiento. “Asesina” e “Hija de Franco”. Esta acción se produjo después de que EH Bildu lanzase una moción de apoyo a un joven del pueblo que sufrió un accidente cuando iba a visitar a un preso de ETA. En respuesta a la moción, la edil del PP afirmó, negando palabras recogidas en la moción, que no se trataba de un preso político. Esto hizo que una parte de los asistentes se pusiera de pie, y que uno de ellos la llamase “asesina”, “fascista” y “cerda”, a lo que añadió “Mírame a la cara y quédate con mi cara”.

Me acuerdo de que en 2018, en Vitoria, una multitud de personas con ikurriñas y arrano beltzas se dedicó a gritar “Españoles, hijos de puta” a una persona que había decidido colgar la bandera de España en su balcón para celebrar el Día de la Hispanidad.
Y me acuerdo también de que “Españoles, hijos de puta” fue uno de los gritos con los que la izquierda abertzale recibió a los asistentes a los actos de Ciudadanos en Rentería y Alsasua.

 

Pero de esto no se acuerdan los cuatro autores de la carta que se publicó ayer en Gara. O sí. Normalmente conocen todas estas cosas, pero deciden no tenerlas en cuenta. Y así, piden que la izquierda justa y luminosa, la izquierda vasca, que practica el diálogo frente al insulto, se reagrupe en torno a los que llaman “cerda” a una concejal del PP y en torno a los que gritan “Españoles, hijos de puta” a los españoles que viven en el País Vasco o que visitan determinados lugares del País Vasco y Navarra.

La carta sigue. Los autores quieren “no olvidar el pasado para aprender de él”. Y piden que la izquierda vasca, la que lucha contra las injusticias, se reagrupe en torno a gente como Bea Ilardia, concejal de EH Bildu en Galdácano -junto a Mari Carmen Sánchez Sequeros- que publicó un tuit de bienvenida al etarra Tomi Madina cuando salió de la cárcel, y que en el mismo tuit quería recordar también a los otros etarras del pueblo que aún seguían en la cárcel, como Txapote o Bienzobas.

 

Los autores de la carta quieren que la izquierda vasca se sume a un proyecto ambicioso y de futuro, que supere la “anomalía democrática” que vivimos aquí, y quieren que ese proyecto lo lidere EH Bildu, coalición cuyos dirigentes realizan homenajes sistemáticamente a miembros de ETA, como cuando Sortu decide decorar el pueblo de Galdácano con imágenes de Kepa del Hoyo o “Thierry”, o como cuando los vecinos de Miravalles deciden decorar sus calles con fotos de Josu Ternera para recibir a los asistentes a un acto de Ciudadanos.

 

Esto es lo que quiere gente como Gemma Zabaleta y Javier Madrazo, la unión de facto de toda la izquierda vasca para corregir la anomalía democrática del País Vasco, que no sería EH Bildu sino los partidos que están en las antípodas, en fines y medios, de EH Bildu.


Es sin duda un proyecto ambicioso. Pero si redujeran un poco su ambición y sus prisas se conformarían, por el momento, con la cesión sistemática de la izquierda vasca a todos los postulados y proyectos del nacionalismo vasco, que es lo que han venido haciendo los otros actores de nuestra particular anomalía: el PSE y Podemos. Si tuvieran más mano izquierda, que es la expresión que usan para terminar su carta, Gemma Zabaleta, Javier Madrazo y los otros dos autores tendrían libre la otra mano para brindar en Nochebuena con el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, como ya hicieron los líderes del PSE y de Podemos Euskadi.

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El cambio

Ayer mientras volvía a casa me encontré con esta foto. La foto está colocada en la entrada de la Herriko Taberna de Galdácano. La barra del bar está a la derecha, una vez cruzas la entrada. De la pared cuelgan unas placas con los nombres de todos los etarras del pueblo que aún están en la cárcel. Cuando un etarra sale, la placa se retira y se celebra. En ocasiones algún concejal de EH Bildu comparte la celebración en redes sociales.

Bajo la foto hay un cartel que pide la libertad para todos los presos de ETA en general y para Jon Bienzobas, Karaka, en particular. He visto varios de esos carteles hoy por el pueblo, con la cara y la información escogida de Bienzobas, y también carteles que hacen lo propio con Iñaki Krutxaga Elezkano, otro de los etarras del pueblo. Bienzobas fue el responsable del asesinato de, entre otros, Tomás y Valiente. Krutxaga, por su parte, fue el responsable del asesinato de, entre otros, Ernest Lluch.
Probablemente esos carteles no suponen apología del terrorismo. Sólo exponen las dificultades que tienen “ama y aita” para visitar a sus hijos presos y piden que se los libere, a ellos y a todos los demás. Así que los carteles permanecerán en las calles de Galdácano hasta que quienes los han colocado decidan cambiarlos por otros. Si no se retiran los carteles de enaltecimiento, no se van a retirar éstos. Ahora bien, se podría hacer algo interesante. Se podría colocar, al lado de cada uno de los carteles de “Free them all”, un cartel con información sobre los hijosdeama (y de aita). Incluso podría ponerse nombre a la campaña, “Know them all”. Podría hacerse, si hubiera alguien con los medios y la voluntad para hacerlo. Algo como uno de esos partidos que llaman “constitucionalistas”. Volveré sobre esto más tarde.


