Un fascista, un fantasma del pasado

Mientras escribía un texto sobre la buena costumbre de no hacer política con lo posible sino, en todo caso, con lo probable, he leído que la Policía había identificado al autor de la amenaza contra la ministra Reyes Maroto. El viernes llegó un sobre con una navaja al Ministerio de Industria. En el sobre había una navaja con manchas rojas –posiblemente sangre, llegaron a decir en los medios-, recortes de capturas de Twitter y palabras sin sentido. Y un par de detalles sin demasiada importancia: el nombre y la dirección de la persona que había enviado el sobre.
Esta mañana el sobre se fue de gira. Adriana Lastra, portavoz del Grupo Socialista en el Congreso y Vicesecretaria general del PSOE, detenía un momento el mitin de campaña. Un hombre se le acerca y le deja algo sobre el atril. Lastra se dirige a los asistentes. Rostro serio, tono solemne. «Me acaban de pasar una nota, y es que a todo delito de odio lo precede un discurso de odio«. ¿Será que la nota incluía ya la frase, como una galleta de la suerte, o le dio tiempo a reflexionar y a preparar un comentario durante esos pocos segundos? Continúa Lastra. «Me acaban de hacer llegar que nuestra compañera Reyes Maroto, la que será la vicepresidenta del Gobierno de Ángel Gabilondo, acaba de recibir una navaja ensangrentada como amenaza. Y desde aquí…»
Desde ahí lo que sucede es que el rostro serio y el tono solemne dejan paso a la arenga, a la agitación y al grito. Los brazos suben y bajan, el volumen se eleva, el tiempo retrocede y los asistentes también se levantan, como en el 36, que es el momento al que conducen últimamente todos los discursos del PSOE. Los 35 segundos de preocupación contenida dan paso a lo importante: al odio, a la mentira, al uso partidista de un hecho sobre el que no conocían más que lo que les era útil. Los asistentes, también Ángel Gabilondo, se ponen de pie para escuchar y aplaudir los dos minutos de Lastra. Porque eso es a lo que iban, y de eso iba la nota que le acababan de pasar.

«Y desde aquí:», continúa la mujer que lo es casi todo en el partido moderado, «¡NO VAIS A PASAR! ¡AL FASCISMO: NO VAIS A PASAR! ¡SE ACABÓ! ¡SE ACABÓ! ¡ESTO SÍ QUE VA DE DEMOCRACIA!»
Pero resulta que no iba de democracia, sino de psiquiatría El hombre que había enviado el sobre fue identificado después de ese mitin. O tal vez los medios informaron sobre la identificación sólo después de ese mitin. Parece lo mismo, pero es muy distinto.  El mitin se celebra el lunes por la mañana, el sobre se recibe en el Ministerio de Industria el viernes por la tarde. Un sobre, recordemos, que incluía la dirección y el nombre del remitente. Tres días para comprobar una dirección, o tres días para informar sobre la comprobación. El sobre del viernes no se hace público hasta el lunes, que es cuando vuelven las tertulias y los programas de actualidad. En uno de esos programas estaba hoy Yolanda Díaz, la ministra del Partido Comunista de España. Sonríe mucho y bien, eso sí. Somos un país con comunistas en el Gobierno, pero también con ministros que sonríen mucho y bien. Una cosa por la otra. El sobre se fue de gira esta mañana y le dio tiempo a hacer una parada en el plató de ‘Al Rojo Vivo’. El programa de actualidad política recogió el sobre e informó sobre él. Un corresponsal del programa dio todos los detalles que podía dar en ese momento. Pero la pasión por los hechos impidió a los españoles contemplar el hecho de la pasión. Por suerte Helena Resano, al frente de ‘La Sexta Noticias’, corrigió el error. Amplió la noticia. La llevó hasta su mismo centro. Lo primero que mostró el informativo de La Sexta fue la reacción de Yolanda Díaz cuando se narraban los hechos. ‘Al Rojo Vivo’ había dado la palabra al corresponsal, pero nos faltaba, como espectadores, la imagen de la ministra. El factor humano. “Éste era el momento. La emisión en directo del programa no estaba dando esta imagen de Yolanda Díaz que se va sobrecogiendo según escucha esos detalles de la amenaza”.
Nos faltaba también el detalle de que el remitente era una persona con esquizofrenia, pero claro; o esquizofrenia o fascismo. O prudencia o fascismo. Y eligieron fascismo, porque la campaña, como la decencia, se les escapa.

Podría haber sido fascismo, sí. Podría haber sido un fascista de verdad, solitario, irrelevante y tal vez peligroso. Podría haber sido un militante de Vox, del PP o incluso de Ciudadanos, que han sido partidos fascistas en función de las necesidades de los antifascistas. Podría haber sido una conspiración de los partidos «fascistas» para movilizar el voto de izquierdas, por qué no; la imaginación es más poderosa que la razón. Podría haber sido un antiguo militar sublevado, un ministro franquista, un fantasma del pasado. Podría haber sido cualquier cosa porque el terreno de lo posible es tan amplio como queramos.
El de lo probable es otra cosa. Lo probable nos frena, aunque sea un poco. Lo probable nos hace pensar en los hechos, en las razones, en la estadística. Lo posible en cambio nos permite arreglar una campaña que pinta mal. Lo probable sigue siendo especulación, sí, pero al menos no es sólo imaginación. Al menos no es Lastra.

Podría haber sido un fascista, un proveedor de sentido. Pero resulta que era sólo un hombre con problemas mentales. Cumplió su función, aunque no lo sepa. Y mañana Adriana Lastra estará con el moderado Gabilondo dando un mitin en algún lugar de Madrid. Para frenarlos a todos, porque no pasarán.

Variaciones Goldstein

En la izquierda institucional española triunfó hace ya demasiados años la concepción de la política como gestión del odio, que consiste tanto en su activación como en el fortalecimiento y la canalización del mismo. Saben que un correcto manejo del odio puede suponer para ellos una sucesión casi inevitable de victorias electorales y un paraguas eficaz ante las posibles críticas que pudiera suscitar su acción de gobierno. Si se gestiona correctamente es posible incluso eliminar el concepto mismo de oposición, o soñar con ello mientras se va preparando el terreno.
No es hipérbole:

Y ahora ustedes, y usted, que ha apoyado aquí… en contra, pero usted… pero usted ha pulsado el botón para apoyar la ley… o no apoyarla, pero es usted un parlamentario representante de esta Cámara y ahora se dedica a trabajar con ahínco en uno de los órganos de la Comisión Europea para desprestigiar a España. Usted, que tendría que estar defendiendo la ley que han respaldado la mayoría de los españoles, aunque estuviera en contra. Aunque estuviera en contra.

Estas palabras de difícil lectura pero de comprensión muy fácil en el vídeo (minuto 3:55), con sus énfasis, sus dedos acusadores y sus miradas, las pronunció hace pocos días en el Congreso la ministra de Educación. Isabel Celaá no es de EH Bildu, de la CUP, de ERC o de Podemos; Isabel Celaá fue portavoz del primer Gobierno de Sánchez, el de la moción de censura; fue también consejera de Educación en el Gobierno de López en el País Vasco; y actualmente es ministra de Educación en el segundo Gobierno de Sánchez. Cuando hablamos de la gestión del odio por parte de la izquierda española no nos referimos a partidos como Sortu o la CUP, y tampoco a ERC o a Podemos; hablamos del PSOE, que es el principal partido de la izquierda española, el principal partido del Gobierno y, sí, el partido que tiene como socios a todos esos otros partidos de izquierdas. Esto último, su asociación con el resto de compañeros de moción, no es lo verdaderamente relevante, a pesar de que es lo que más habitualmente se señala. Lo relevante es que quien pronuncia un discurso claramente totalitario en el Congreso de los Diputados es una ministra del PSOE. Y lo relevante es que esta parte de su discurso quedó enterrada por la incomparecencia de los habituales pero también porque todos nos fijamos en sus primeras palabras, aquellas que dirigió al diputado Matarí cuando éste habló de la educación especial.

