Otro informe para el Gobierno vasco

Leo hoy una noticia en El Mundo. “Euskadi registró 130 delitos de odio en 2018, casi la mitad racistas”. La noticia muestra algunos de los datos que se recogen en un informe sobre delitos de odio elaborado por la Cátedra de Derechos Humanos y Poderes Públicos de la Universidad del País Vasco, informe que se entregó ayer a la consejera de Seguridad del Gobierno vasco. Entre esos datos se encuentra la distribución de los delitos en función de su carácter: racista/xenófobo, de orientación e identidad sexual, ideología/orientación política, creencias religiosas, diversidad funcional y aporofobia.


Como uno tiene los sesgos que tiene, o los intereses, o las circunstancias, o lo que sea, me pregunté después de leer la noticia en qué categoría incluirían los “españoles, hijos de puta”, o los “volveos a España”, o los “no os queremos, no sois bienvenidos” que numerosos vecinos de la localidad guipuzcoana de Rentería dirigieron a los asistentes al acto que Ciudadanos celebró allí el domingo pasado. ¿Caerían en la categoría de ideología y orientación política, o en la de delitos de odio de carácter racista/xenófobo? ¿Y en qué categoría habrían incluido los actos similares que se produjeron en Alsasua? Lo de Alsasua, con los mismos insultos y amenazas, ocurrió en 2018, aunque es verdad que no fue en el País Vasco sino en Navarra. Aun así, como sé que la delimitación de lo que es el País Vasco y lo que es Navarra parece que no está del todo clara en determinados sectores, creí que sería interesante buscar el informe y echarle un vistazo.

El documento es éste: Informe de incidentes de odio de Euskadi 2018. Hay alguna cosa interesante.

Éstos son los delitos de odio registrados en Euskadi en 2018:

  • 17 por ideología/orientación política.
  • 39 por orientación/identidad sexual.
  • 62 por racismo/xenofobia.

Volveré después a la cifra de delitos de odio por ideología/orientación política.


Antes de eso, algo que no consigo entender, pero para lo que seguro hay una explicación: en el informe hay un desglose de los delitos por orientación/identidad sexual y también por racismo/xenofobia, pero no por ideología/orientación política.


Es decir, en el informe se indica a qué categoría pertenecían las víctimas de delitos por orientación/identidad sexual y de carácter racista/xenófobo, pero no ocurre lo mismo con las víctimas de delitos por ideología/orientación política. Únicamente el territorio donde se cometieron. Esto se puede ver en el siguiente gráfico del informe.


Parece evidente que, si se quieren analizar los delitos de odio, es útil manejar una información detallada de cuestiones como la categoría a la que pertenecen las víctimas. Por ejemplo, en las víctimas de delitos de racismo/xenofobia veíamos que había 1 víctima del colectivo asiático, 4 del gitano/romaní y 15 del árabe. Es útil saber esto porque así podremos detectar qué colectivos concretos son más vulnerables.


En cualquier caso, sí parece que en el informe cuentan con algún tipo de dato relativo a la categoría de las víctimas por delitos por ideología/orientación política. Hay que ir hasta la página 74, en el anexo de casos destacados en la prensa.


Recogen cinco casos:

  • Agresión en el Campus de Álava de la Universidad del País Vasco a un estudiante que pertenecía a una asociación que defendía la unidad de España.
  • Actos de bienvenida “a presos” (se les ha debido de caer “de ETA” al escribirlo).
  • Amenazas e insultos al niño Gabriel.
  • El caso de los “jóvenes de Alsasua” “acusados” de terrorismo y odio a la Guardia Civil.
  • Condenas por enaltecimiento del terrorismo a raperos.

Y ahora, lo interesante. El informe recoge 17 delitos de odio por ideología/orientación política. El informe incluye en estos delitos los actos de enaltecimiento y de bienvenida/homenaje a “presos” (de ETA). Covite documentó, sólo en 2018, 196 actos de este tipo.



196 casos de enaltecimiento en 2018. Más que todos los casos juntos de delitos de odio de 2018, que supuestamente incluyen los casos de enaltecimiento, recogidos en el informe: 130 casos en total. ¿Será que hacen un uso estricto del concepto “delito”? No lo parece, según lo que se puede leer en el propio informe.