Sobre la foto hay otra foto. Esa foto es un homenaje a Francisco Javier López Peña, o Xabier López Peña, el etarra Thierry. “AGUR ETA OHORE”. Probablemente la foto lleva ahí mucho tiempo, aunque no tanto como la lápida del etarra en el cementerio del pueblo. La lápida está colocada a escasos pasos de la de Eloy García Cambra. La del primero, jefe de ETA, recibe cuidados periódicos. De la del segundo, policía municipal asesinado por ETA en 1972, han desaparecido varias letras. La metáfora aparece aunque intentemos evitarlo; no creo que queden muchas personas que sepan quién fue.

La foto a la que me refería al principio muestra a dos etarras anónimos, de espaldas, y el hacha y la serpiente. Sobre ellos, “Eskerrik asko ETA”. Bajo ellos, “Garaipenera arte”. “Gracias, ETA” y “Hasta la victoria”. No es la primera vez que veo la foto en el pueblo. En un par de ocasiones en las que las circunstancias lo permitían las despegué, las dos veces cerca de la calle principal. En esta ocasión lo prudente es registrarlo. Al hacerlo me doy cuenta de que en Galdácano se ha producido un cambio importante, y también me doy cuenta de las consecuencias prácticas de ese cambio.

Durante los últimos cuatro años hubo un concejal del PP en Galdácano, Mari Carmen Sánchez Sequeros. No era vecina del pueblo, así que era complicado que pudiera estar al día de todas y cada una de las acciones de propaganda del entorno de ETA. Hace un par de años, no recuerdo cómo, la localicé en Twitter. O alguien nos puso en contacto. Y cada vez que se producía un homenaje, una ocupación del espacio público o una pegada de fotos de los etarras del pueblo, se lo hacía llegar. Siempre lo agradeció y siempre intentó que se tomaran medidas. Nunca consiguió que el Ayuntamiento hiciera nada, pero al menos iba a los plenos a pedir explicaciones al equipo de Gobierno, formado por el PNV y por el PSE. Cuando en Nochebuena colocaban en la calle una mesa a la que sentaban a los etarras del pueblo, el Ayuntamiento, gobernado por PNV y PSOE, no hacía nada. La mesa con las fotos permanecía allí todo el día. Cuando decoraban el pueblo con las fotos de etarras como Txapote y Bienzobas tampoco hacían nada. Sánchez Sequeros, la concejal del PP, llamaba al responsable del equipo de Gobierno y después llevaba la cuestión a los plenos. No podía hacer nada más, pero siempre hizo todo lo que podía hacer.

Antes que ella fue concejal Ricardo Gutiérrez Solana, también en el PP. Gutiérrez Solana era una persona conocida en el pueblo, él sí vivía aquí. Y tuvo que dejar de vivir aquí cuando, después de una campaña continuada de amenazas cada vez más serias, los vecinos de su portal recibieron una carta en la que les invitaban a echar del vecindario a “esta persona de actitudes hitlerianas”. La carta la elaboró Jon Crespo Ortega -otro de los etarras encarcelados que suelen aparecer en las paredes del pueblo- en una lonja y en un ordenador propiedad de Herri Batasuna, que era como EH Bildu/Sortu se llamaba entonces.

A Mari Carmen Sánchez Sequeros nunca le enviaron una carta así. Sólo la llamaron “fascista”, “asesina” y “cerda” en el pleno celebrado pocos días después del fallecimiento en prisión del etarra Kepa del Hoyo, que además de asesinar a dos policías fue concejal en Galdácano. De ahí que desde el Ayuntamiento se publicase un comunicado oficial en el que EH Bildu, Podemos, una plataforma vecinal y el PNV mostraban sus condolencias a la familia y amigos del etarra fallecido y criticaban la política de dispersión. Además de los insultos, el vecino, David Ríos García, también le gritó a la concejal popular lo siguiente: “mírame y quédate con mi cara”. Por ello fue condenado a pagar 360 euros por un delito leve de amenazas. Ese mismo año, pocos meses después, una comitiva de encapuchados esperaba a Sánchez Sequeros a la puerta del Ayuntamiento, antes de la celebración de un pleno. En esa ocasión la llamaron, en la calle, “fascista” e “hija de Franco”.