Es el PSOE quien lleva años manejando con profesionalidad el odio al enemigo político. El recurso constante a “la foto de Colón” -un acto político pacífico-, con todas sus variaciones, no es más que eso, una versión adaptada a los tiempos de los dos minutos de odio. Goldstein es ahora Abascal, pero cuando Abascal aún no era nadie ya lo eran Rajoy y Rivera. El mero hecho de nombrar “la foto de Colón” despierta odios perfectamente cultivados, y hace que se toleren o se ignoren palabras y actuaciones criminales o cómplices con el crimen. Creo que todos estaremos de acuerdo en que lanzar una piedra contra alguien, con la intención de herirlo, es un acto criminal. Y creo que incluso podríamos aceptar que lanzar una piedra contra alguien por sus ideas políticas es violencia política, planificada y racional, y que es un acto criminal que busca un fin político concreto. En lo que ya no hay coincidencia es en la universalidad del concepto. Ahí es donde se abre la brecha entre la izquierda institucional y el resto de los ciudadanos. En la izquierda ya es normal decir que lanzar piedras contra otras personas por sus ideas políticas es no un crimen sin matices, sino una “defensa frente al fascismo”, una “respuesta ciudadana” o “un compromiso con la democracia”. Todas estas cosas las han dicho personas de un partido que está en el Gobierno; e incluso personas que forman parte del Gobierno. Y todas estas cosas se pueden decir desde la izquierda institucional no sólo porque el PSOE se refiere a esos hechos como respuestas a provocaciones previas o extremismos alimentados por otros extremismos, sino también porque el PSOE se refiere sistemáticamente a la oposición como “el fascismo”. Y “al fascismo no se le discute, se le combate”.

Este ambiente asfixiante en el que la izquierda puede hacer política con normalidad y la oposición es expulsada violentamente del espacio público también con normalidad no es una posibilidad, no es lo que podría pasar si continúa la extraña “espiral” en línea recta. Este ambiente político es el gran triunfo de la izquierda española institucional. El escrache a Rosa Díez en la Complutense en 2010, los ataques contra los actos de Ciudadanos en Alsasua -Savater- o Rentería -Maite Pagazaurtundúa- y los ataques de ayer contra los asistentes a un acto de Vox son un continuo y son categoría, no anécdota. Y lo son porque previamente se ha instalado una versión alucinada de lo que hoy representa la derecha española. La izquierda institucional lleva años diciendo que la derecha quiere recortar derechos fundamentales porque sabe que sólo así, demonizando a la oposición, puede legitimar la patada en la puerta sin orden judicial cuando gobierna; lleva años diciendo que la derecha contamina las instituciones porque sólo así pueden convertir el CIS en una herramienta para movilizar el voto de la izquierda, y porque sólo así esto se puede constatar en la televisión pública sin que se genere escándalo; lleva años diciendo que el triunfo de la derecha significaría la implantación de la violencia, porque sabe que sólo así se puede normalizar la violencia política de los suyos, que no está en condicional; lleva años diciendo que la derecha no cree en la igualdad, pero es la izquierda la que defiende que la oposición no pueda hacer política en determinados territorios; la izquierda española, en fin, lleva años diciendo que la derecha alimenta el odio y la crispación por el mero hecho de existir, y cuando lo dicen son perfectamente conscientes de que eso, ese discurso concreto sobre su enemigo político, no es más que un odio perfectamente destilado.

La izquierda española institucional decidió hace años prescindir de la distinción schmittiana entre hostis e inimicus, igual que en su día decidió enterrar a Montesquieu. El adversario político, el rival privado, el objeto de sus odios y el que despierta sus más bajas pasiones está más allá de las puertas, y ha de ser tratado como enemigo público. Todos, desde Abascal a Savater, desde Ayuso a Álvarez de Toledo, de derechas o de izquierdas, son Emmanuel Goldstein. Con una diferencia: Goldstein probablemente no existía, mientras que las piedras que se lanzan en España golpean a personas reales. No debemos dejarnos llevar por la épica ni por las llamadas a la guerra: lo que hay detrás de esto no es una cruzada ideológica, sino el puro deseo de conseguir y conservar el poder. El PSOE, principal representante de la izquierda española, es hoy una maquinaria de gestión del odio al servicio de la voluntad de poder. No hacen la política que hacen porque odien a la derecha, sino que cultivan el odio a la derecha porque es la manera más eficaz de mantenerse en el poder y la manera más eficaz de desactivar cualquier crítica al autoritarismo en el que tan cómodamente se han instalado.

Muchos en la izquierda justifican y toleran todo esto porque sí se creen la cruzada, porque entienden y comparten la estrategia de fondo o porque temen que si lo denuncian acabarán también ellos convertidos en Goldstein. Muchos, pero no todos; la pregunta que hay que hacerse es cuántos votantes de izquierdas no están dispuestos a convertirse en bajos comisionados para la gestión del odio, cuántos están dispuestos a decir sin complejos que se sienten más cercanos a un simpatizante de algún partido de la oposición al que lanzan objetos que a un dirigente de izquierdas que quita hierro a las tuercas arrojadizas. Creo que es una pregunta fundamental, y de su respuesta dependerá que haya o no salida a este ambiente político.

Idealismo o materialismo

Ni la moción en Murcia se hace por dignidad democrática, sea lo que sea eso, ni el rechazo de Mónica García a la oferta de Iglesias es una victoria del feminismo. Mónica García y Errejón se resisten a aceptar la unidad con Iglesias porque saben que en Madrid son más fuertes. La resistencia de García no es la de las mujeres ante el autopercibido macho alfa, sino la de un político frente a otro que quiere moverle la silla. Exactamente lo mismo que ha ocurrido en Murcia, donde la lucha por la dignidad y contra la corrupción ha sido la excusa para justificar un cambio de sillas de momento fallido. En esto, más allá de las campañas de todos los partidos, anclados no al centro sino a su tiempo, se le da más importancia al discurso que a los hechos. El discurso vende una lucha aún no culminada por la igualdad entre hombres y mujeres. Los hechos muestran una igualdad real en la política. Mujeres y hombres traicionan y se resisten cuando ven que otros hombres y mujeres quieren quitarles la silla. No hay nada esencialmente distinto en la resistencia de Mónica y en la de Íñigo. La lucha ya fue, y es lo que ha permitido que en política el honor y la vergüenza, la firmeza y la cobardía, estén hoy asignados no por el sexo sino por el carácter.

En el otro lado de la Asamblea también ha triunfado la disyuntiva idealista. Del Socialismo o Libertad hemos pasado al Comunismo o Libertad, justo ahora que el primer eslogan cobraba cierto sentido. Se ha criticado el lenguaje guerracivilista como si fuera algo que acaban de inaugurar Iglesias y Ayuso. Nunca Sánchez, Sánchez siempre cae en el centro, a pesar de que es el continuador de Zapatero en el uso partidista de la Guerra Civil.
“Guerracivilista” es otra de esas palabras mágicas que hacen más fácil la escritura de una columna y la articulación de la propaganda externalizada. Permite igualar a alguien que llama fascista a cualquier persona de derechas y a alguien que llama comunista al secretario general del Partido Comunista de España, como si el insulto y la descripción fueran equiparables. Pero el caso es que los comunistas en España están en el Gobierno, y los fascistas en alguna plaza luciendo camisa, que es lo único a lo que pueden aspirar.

El peligro real para Madrid y para España no es que los comunistas lleguen al Gobierno, algo que ya ha pasado. Tampoco es que los comunistas pongan en marcha la revolución socialista, teniendo tantas hipotecas por pagar y tantas series por terminar. El peligro real es la persistente normalización de quienes ondean la bandera de la URSS, quienes cocinan con una sudadera de la RDA y quienes elogian públicamente a dictadores y asesinos como Fidel Castro o Ernesto Guevara. Es un peligro principalmente ético, filosófico, no político. Por eso lo que está amenazado, el otro lado de la disyuntiva, no es la libertad, sino la decencia, entendida como un mínimo decoro moral.
La lucha no es entre comunismo y libertad, demasiado idealista, ni entre el mal y el bien, demasiado maniquea. La lucha es entre quienes elogian a tiranos de izquierdas y quienes, sabiéndose imperfectos, se niegan a compartir bando con los que abrazan la perfección del mal. Y después, sí, las traiciones, las corrupciones o las mentiras habituales, porque eso es también la política que hacemos los humanos. Pero antes está lo otro, y es lo realmente importante.