Para terminar, por qué creo que esto es importante, además de interesante. En 2018 hubo un total de 29 detenciones relacionadas con delitos de odio. 23 de los 29 detenidos lo fueron por delitos relacionados con ideología/orientación política. Categoría que, por alguna razón, no está desglosada en el informe.


Comenzaba el comentario a este informe preguntándome en qué categoría incluirían los “españoles, hijos de puta”, “volveos a casa” o “no os queremos, no sois bienvenidos” de Alsasua y Rentería. En este último caso, por cierto, promovidos por un sindicato (LAB) y por un partido político, Sortu, que es el principal partido de la coalición EH Bildu. Pues bien, parece que los autores del informe también se lo preguntaron, y parece que entrarían en la categoría de racismo/xenofobia, concretamente en “otra raza/origen étnico”.


También me parece interesante porque me ha hecho recordar uno de los colectivos étnico/raciales incluidos en el desglose de delitos racistas/xenófobos: “Sin especificar”. Curiosamente es el colectivo hacia el que se cometía un mayor número de delitos, por bastante diferencia. 25, o lo que es lo mismo, el 40,32% del total de delitos.


Entre finitos y tortitas de camarón

Hoy, de nuevo, un artículo sobre Rentería. Éste, en Naiz. Su autor es Iñaki Revuelta, cantante, y el título es Errenteria aurrera!, que se puede traducir como ¡Adelante Rentería! En realidad los artículos sobre Rentería no comenzaron después del acoso del domingo. Comenzaron cuando en buena parte de la prensa no abertzale, con El País como principal referente, decidieron construir un relato sobre Rentería (2017, 2018). Su alcalde había pedido perdón a las víctimas “si en algún momento este consistorio a lo largo de su historia, o yo mismo, no hemos estado a la altura de las circunstancias”. Del mismo modo que cualquier muestra de apoyo que vaya seguida de un “pero” no vale nada, cualquier petición de perdón que comience con un condicional no es más que una muestra de que en realidad no se está pidiendo perdón. La circunstancia a la que se refería el alcalde es que Rentería fue durante muchos años un pueblo vedado para una buena parte de sus vecinos. Y lo sigue siendo. Lo que ha cambiado es que ya no los asesinan. Por eso lo que hace el alcalde de Rentería es peor que inútil. Es inmoral. Lo que hace es pedir perdón a quienes ya están muertos, a quienes fueron desactivados y no pueden molestar, mientras normaliza que los matones, sus matones, en cuanto que son sus representados, acosen a quienes deciden dar discursos que no se integran en la idea única del nacionalismo.
El alcalde, un detalle importante, es de EH Bildu. La misma coalición que tiene en Sortu a su principal partido, la misma coalición que presenta a etarras condenados en sus listas, y la misma coalición desde la que se organizan homenajes a etarras cuando salen de la cárcel. Bien, pues a este alcalde lo acompañó una azucarada campaña mediática desde que nombró las palabras “reconciliación” y “convivencia”.

El domingo se vio en qué consistían la reconciliación y la convivencia. Un partido político decidió celebrar allí un acto con, entre otros, Fernando Savater y Maite Pagazaurtundúa. Días antes de la celebración del acto ya había llamamientos a recibirlos “como merecen”. Entre esos llamamientos estaba el de Sortu, el principal partido de la coalición a la que pertenece el alcalde de Rentería. Llamamientos a recibirlos no con aplausos, o con un silencio solemne, que tal vez sería lo suyo, sino con insultos, con exigencias de que se “vuelvan a España”, con miradas de odio, con patadas a los coches y, lo de menos y lo que más se ha resaltado en cierta prensa, con caceroladas y lazos amarillos. La recepción fue justo lo opuesto al recibimiento que se ofrece habitualmente, también en Rentería, a presos de ETA que salen de la cárcel. A éstos se los recibe con aplausos y aurreskus, como recordó Pagazaurtundúa. A aquéllos se les recibió como si fueran asesinos. Había más personas insultando a los asistentes del acto, desde que entraron hasta que se fueron, que asistentes al acto. Este detalle se ha comentado con cierta sorna en la prensa no abertzale, dando la razón a la prensa abertzale, más roma, que señalaba directamente que no eran bienvenidos.