El domingo Mari Carmen Sánchez Sequeros no consiguió los votos suficientes para volver a ser concejal en Galdácano. En 2015 el PP obtuvo 745 votos, y el domingo sólo 585. Mientras tanto, EH Bildu pasó de los 2662 de 2015 a los 3597 del domingo. Estos votos hicieron que pasaran de cuatro concejales a seis, empatando con el PNV. Probablemente EH Bildu gobernará Galdácano por primera vez, lo que supondrá un cambio importante.
Pero el cambio realmente importante es que ya no quedará nadie en el Ayuntamiento para recibir los insultos cuando denuncie lo realmente indecente. Imagino que es difícil convencer a los vecinos para que te den sus votos cuando no vives junto a esos vecinos, e imagino que a los partidos como el PP no les resultará fácil conseguir candidatos que vivan en pueblos como Galdácano con vecinos como David Ríos García.
Supongo que los analistas más preparados habrán estado lanzando desde el domingo las profundas reflexiones con las que intentan explicar la política: “Qué está haciendo mal el PP en el País Vasco”, “No consiguen conectar con la realidad social del País Vasco”.
El PSOE seguirá con dos concejales, pero también ellos han obtenido más votos. Ellos sí consiguen conectar con la realidad social. Ellos sí van por el buen camino.

El Gobierno, la tortura y la prensa

Afirma hoy El Mundo en un titular que El Gobierno da al PNV la comisión sobre abusos policiales en el País Vasco. Esa comisión nace de la ley de abusos policiales que el Parlamento vasco aprobó en julio de 2016. El objetivo de la comisión es analizar las peticiones de aquellas personas que denuncien haber sido víctimas de abusos policiales en el País Vasco entre 1978 y 1999. Los expertos de la comisión valorarán las denuncias y podrán otorgar la condición de víctima a cualquier denunciante cuyo relato sea considerado veraz, y por lo tanto podrá después acceder a las reparaciones oportunas.
Para que esta comisión otorgue a alguien la condición de víctima de abusos policiales no serán necesarios ni informes policiales ni sentencias condenatorias.

Después de leer la noticia me he acordado del tratamiento que recibió el informe del Gobierno vasco publicado en diciembre de 2017 sobre tortura y malos tratos en el País Vasco entre 1960 y 2014.
Dejo aquí cuatro ejemplos: EITB, Deia, la SER y El Español.

 

Esos cuatro medios afirmaban que el Gobierno vasco constataba/censaba/documentaba/acreditaba más de 4.000 casos de tortura en el País Vasco entre 1960 y 2014.
Lo afirmaban en el titular. En las profundidades de la noticia tenían que constatar/censar/documentar/acreditar, ahora sí, sus mentiras. Porque en las profundidades de la noticia esos más de 4.000 casos de tortura pasaban a ser 4.000 denuncias de tortura. Con todo lo que ello implica.

 

Implica, para empezar, que buena parte de la prensa mintió sobre el informe. Y mintió de la peor manera posible: a plena luz del día, con testigos, porque sabían que no importaba.
Habría 4.113 casos de tortura constatados en el País Vasco porque ellos, con su empeño o su incompetencia, habían decidido que fuera así.

Habría 4.113 casos de tortura a pesar de que las noticias que lo afirmaban lo negasen, y a pesar de que el propio informe no hablaba de 4.113 casos constatados de torturas y malos tratos, sino de 4.113 casos denunciados de torturas y malos tratos.

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En el informe queda claro que hay 20 sentencias condenatorias por torturas durante esos años.

 

El salto de esos 20 casos constatados a los 4.113 se da mediante un análisis de la fiabilidad de las denuncias.

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Se tomaron 202 denuncias y se analizó la credibilidad de los relatos de los denunciantes.

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193 personas hicieron un relato sustancialmente veraz de su experiencia de tortura, según los expertos.
Pero hoy no hablamos de 193 personas, ni de relatos veraces. Hablamos y hablaremos de 4.113 casos constatados/censados/documentados/acreditados de torturas.

Gracias a los prestigiosos expertos y al Gobierno vasco, que son los que aportan los datos, pero gracias sobre todo a los periódicos que presentan esos datos como el Gobierno vasco quiere que se presenten.

El PSE, socio del PNV en el Gobierno vasco, emitió un pequeño suspiro, no llegó a aspaviento, cuando se publicó el informe. Para el PSE, el informe “adopta una metodología meramente expositiva sobre las denuncias recogidas”.
Ahí quedó su exposición. Y ahí siguió y sigue el PSE, con el PNV en el Gobierno vasco. Antes ya había sumado sus votos al partido de Arana para aprobar la ley sobre abusos policiales, que contará también con la expertise de Etxebarria y Jonan Fernández.

La aparición del PSOE para retirar otro recurso que molestaba a los nacionalistas es el final esperado. El anterior Gobierno recurrió la ley del Parlamento vasco ante el Tribunal Constitucional, donde permanecía encallada. Pero el Gobierno de los 84+ parece dispuesto a dejar que el Gobierno vasco ponga en marcha su proyecto de desjudicialización de la justicia.

Y no hace falta hablar de precios a sus socios. No hace falta preguntarse por qué el Gobierno de Sánchez hace lo que hace. Basta con registrar qué es lo que ha hecho hasta ahora, y qué es lo que seguirá haciendo.
Es suficiente, o debería serlo.