Votar PSOE

Llevaban un tiempo jugueteando con la idea, pero desde ayer ya es oficialmente canon: Ayuso es la encarnación de Trump en España. La maquinaria de análisis neutros y siempre certeros está en unos niveles de producción nunca antes conocidos. El PSOE lanzó el doberman en el 96 y dejaron que correteara hasta que se cansó. Después vino “Aznar asesino”, que hoy sigue siendo moneda legal. Antes estas cosas se hacían con más cuidado, se hacían para que durasen, como las lavadoras. Tal vez por influencia inconsciente de alguna lectura secundaria sobre Marx, aquello de que el trabajador pone parte de lo que es en el producto. Ahora el producto dura un par de días, como mucho unas semanas. Del “fábrica de independentistas” se pasó a “agitadores del odio y la crispación” y de ahí a la extrema derecha y el fascismo. La primera hace años que no recibe actualizaciones, la segunda se dejó de usar en cuanto los señalados dejaron de ir a los sitios a los que les prohibían ir, y la tercera, esta sí, goza de extrema buena salud. En los últimos dos años hemos visto crecer eslóganes de todo tipo. Empezaron dando sus primeros gritos en las redes y hay que verlos ahora, en la universidad. La España ajena a la moción de Sánchez era ‘El cuento de la criada’, o incluso peor. El mismísimo David Simon certificó que estábamos de nuevo en 1937 y que esta vez los tuiteros no iban a pasar. Hace unos días supimos que hay un supremacismo madrileño secesionista, unas semanas antes nos enseñaron que también había un populismo de centro, y desde ayer, decíamos, Ayuso es como Trump.

Todas estas cosas nos las han enseñado los mismos que en el editorial Ayuso-Trump dicen que es peligroso banalizar el discurso. Los mismos que hace apenas unos meses alertaban sobre los peligros de la hipérbole se lanzaron después a equiparar cualquier amago de oposición con el asalto al Capitolio. Se podría decir que en esto sí hay una responsabilidad compartida, desde el momento en el que en muchos de los análisis sobre las elecciones catalanas se tiró también de la representación americana. Fue desconcertante ver cómo para señalar a quienes dieron un golpe de Estado en 2017 se metía con calzador la deslegitimación trumpiana. De repente el nacionalismo catalán no tenía sustancia y había que denunciarlo no por nacionalista, golpista o violento, sino porque se parecía a lo que pasaba en Estados Unidos, es decir, a Trump. Y si aceptamos que las calles ardiendo en Cataluña, que llevan ardiendo desde 2017 y que son fruto de una educación y de un ambiente político que echó raíces hace mucho más tiempo, son comparables con el asalto al Capitolio, entonces es normal que otros salgan con que Ayuso actúa como Trump cuando se adelanta a una moción de censura. Y así, puesto que Ayuso es como Trump, Ayuso es también como Torra, Borrás y Forcadell. O incluso peor.

La moción de censura, por cierto, es lo menos interesante de la semana. Es un intento por garantizar la supervivencia de algo que comparte nombre con lo que en otra época fue un partido político adulto, o que quería hacer política para adultos. De todo eso hoy sólo quedan muchas personas adultas y serias que siguen trabajando por los mismos principios, a pesar de todo, y otras que saben que los principios son cadenas que impiden el progreso. La moción de censura tenía vocación nacional, pero tal vez porque “nacional” es un concepto que hiere sensibilidades y los nuevos tiempos exigen no dejar ninguna sensibilidad atrás, se ha quedado en Murcia. Se suele dudar de la utilidad de los concursos de oratoria, pero es evidente que la tienen. Ponerse a defender una posición política y su contraria ante compañeros de clase o de partido prepara muy bien para La Vida Moderna. Un día estás defendiendo que regenerar es acabar con los privilegios territoriales, examinar en serio lo que pasa en la educación o denunciar los discursos sectarios en temas complejos, y al día siguiente a lo mejor toca defender que regenerar es, qué cosas, echarse en brazos del partido que lleva años garantizando todo lo anterior.

Hoy el editorial de El País se complementaba con un comentario de José María Izquierdo para La Ser. Votar a Ayuso es votar a Trump, decía el periódico, y “Votar PP es votar Vox”, añade la radio. Nos sale automáticamente el “y tú más”, y es comprensible, porque son muchos eslóganes en muy poco tiempo. “Si votar PP es votar Vox entonces votar PSOE es votar Bildu, ERC, Podemos”. Y hay parte de verdad en eso, igual que hay similitudes entre las calles de Cataluña y las de Estados Unidos, pero no hace justicia a la realidad: votar PSOE es sencillamente votar PSOE. Añadir a Iglesias, a Rufián o a Otegi a la respuesta es aceptar que lo único malo que ha hecho este PSOE es juntarse con partidos que le son ajenos. Pero es necesario entender que la asociación del PSOE con todos ellos no parte de un interés puramente egoísta por mantenerse en el poder, sino que se mantiene en el poder junto a ellos porque comparten un mismo proyecto. El PSOE no participó en el golpe de 2017, pero no cree que fuera un golpe, cree que todos fuimos culpables y cree que los indultos y el diálogo con los golpistas es lo correcto. El PSOE no afirma explícitamente que España es una democracia imperfecta, pero sí que cuando Iglesias dice eso lo hace por vocación de mejora, y también puso su firma en el ‘Manifiesto en favor de la democracia’ junto a Podemos, Junts, ERC, la CUP o EH Bildu. Y el PSOE no participa en los homenajes a etarras, pero sí se ha dejado ver en alguna cena con el líder de los que hacen los homenajes, y se siente mucho más cómodo con ellos que con quienes aún los sufren.

El PSOE no es el centro entre dos extremos, sino el partido que más empeño ha puesto en la destrucción de la educación española, tanto en lo que tiene de educación como en lo que tiene de española; es el partido que más empeño ha puesto en expulsar a la derecha del consenso democrático que ellos mismos dictan, y el partido que con más regocijo ha aplaudido la expulsión sin metáforas de la derecha -todo lo que molesta ya es ‘derecha’- en territorios como el País Vasco o Cataluña; y es el partido que más empeño ha puesto en politizar instituciones como TVE, convertidas en correas de transmisión de los eslóganes partidistas más zafios.
La respuesta a esos eslóganes zafios no debería ser otra que un eslogan corto, verdadero, honesto, tautológico: votar PSOE es votar PSOE. Sería injusto que nos olvidásemos de todo lo que ha hecho un partido con tanta historia, y de todo lo que aún puede hacer.

Las armas y las letras

Llevaba dos o tres días en plena desconexión de la actualidad. La tercera en un año. Ésta ha durado poco porque parece que estamos en los inicios de una nueva moción de censura contra la derecha. La anterior la desalojó del Gobierno de España, la actual pretende desalojarla de varios gobiernos municipales y autonómicos y la tercera se produjo hace ya tiempo, aunque aún no terminamos de verla. Es la que la desalojó de su centro, de sus ideas y de sus principios para ponerla en el interminable camino al centro, que es simplemente otra manera de referirse al PSOE. Esta última moción es tan compleja y sofisticada que la ha llevado a cabo la propia derecha como reacción al papel que el bloque de nacionalistas e izquierdas colocó en su espejo. Esta moción autoinfligida parte de dos memes. Primero, el meme de la foto de Colón, que no es necesario explicar. Segundo, el meme de Casado frente al espejo. La genialidad de los estrategas del PSOE consistió en escribir “Vox el que lo lea” en el espejo de Casado. Y Casado decidió que no iba a caer en una trampa tan bien tejida. En lugar de arrancar el papel y examinarse frente al espejo decidió que jamás sería Vox, algo que en buena parte había sido no hace tanto tiempo. Vox era el PP y el PP era Vox hasta que el PP dejó de ser el PP. Y así, Vox decidió que había un hueco por representar en el electorado de la derecha, y añadió cuatro o cinco extras peligrosos o absurdos que permitieran diferenciar su marca de lo que hasta entonces habían sido. Casado, el principal representante de la derecha, decidió que no iba a ser Vox. Y como la gestión deja poco tiempo para la reflexión, como examinarse y pensar qué ideas merece la pena defender era un trabajo lleno de minas, decidió que las ideas –las ideas propias– eran señal de voxismo.
Así fue como Cuca Gamarra, la creadora de la campaña ‘Mujer, por encima de todo’, sustituyó en el PP a Álvarez de Toledo.

Pero no es de esto de lo que se habla hoy. Hoy se habla de la “traición” de Ciudadanos, con el dramatismo que todo lo impregna y al que ya nos hemos acostumbrado. Ciudadanos hoy se está limitando a hacer política de la misma manera que el PP hace política. Cuando no hay exámenes ni ideas la política sólo puede consistir en determinar quién maneja unos presupuestos, y la regeneración no puede consistir en nada que no sea cambiar las sillas de quienes manejan los presupuestos. Hoy, justo hoy, muchos simpatizantes de Ciudadanos han descubierto con escándalo que el PP llevaba un cuarto de siglo gobernando en Murcia, apenas dos años después de apoyar que Ciudadanos formase parte de un nuevo gobierno del PP en Murcia. Hoy muchos simpatizantes de Ciudadanos han descubierto que el PSOE, el partido desde el que los insultaron en Alsasua o en el Orgullo, es un partido con el que se puede aspirar a regenerar España, con el que se puede anclar España al centro. O sea, al PSOE. Por eso funcionan tan bien estos simulacros de pensamiento, porque en el fondo no son más que tautologías.

Hoy se habla de todo esto, y la semana pasada se habló de dos historias que me llamaron la atención y no quise comentar. La primera fue la escenificación de la “derrota del terrorismo”, orquestada por el Gobierno de Sánchez en representación del Estado. El presidente de España mandó retirar una gran lona blanca bajo la que habían colocado armas de ETA y del Grapo, después una apisonadora pasó sobre ellas y finalmente Sánchez pronunció un discurso en el que destacó la necesidad de “luchar contra la desmemoria”. Hizo y dijo eso porque sabía que a la semana siguiente ya nadie se acordaría de todo eso, y porque la gran lona blanca lo mismo se descubre que puede volver a cubrir cuando haya que estampar la firma junto a EH Bildu. A la escenificación no acudió la oposición, ni la presidenta de la Comunidad de Madrid ni representantes de asociaciones de víctimas del terrorismo, salvo la AVT, pero sí estaba Idoia Mendia, que se refirió al acto como “un gesto simbólico que constituye un paso más en la construcción de la memoria y la convivencia”. A Idoia Mendia le escribieron en el espejo “Haréis y diréis cosas que nos helarán la sangre” y en lugar de arrancar el papel lo hizo suyo y aceptó escenificar una cena de Nochebuena con Arnaldo Otegi, porque sabía que aunque años después siguiéramos acordándonos daría igual, y porque sabe que una foto sin un buen marco no se tiene en pie.
La otra historia que casi me saca de mi desconexión fueron unas palabras de Margarita Robles. En un acto de Estado, esta vez en agradecimiento a los protagonistas de la Transición en el aniversario del 23F, la ministra del PSOE se refirió a Santiago Carrillo como representante de una izquierda que entendió “que un país no se construye desde la descalificación, la intolerancia y el creerse superior a los demás”. Lo dijo por su papel en el golpe de Estado y en la Transición, pero hay algo terrible en el hecho de leer esas palabras referidas a alguien como Carrillo. Es terrible porque el papel de Santiago Carrillo en la Transición y en el golpe fue simbólico, gestual, una representación, mientras que el papel de Santiago Carrillo en la Guerra Civil tuvo consecuencias directas y definitivas para muchas personas que fueron consideradas enemigos de la izquierda. Frente a la izquierda de Santiago Carrillo existió gente como Melchor Rodríguez, un anarquista que entendió que una república no se puede salvar desde los asesinatos de presos. Y lo entendió porque por encima de su ideal político situó unos principios éticos inamovibles.

Hoy en España el PSOE reivindica a Carrillo o a Largo Caballero, los partidos nacionalistas catalanes reivindican un golpe de Estado y Podemos ensalza habitualmente y sin complejos a dictadores de izquierdas. Frente a ese bloque debería haber otro que reivindicase la firmeza de Melchor Rodríguez y las dudas de Unamuno, que denunciase los asesinatos políticos y los golpes de Estado -los de antes, pero sobre todo los de después de la Transición- y que entendiera que la regeneración en España no puede consistir sólo ni principalmente en denunciar corruptelas en las administraciones locales.
En teoría no debería ser difícil en un país que presume tanto de leer a Chaves Nogales, pero probablemente muchos de esos lectores le acusarían hoy de generar crispación y de alimentar el odio.

Los coros del emperador desnudo

El emperador se pasea en pelotas, dice que a partir de ahora lo hará en todas sus apariciones públicas y que reformará el código de vestimenta para adaptarlo a sus preferencias. El coro de aduladores dice que ya era hora, por fin un gobernante con un proyecto a la altura de la historia.
Y los murmuradores, en las sombras, se preguntan cuál será la auténtica razón detrás del desnudo.

La auténtica razón es que prefiere ir desnudo. Que a sus aduladores les gusta que vaya desnudo. Y más les valdría a los murmuradores ir tirando su ropa a la basura, o bien dejar de murmurar simplezas. Va desnudo. No es una cortina de humo para tapar otras cosas. Va desnudo y se rodea de gente que va desnuda porque es lo que quiere. El emperador ya eligió. Y si por alguna razón hay algo denunciable en el hecho de que vaya desnudo, habrá que denunciar ese hecho, y no la imaginaria cortina que lo cubre.

El emperador se pasea en pelotas mientras el imperio se desmorona, y aún nos empeñamos en criticar el color de la chaqueta que no lleva.
Y a su sastre. Que no falte la crítica a su sastre.


Nos empeñamos en reducir automáticamente la realidad a cuentos conocidos. Lo hacemos porque no sabemos con detalle qué es lo que nos espera en el futuro, cómo se desarrollarán las cosas, y cómo nos afectarán. Pero hay una manera mejor de abordar la realidad: analizar lo que hay, no lo que puede haber detrás de lo que hay.
Lo que hay es que la Ley de Memoria Democrática la va a aplicar un gobierno que cuenta con Pablo Iglesias y Alberto Garzón entre sus miembros. Lo que hay es que quienes están presumiendo de que se acabó exaltar a dictadores llevan toda la vida exaltando a otros dictadores. Y lo que hay es que llegaron al Gobierno hace ya mucho tiempo. No los dictadores, sino los que han aprendido a gobernar con dictadores como referentes.

Lo que hay es que Carmen Calvo es portavoz del Gobierno en cuestiones de memoria, historia, democracia y feminismo. Carmen Calvo. Lo que hay es que para este Gobierno esos cuatro conceptos forman una misma cosa, y juegan con ellos hasta que los despojan de cualquier significado objetivo. De la memoria histórica de Zapatero -ya estaba Calvo- han pasado a la memoria democrática con perspectiva de género. Y la perspectiva es que aquéllos con los que sólo hablan por imperativo legal enlazan directamente con los alzados, y que todos los que tienen algo que decir ante esta ley y ante otras leyes parecidas están fuera de la Constitución, de la memoria, de la historia, de la democracia y de la ley.

Esto no empieza con lo de ayer. Ni con lo de hace unos meses. Esto es el proyecto que el PSOE puso en marcha hace muchos años. Un proyecto que comienza con Zapatero y que con Sánchez alcanza su dimensión real. Un proyecto que va mucho más allá de esconder los muertos del coronavirus, por importantes que sean y por importante que sea contarlos. Es un proyecto que pretende etiquetar a los muertos de la historia, dividirlos en buenos y malos. Es un proyecto que pretende negar cualquier rasgo de decencia a quienes reivindican que si vamos a hablar de gestas y de matanzas convendrá acudir a la historia y no a la propaganda. Que si vamos a hablar de héroes convendrá acudir a la historia y no al santoral de un partido. Y que si vamos a hablar de villanos tal vez sea más conveniente no acudir a la historia sino a Hernani, a Bilbao, a Alsasua o al Congreso de los Diputados.
Si vamos a hablar de villanos, de asesinos, de totalitarismo, convendría antes hacer limpieza con lo que se tiene cerca. Porque ya es difícil aceptar que quienes reivindican, ensalzan, adoran a lejanos dictadores asesinos presuman de que se va a acabar exaltar a dictadores; aceptar además un discurso que presume de hacer justicia a las víctimas mientras se invita a la mesa a quienes hace literalmente tres días estaban aplaudiendo a etarras va más allá de todo lo que se había hecho hasta ahora.

Que no conozcamos todos los detalles de la agenda no quiere decir que tengamos que entregarnos a especulaciones absurdas. Lo que hay, lo que se puede analizar, es lo que hacen. Y lo que hacen va mucho más allá de un torpe plan para que no se hable de los muertos.


Uno de los aspectos conocidos de esta ley es que también afectará a la educación. «La represión franquista se estudiará en las escuelas», decían ayer. Pero ya se estudia la represión franquista en las escuelas. Y la dictadura. Y la Guerra Civil. Y la República. Se estudia como se estudia todo en España. O al menos son temas que están en el temario, y que es obligatorio enseñar. Si la cuestión es que en España se podría enseñar mejor, y si la cuestión es que la inspección educativa es muy laxa en cuanto a qué y cómo se estudia, entonces tengo que decir que estoy de acuerdo. Pero si fuera eso lo que pretende el Gobierno, ¿por qué centrarse sólo en la represión franquista? ¿Por qué celebran esta ley de memoria democrática y no se plantean una ley de reforma del sistema educativo?
Porque el emperador ya decidió que quería ir desnudo.
Y tal vez convendría no insistir en esta posibilidad: al fin y al cabo, Iglesias, Garzón, Calvo y el propio Sánchez serían los responsables de esa reforma educativa. Y creo que por ahora ya tenemos suficiente con lo que hay.


A partir de ahora escribiré en The Last Journo con cierta frecuencia.

Escribí Es la hora de hacer lo correcto la semana pasada y he escrito Carta a Xabier esta semana.

Greta Sánchez

O Pedro Thunberg. Es un título estúpido para una idea: muchos análisis sobre estos fenómenos no se centran en lo importante, el qué, sino en lo accesorio, el por qué.

Comencemos con la joven activista climática. La cuestión más problemática en torno a Greta Thunberg es que es una adolescente que los adultos pretenden que sirva como modelo de acción para otros adolescentes. Lo problemático no es tanto lo que dice, si está más o menos equivocada, sino la idea de que los adolescentes deben recibir positivamente el mensaje de una adolescente. Y también el hecho de que junto a esta idea, en el mismo pack, hay muchas otras ideas. 

1- La igualación adolescente-adulto, o incluso la superioridad de los adolescentes. Se repite el mensaje de que los adolescentes -e incluso los niños- son quienes van a arreglar el problema del clima. Y no sólo ése. Porque si ellos son capaces de arreglar algo tan complejo como el cambio climático, ¿por qué no van a ser capaces de arreglar otros problemas? Esta idea, de manera nada sorprendente, es muy bien recibida por los adolescentes. En lugar de centrarse en el proceso de correcciones y autocorrecciones constantes que debe ser la adolescencia se les coloca en un pedestal y se comienza a hablar de “adultocentrismo”. 

2 – La superioridad de las emociones frente a la razón. Esto, hay que reconocerlo, es un hecho. Las emociones son más eficaces que la razón a la hora de promover una causa. La novedad es que ahora se está enseñando que no es algo con lo que hay que tener cuidado, algo que hay que modular, sino que es conveniente entregarse a ello. Los adolescentes no sólo están aprendiendo, sino que se les está enseñando que sí, que tienen razón, que las emociones son una guía para la acción y para la comprensión más eficaz que la razón.

3 – La acción sin análisis. Otra enseñanza que los gretistas están transmitiendo a los adolescentes: actúa. No hace falta que leas, no hace falta que te informes, y aún hace menos falta que examines el mensaje que transmitimos: abrázalo y actúa. Sal a la calle, protesta, grita consignas. Aunque no sirva para nada, aunque no entiendas nada.

4 – Los mensajes. A modo de paréntesis. El viernes pasado coincidí cerca del Teatro Arriaga en Bilbao con una manifestación de adolescentes por el clima. Imagino que les habrían dado permiso para abandonar el instituto y ocupar la calle. Algunas de las consignas que escuché en diez minutos, coreadas por menores de edad con voz de menores de edad:

 

  • El cambio está en la calle y no en los parlamentos.
  • La solución es la expropiación
  • El planeta no se muere, es un asesinato
  • Borroka da bide bakarra (la lucha es el único camino)
  • Jo ta ke irabazi arte
  • Que no, que no, que no nos representan
  • Ecologistas y anticapitalistas

Todo esto alentado por profesores, centros educativos en su conjunto e incluso alguna ministra. Todo esto es lo que está produciendo el “efecto Greta”. Se repite que está sirviendo para que los adolescentes cobren conciencia de la importancia del cambio climático, para que cambien las conductas que afectan al cambio climático, pero no es así. Es un mito. Los adolescentes -ellos mismos lo reconocen cuando se les pregunta- no saben más sobre el cambio climático. No han comenzado a informarse sobre el cambio climático ni sobre lo que dice Greta. Simplemente aceptan lo que dice esa niña, o mejor dicho, lo que transmite esa niña. Aprenden que hay que sentirse mal por el cambio climático, que hay que lanzar mensajes intensos, y que si lanzan mensajes intensos se les hará caso, sin importar que hayan pensado en lo que dicen.

Lo problemático no es tanto lo que dice Greta, sino que lo dice alguien como Greta. Lo problemático es que si el modelo es Greta, los adolescentes serán como Greta. Símbolos, personajes que lanzan mensajes más o menos incendiarios y apocalípticos en nombre de una causa que no han investigado. 

Y lo problemático es también lo que decimos sobre Greta, o algunas de las cosas que decimos sobre el fenómeno Greta. Que está financiada por no sé qué empresas de renovables, que está siendo utilizada por determinados políticos, que está convirtiéndose en símbolo de una causa que va más allá de la preocupación por el medio ambiente. Y como esto es lo que se dice, a esto se dirigen las respuestas de sus defensores. Ni siquiera es lo más importante el daño que se le está haciendo a Greta; al fin y al cabo es una niña más, y es difícil que alguien pueda parar lo que está pasando. Lo más importante es el efecto que todo este fenómeno tendrá en los adolescentes a los que se les está diciendo que Greta es el modelo, lo más importante es el modo en que afectará a su manera de ver el mundo y de relacionarse con él. Un mundo en el que los adolescentes son vistos como la mayor esperanza, en el que las emociones son fuente de verdad, y en el que el conocimiento no debe ser el antecedente de la acción.

Y en cierto sentido, salvando las distancias, algo parecido está ocurriendo con Pedro Sánchez, con lo que decimos sobre Pedro Sánchez. En concreto con lo que decimos sobre el partido de Sánchez en Navarra, el PSN. El qué, lo que hace ese partido, es habitualmente indecente. Se sitúa sin ningún escrúpulo al lado de los nacionalistas y de los populistas, y al lado de quienes siendo todo eso pertenecen a una categoría distinta, la coalición EH Bildu, la izquierda abertzale de toda la vida. El Partido Socialista de Navarra integra hoy el bloque nacionalista, junto a Geroa Bai, Podemos y EH Bildu. Ha asumido su relato, ha asumido sus premisas y ha asumido sus campañas. Y en lugar de hablar de esto, en lugar de denunciar el qué, nos centramos en el por qué. Porque pensamos que si todo esto lo hace como pago a EH Bildu por su apoyo al PSOE y al PSN es peor que si lo hace por el hecho de que, sencillamente, tiene más en común con EH Bildu que con Navarra Suma.
El PSN permitió que la alcaldía de Huarte fuera para EH Bildu, después de que la alcaldesa Amparo López, del PSN, se fuera al Gobierno de Navarra. En lugar de presentar a otro candidato el PSN decidió dejar su silla vacía el día en que se debía elegir al nuevo alcalde, lo que permitió que el nuevo alcalde fuera el candidato de EH Bildu. También decidió apoyar al candidato propuesto por EH Bildu para la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Y también decidió no condenar en el Parlamento navarro la propuesta de EH Bildu para exigir desde el Parlamento vasco que determinados partidos no hicieran campaña para las generales en suelo vasco.
El mensaje crítico con el PSN suele partir de una idea: todo lo que hace es una prueba del pacto entre el PSN y EH Bildu, todo sería un pago del PSN a EH Bildu. Pero eso es irrelevante. Y no es la peor opción. La peor opción es que el PSN haga todo lo que hace no porque le debe algo a EH Bildu, sino porque coincide con EH Bildu.

Y claro, cuando decimos que todo es una prueba del pacto PSN-Bildu, los defensores del PSN y del PSOE lo tienen fácil: ¿qué pacto?

 

La cuestión, tanto en el caso de Greta como en el caso de Sánchez, no es quién está detrás, quién los controla o a quién se deben, sino qué es lo que hacen. La cuestión realmente importante, siempre, es lo que hacemos.

Bueno para España


Vamos a ser analíticos, que siempre es lo más apropiado.

Lo primero, los hechos.

El PSOE de Sánchez -es decir, el PSOE y también el PSC, el PSN, el PSE, el PSIB de Sánchez- ha alcanzado acuerdos de gobierno con ERC y JxCat, que son dos de los partidos que promovieron hace menos de dos años un golpe de Estado en Cataluña. Ha alcanzado acuerdos de Gobierno también con la CUP, que además de participar en el golpe de Estado es lo más parecido a una Batasuna fuera del País Vasco, con la diferencia -no pequeña- de que no dependen de una banda terrorista para hacer política. Dos de sus dirigentes estuvieron, antes del golpe de Estado, en el homenaje al etarra fallecido Kepa del Hoyo, en el que se aplaudió a etarras como Txapote. Tienen incluso una organización juvenil equivalente a Ernai, Arran. Esta organización es orgánicamente independiente de la CUP. Es decir, operan sin correa. Y entre sus operaciones destaca el señalamiento público del juez Llarena o el vandalismo contra las sedes de partidos políticos considerados enemigos del pueblo catalán.

Sigamos siendo analíticos. El PSOE de Sánchez está a las puertas de alcanzar un acuerdo de Gobierno en Navarra con Izquierda Unida, Podemos y Geroa Bai. Con los nacionalistas y con la extrema izquierda. Un acuerdo de Gobierno que además necesitará los votos, y por tanto la participación, de Bildu. Y como necesitará sus votos, los dirigentes del PSOE ya han empezado a fabricar el mensaje de que Bildu es un partido tan legítimo como los demás, con la excepción de Vox, Ciudadanos y el PP, que son fascistas.

Podríamos seguir siendo analíticos. Podríamos recordar lo que han significado los pactos del PSOE con los nacionalismos en Cataluña, País Vasco o Baleares, más allá del peaje moral de pactar con partidos que entienden que el golpe de Estado o el terrorismo son herramientas legítimas en política. Podríamos recordar la política lingüística en Baleares, el Programa 2000 en Cataluña o los cuatro años de nada de López en el País Vasco. Podríamos recordar, en fin, que el PSOE no ve los pactos con nacionalistas como un mal menor, sino como la alianza natural del PSOE.
También podríamos engañarnos, pero decíamos que íbamos a ser analíticos.

Por último, vamos a recordar la utilidad de los votos de Valls y de Collboni en Barcelona: gobierna Ada Colau. Y el mismo día en que supo que iba a gobernar anunció que volvería -es importante este verbo, “volvería”, si somos analíticos- a colocar un lazo amarillo en la fachada del Ayuntamiento y volvió a decir que los acusados por el golpe de Estado en Cataluña eran presos políticos. Pero dijo, eso sí, que no era independentista. Ni antindependentista.

Bien, ésos son los hechos. Algunos, porque no es cuestión de recordarlos todos. Pero sí son los hechos más importantes para lo que vamos a decir ahora.

El futuro de España depende los votos de un partido como Ciudadanos. Es decir, Ciudadanos podría impedir que el PSOE de Sánchez volviera -es importante este verbo, si seguimos siendo analíticos- a pactar con partidos como ERC, JxCat o Bildu. Y es verdad. Podría hacerlo. Y para hacerlo tendría que sentarse a hablar con Sánchez. El mismo Sánchez que insiste en que no hay nada problemático en pactar con partidos como ERC, JxCat o Bildu.
Pero en fin, pasemos a la especulación. Imaginemos que Ciudadanos se sienta a hablar con Sánchez. Habría al menos dos posibilidades.

1 – Ciudadanos se deja llevar por algunas de las llamadas a la responsabilidad y permite que Sánchez sea elegido presidente del Gobierno. España está a salvo. Salvo por el pequeño detalle de que quienes más recientemente pusieron en serio peligro el futuro de España, quienes dieron un golpe de Estado hace menos de dos años, siguen gobernando en no pocas localidades junto al PSOE. Siguen gobernando Cataluña. Y seguimos. Algunos de los responsables individuales de ese golpe de Estado esperan la sentencia después del juicio por el golpe de Estado. Probablemente habrá condenas. El PSC que gobierna en no pocos municipios con los partidos del golpe de Estado ya ha dicho que intentarán que Sánchez indulte a los presos políticos -importantes las palabras, siempre- condenados. Y la cuestión, analíticamente, no es que se lleguen a producir esos indultos, sino que se haya permitido gobernar a quienes piden con total normalidad que se concedan esos indultos.

Seguimos. Probablemente el PSOE gobierna Navarra junto a Geroa Bai, Podemos y la izquierda restante. Y con Bildu. Dentro del gobierno o desde fuera, pero con Bildu. Porque sin Bildu no hay gobierno posible, salvo que haya un gobierno con Navarra Suma, que para el PSOE son los inequívocamente fascistas.

Bien, exactamente esto es lo que algunas voces llaman sentido de responsabilidad. Sánchez gobierna España y el PSOE mantiene sus pactos con quienes no aceptan las leyes comunes a las que todos los españoles debemos someternos.
Pero hay otras opciones.

2 – Ciudadanos se sienta a hablar con Sánchez. Y le dice lo que debería haberle dicho hace varias semanas. Precisamente por el bien de España, porque es su principal objetivo en política y porque es lo que exige la razón, pone las siguientes condiciones: ningún acuerdo de Gobierno con ERC, JxCat y Bildu. Ninguno, en ningún sitio, sin trampas. Ningún acuerdo de gobierno que dependa de sus votos. No hace falta ni siquiera exigir acuerdos de Gobierno con el PP o con el propio Ciudadanos donde sea posible; bastaría el sentido común. Y podrían seguir con las condiciones: pacto concreto, no comisiones vacías, sobre Educación y política territorial. Con análisis en la mesa sobre lo que está mal y con medidas para corregirlo: adoctrinamiento, disparidad en criterios de evaluación, diseño de la prueba de selectividad, costes de emplear como lengua vehicular lenguas que los alumnos no dominan, revisión de la función de la inspección educativa, revisión de los niveles de comprensión lectora, excelencia.

Creo que cualquiera de las dos condiciones (no a los pactos con ERC/JxCAT/Bildu y reforma profunda de Educación) sería rechazada sin miramientos. Porque no se entiende al PSOE sin los pactos con los nacionalistas, que es lo que vincula las dos posibles condiciones. No se entiende al PSOE, a este PSOE y al anterior, sin su empeño constante en expandir los relatos y las herramientas nacionalistas. Si el PSOE aceptase esas dos condiciones, o una de ellas -cualquiera; la otra llegaría como consecuencia necesaria- el PSOE dejaría de ser el PSOE, y probablemente se convertiría en un partido de izquierdas no nacionalista. Y efectivamente, eso sería una excelente noticia para el futuro de España. Pero no para el PSOE, para este PSOE. Porque la mayor parte de quienes forman parte de este PSOE no podrían respirar en un partido de izquierdas con un discurso firme frente al nacionalismo. Hay notables excepciones, claro. Siempre las hay, en casi todos los sitios. Pero en el caso del PSOE las excepciones están normalmente fuera del PSOE.

Así que en esta segunda opción el PSOE seguiría viéndose abocado, empujado, forzado a pactar con ERC, JxCAT y Bildu, porque las condiciones de Ciudadanos serían irrealizables, alimento para la crispación, no aceptamos cordones sanitarios, etc. Es decir, volveríamos a aquello que había que evitar.

Y la pregunta: ¿cuál de las dos opciones sería buena para España? ¿La primera, un pacto que se desentiende de los pactos del PSOE con quienes entienden la política como la relatividad de las leyes y el triunfo de la voluntad popular? ¿La segunda, un pacto con el PSOE que el PSOE jamás aceptaría, porque supondría una violenta transformación del PSOE?
¿De qué estamos hablando cuando hablamos de lo bueno para España, de aceptar lo peor que hay en la política española o de algo que no podría existir?

Hay una tercera opción, es verdad. El PSOE acepta las condiciones de Ciudadanos y entramos en la Era de la Razón. 8,7 en IMDB. E incluso una cuarta: el PSOE no acepta las condiciones, hay nuevas elecciones, los votantes castigan la irresponsabilidad del PSOE -sí, la del PSOE; je- y Ciudadanos se convierte en la segunda, quién sabe si en la primera fuerza política. Premio Hugo y Nebula.

Dicho esto: que se sienten con Sánchez. Es un error no hacerlo, porque al no hacerlo se permite que el mensaje siga siendo el que el PSOE quiere que sea, y porque es importante que haya un mensaje más allá de los vetos, de las consignas y de las representaciones enfáticas. Porque sin mensaje, es decir, sin una argumentación racional, sin ideas fundamentadas en la razón, no hay más que vacío. Y el vacío sólo funciona en algunos partidos políticos.
No nos engañemos; sentarse con Sánchez es una cuestión de estrategia política de un partido político, no sentido de Estado. El mero hecho de sentarse con Sánchez no sería bueno para España, sino, como mucho, bueno para Ciudadanos. El bien de España, de sus ciudadanos, está en las manos del PSOE. Ésa ha sido siempre la cuestión, hombre.

El cambio

Ayer mientras volvía a casa me encontré con esta foto. La foto está colocada en la entrada de la Herriko Taberna de Galdácano. La barra del bar está a la derecha, una vez cruzas la entrada. De la pared cuelgan unas placas con los nombres de todos los etarras del pueblo que aún están en la cárcel. Cuando un etarra sale, la placa se retira y se celebra. En ocasiones algún concejal de EH Bildu comparte la celebración en redes sociales.

Bajo la foto hay un cartel que pide la libertad para todos los presos de ETA en general y para Jon Bienzobas, Karaka, en particular. He visto varios de esos carteles hoy por el pueblo, con la cara y la información escogida de Bienzobas, y también carteles que hacen lo propio con Iñaki Krutxaga Elezkano, otro de los etarras del pueblo. Bienzobas fue el responsable del asesinato de, entre otros, Tomás y Valiente. Krutxaga, por su parte, fue el responsable del asesinato de, entre otros, Ernest Lluch.
Probablemente esos carteles no suponen apología del terrorismo. Sólo exponen las dificultades que tienen “ama y aita” para visitar a sus hijos presos y piden que se los libere, a ellos y a todos los demás. Así que los carteles permanecerán en las calles de Galdácano hasta que quienes los han colocado decidan cambiarlos por otros. Si no se retiran los carteles de enaltecimiento, no se van a retirar éstos. Ahora bien, se podría hacer algo interesante. Se podría colocar, al lado de cada uno de los carteles de “Free them all”, un cartel con información sobre los hijosdeama (y de aita). Incluso podría ponerse nombre a la campaña, “Know them all”. Podría hacerse, si hubiera alguien con los medios y la voluntad para hacerlo. Algo como uno de esos partidos que llaman “constitucionalistas”. Volveré sobre esto más tarde.


Sobre la foto hay otra foto. Esa foto es un homenaje a Francisco Javier López Peña, o Xabier López Peña, el etarra Thierry. “AGUR ETA OHORE”. Probablemente la foto lleva ahí mucho tiempo, aunque no tanto como la lápida del etarra en el cementerio del pueblo. La lápida está colocada a escasos pasos de la de Eloy García Cambra. La del primero, jefe de ETA, recibe cuidados periódicos. De la del segundo, policía municipal asesinado por ETA en 1972, han desaparecido varias letras. La metáfora aparece aunque intentemos evitarlo; no creo que queden muchas personas que sepan quién fue.

La foto a la que me refería al principio muestra a dos etarras anónimos, de espaldas, y el hacha y la serpiente. Sobre ellos, “Eskerrik asko ETA”. Bajo ellos, “Garaipenera arte”. “Gracias, ETA” y “Hasta la victoria”. No es la primera vez que veo la foto en el pueblo. En un par de ocasiones en las que las circunstancias lo permitían las despegué, las dos veces cerca de la calle principal. En esta ocasión lo prudente es registrarlo. Al hacerlo me doy cuenta de que en Galdácano se ha producido un cambio importante, y también me doy cuenta de las consecuencias prácticas de ese cambio.

Durante los últimos cuatro años hubo un concejal del PP en Galdácano, Mari Carmen Sánchez Sequeros. No era vecina del pueblo, así que era complicado que pudiera estar al día de todas y cada una de las acciones de propaganda del entorno de ETA. Hace un par de años, no recuerdo cómo, la localicé en Twitter. O alguien nos puso en contacto. Y cada vez que se producía un homenaje, una ocupación del espacio público o una pegada de fotos de los etarras del pueblo, se lo hacía llegar. Siempre lo agradeció y siempre intentó que se tomaran medidas. Nunca consiguió que el Ayuntamiento hiciera nada, pero al menos iba a los plenos a pedir explicaciones al equipo de Gobierno, formado por el PNV y por el PSE. Cuando en Nochebuena colocaban en la calle una mesa a la que sentaban a los etarras del pueblo, el Ayuntamiento, gobernado por PNV y PSOE, no hacía nada. La mesa con las fotos permanecía allí todo el día. Cuando decoraban el pueblo con las fotos de etarras como Txapote y Bienzobas tampoco hacían nada. Sánchez Sequeros, la concejal del PP, llamaba al responsable del equipo de Gobierno y después llevaba la cuestión a los plenos. No podía hacer nada más, pero siempre hizo todo lo que podía hacer.

Antes que ella fue concejal Ricardo Gutiérrez Solana, también en el PP. Gutiérrez Solana era una persona conocida en el pueblo, él sí vivía aquí. Y tuvo que dejar de vivir aquí cuando, después de una campaña continuada de amenazas cada vez más serias, los vecinos de su portal recibieron una carta en la que les invitaban a echar del vecindario a “esta persona de actitudes hitlerianas”. La carta la elaboró Jon Crespo Ortega -otro de los etarras encarcelados que suelen aparecer en las paredes del pueblo- en una lonja y en un ordenador propiedad de Herri Batasuna, que era como EH Bildu/Sortu se llamaba entonces.

A Mari Carmen Sánchez Sequeros nunca le enviaron una carta así. Sólo la llamaron “fascista”, “asesina” y “cerda” en el pleno celebrado pocos días después del fallecimiento en prisión del etarra Kepa del Hoyo, que además de asesinar a dos policías fue concejal en Galdácano. De ahí que desde el Ayuntamiento se publicase un comunicado oficial en el que EH Bildu, Podemos, una plataforma vecinal y el PNV mostraban sus condolencias a la familia y amigos del etarra fallecido y criticaban la política de dispersión. Además de los insultos, el vecino, David Ríos García, también le gritó a la concejal popular lo siguiente: “mírame y quédate con mi cara”. Por ello fue condenado a pagar 360 euros por un delito leve de amenazas. Ese mismo año, pocos meses después, una comitiva de encapuchados esperaba a Sánchez Sequeros a la puerta del Ayuntamiento, antes de la celebración de un pleno. En esa ocasión la llamaron, en la calle, “fascista” e “hija de Franco”.


El domingo Mari Carmen Sánchez Sequeros no consiguió los votos suficientes para volver a ser concejal en Galdácano. En 2015 el PP obtuvo 745 votos, y el domingo sólo 585. Mientras tanto, EH Bildu pasó de los 2662 de 2015 a los 3597 del domingo. Estos votos hicieron que pasaran de cuatro concejales a seis, empatando con el PNV. Probablemente EH Bildu gobernará Galdácano por primera vez, lo que supondrá un cambio importante.
Pero el cambio realmente importante es que ya no quedará nadie en el Ayuntamiento para recibir los insultos cuando denuncie lo realmente indecente. Imagino que es difícil convencer a los vecinos para que te den sus votos cuando no vives junto a esos vecinos, e imagino que a los partidos como el PP no les resultará fácil conseguir candidatos que vivan en pueblos como Galdácano con vecinos como David Ríos García.
Supongo que los analistas más preparados habrán estado lanzando desde el domingo las profundas reflexiones con las que intentan explicar la política: «Qué está haciendo mal el PP en el País Vasco», «No consiguen conectar con la realidad social del País Vasco».
El PSOE seguirá con dos concejales, pero también ellos han obtenido más votos. Ellos sí consiguen conectar con la realidad social. Ellos sí van por el buen camino.

La posibilidad

Ya dijeron algunos que Navarra iba a ser la comunidad a la que habría que prestar atención tras las elecciones del pasado domingo. El titular del ABC fue el más claro: “Vuelco electoral en Navarra, que hace una apuesta clara por el Constitucionalismo”. El más claro y, como hoy recoge el mismo ABC, también el más ingenuo. En la pieza del lunes hablaban de los 30 escaños que conseguían las fuerzas constitucionalistas. 19 de Navarra Suma (que podrían convertirse en 20 o incluso 21 tras el recuento) y 11 del PSN de María Chivite. Hoy en cambio se habla por un lado del bloque constitucionalista y por el otro de Geroa Bai (9), Podemos (2), EH Bildu (8) e Izquierda Unida (1). El bloque constitucionalista, hoy, está formado por la coalición Navarra Suma, que agrupa a UPN, PP y Ciudadanos. Y el PSN de Chivite, de momento, está en medio de los dos bloques.

De momento, porque al final el Partido Socialista, no sólo el de Navarra, tendrá que decidir. Durante la campaña Chivite ya dijo que no haría presidente al candidato de Navarra Suma. Chivite ha dicho hoy que quieren “formar gobiernos progresistas”. Es exactamente lo mismo que dijo ayer Lander Martínez, de Elkarrekin Podemos, para explicar que intentarían formar gobiernos con EH Bildu: gobiernos progresistas.
De momento Chivite no confirma que quiere gobernar específicamente con Geroa Bai y Podemos y con los votos de EH Bildu. Y por lo tanto no descarta esa posibilidad. Que el Partido Socialista de Navarra gobierne la comunidad gracias a los votos de EH Bildu es, hoy, una posibilidad. Y habrá sido una posibilidad pase lo que pase.

Chivite dice, para defender esa posibilidad, que quieren formar gobiernos progresistas. Lo que ha pasado en el PSOE para que llamen gobiernos progresistas a los gobiernos con los nacionalistas de todo pelaje es algo que va más allá del PSOE. No ha pasado sólo en el partido. Si un partido dice una estupidez, una mentira, si hace el ridículo, la prensa y los otros partidos recogen la estupidez, denuncian la mentira o se burlan del ridículo. Pero en España, hoy, se puede decir que un gobierno con el PNV, en el País Vasco o en Navarra con su otra marca, es un gobierno progresista.
Más, mucho más aún; se puede decir que un gobierno con EH Bildu es un gobierno progresista. Lo dice Podemos, lo dice el PSOE y lo dice todo del estado actual de la prensa. Entre unos y otros han conseguido que el nacionalismo sea identificado con el progresismo.

Pero lo terrible del pacto que Chivite está buscando en Navarra no es que llevaría a un gobierno del PSOE con los nacionalistas. Esto es algo que es ya una seña de identidad del PSOE, que prefiere hablar de pactos y de líneas rojas en función del emotivista eje izquierda/derecha y no en función del eje nacionalismo/racionalismo, lo que le lleva, por ejemplo, a estar detrás de la degradación política y moral de Baleares. El PSOE hoy es un partido que se encuentra más cómodo con los nacionalistas que con los partidos que siguen defendiendo los ideales de misma libertad y misma igualdad para todos. Así que eso no puede ser lo peor, porque con eso ya se cuenta.  Lo terrible es que el pacto de Chivite exigiría la colaboración de un partido como EH Bildu.

EH Bildu es el partido que, tras ganar las elecciones en Hernani, decide dar las gracias a los 19 “presos políticos” de la localidad, a los 19 etarras a cuyas fotos se dirigía con agradecimiento el nuevo alcalde en su discurso.

EH Bildu es el partido que prometía en San Sebastián pisos de alquiler social para los “presos políticos” que salgan de la cárcel. Y EH Bildu es Sortu, el partido que sigue identificándose junto a ETA en las “luchas de la izquierda abertzale”, el partido que aplaude a Txapote y al resto de etarras del pueblo un 5 de agosto de 2017 en una plaza de Galdácano, el partido de los que hacen homenajes a etarras.

Galdácano, 5 de agosto de 2017. Aplausos para los etarras del pueblo en el homenaje a Kepa del Hoyo.

El otro día estuve repasando Politics and the English Language, el librito de Orwell que alerta sobre los efectos que los atajos y automatismos que usamos en nuestro lenguaje tienen en el discurso político e incluso en el propio pensamiento . Y mientras iba anotando todo esto me daba cuenta de que no hay manera de transmitir qué es EH Bildu a quienes no saben ya qué es Bildu. Cuando decimos “homenajes a etarras” no decimos nada. Es ya una expresión devaluada. No porque no denote nada, como le pasa a “fascista”, sino porque intenta recoger en tres palabras todo lo que hay detrás de los dirigentes y de los votantes de ese partido, que son los que hasta hace cuatro días no se limitaban sólo a aplaudir y homenajear a los etarras. Y lo que hay es mucho. Es imposible transmitir todo lo que es EH Bildu con una expresión como “homenajes a etarras”. Ni siquiera sirve de nada que ampliemos la descripción. Podemos dar nombres, lugares, fechas. Podemos hablar de Andoain, de Galdácano o de Rentería, de Igerategi y Otaño, de Javi de Usansolo o de Kepa Etxebarria, podemos incluso añadir las imágenes. Pero es una batalla perdida.
Cuando el Partido Socialista de Navarra plantea la posibilidad de gobernar con los votos de EH Bildu no sirve de nada apelar a la memoria ni a la razón. Ni siquiera a las tripas. Cuando esa posibilidad existe sin que el PSOE salga alarmado a negarla, no hay nada que hacer.

Y no hay nada que hacer. No en esto. No sé qué pasará finalmente en Navarra. No sé si Chivite gobernará junto a los nacionalistas y con los votos de Bildu. Pero lo que sí sabemos es que para gobernar necesitará los votos de Bildu. Y que si llegase a hacerlo, sus votantes, los del PSN y los del PSOE, retorcerían la razón y la memoria para no tener que enfrentarse al hecho de que habrían aceptado los votos de un partido como EH Bildu. Los de los homenajes, los de Pernando Barrena, Otegi, Arkaitz Rodríguez, los de las ayudas para los presos políticos.
Es decir, los progresistas vascos.