Ésta es la esencia no sólo de Rentería, sino de todos los pueblos vascos -y catalanes- en los que el nacionalismo no es que se haya desviado, sino que sencillamente ha llegado a su última fase, la de religión sustitutoria que genera sus propias inquisiciones y sus propios demonios. La esencia de cierta prensa no abertzale, por alguna razón, es tolerar que en numerosas regiones de España siga imperando la ley de la tribu, la separación entre un ellos y un nosotros, una separación étnica que va más allá de lo retórico.

Pero esta prensa no puede mostrar sin más el esqueleto de esta convivencia orwelliana. Necesita un relato, una ficción sobre la que construir su aceptación cobarde de lo peor de España, de Europa y de la historia reciente. Necesita artículos como los que se publicaron hace dos o tres años sobre el ejemplar alcalde de Rentería, aunque hoy no puedan ser vistos más que como una enorme equivocación, no sólo empírica sino principalmente moral. Gracias a esos artículos, y gracias a las campañas del propio ayuntamiento, se pueden publicar textos como el que hoy aparece en Naiz. “Adelante Errenteria”, dice el autor del texto. “Gora Errenteria”, decía Maite Pagazaurtundúa. El autor del texto apela a quienes el domingo le gritaban a Maite Pagaza que se volviera a España, los anima a que lo sigan diciendo. Maite Pagaza, que pasó su infancia en Rentería, también se dirigía a ellos. Se dirigía a ellos como el padre Barry se dirigía no sólo a los matones de La ley del silencio, sino también a aquéllos que guardaban un silencio cómplice. Pagazaurtundúa se dirigía a ellos y los miraba a la cara no para hacerse perdonar ni para intentar “seducirlos”, sino para que escucharan, por una vez y en su casa, que también es la de ella, en qué consiste el horrible proyecto del que decidieron ser parte.
La prensa no abertzale necesita artículos como el que hoy publica Naiz porque, además de dar la razón a quienes exigían a los asistentes del acto que se fueran y no volvieran nunca, deja pinceladas de la ejemplar lucha del pueblo por la convivencia:

Mucha «culpa» de todo esto que se respira por allí la tiene su alcalde Julen Mendoza, al cual también tuve el honor de conocer en uno de esos enriquecedores encuentros culturales. Entre finitos y tortitas de camarón, entonábamos “Txoria Txori” con un toque flamenco, en una bella armonía entre personas que únicamente quieren aportar y no destruir. Envidiable sin duda ese escenario logrado, ansiado por muchos pero no siempre conseguido.

Rentería, como tantos otros pueblos vascos -y catalanes- es el horror oculto tras una gran ficción. Es una aldea potemkin en la que todo es bella armonía, siempre y cuando los que hasta hace poco temían ser asesinados por no aceptar el modelo tribal de convivencia se queden en casa cuando alguien como Maite Pagazaurtundúa, vecina del pueblo y a cuyo hermano decidió asesinar ETA, pretende dar un discurso en la plaza. Puedes organizar jornadas culturales, comer tortitas de camarón, recibir con aplausos a los asesinos de ETA e incluso cantar con un toque flamenco; pero que no se te ocurra dar un discurso en la plaza para defender a quienes siempre fueron silenciados en pueblos como Rentería, porque dirán que vas a provocar. Lo dirán quienes aplauden a los etarras, el alcalde, los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco, la prensa abertzale, una parte de la prensa no abertzale, los dirigentes de partidos como Podemos e incluso, de manera más o menos explícita en función de las circunstancias, dirigentes del partido que durante un tiempo fue el partido de Maite Pagazaurtundúa.

La España negra es y ha sido siempre, desde que vivimos en un Estado de derecho, la España de Rentería, Alsasua, Vic y Amer. La España de los que limpian con lejía después de que pasen quienes son considerados enemigos del pueblo, la España de los que repiten el mensaje único desde la megafonía municipal, la España de los que cierran los pueblos a los que “vienen de lejos” mientras los abren a quienes decidieron asesinar a los enemigos del pueblo. Ésa es la España negra realmente existente. Y seguirá siéndolo mientras no entendamos que el primer paso para conseguir la España que quieres debe ser la denuncia firme y constante de esta España indeseable, y que en Rentería, Alsasua, Vic y Amer hay personas que quieren una España en la que se pueda vivir con normalidad, y que esas personas merecen algo más que una condena genérica, rápida y estéril de “las violencias vengan de donde vengan”. Porque las violencias vienen casi siempre del mismo sitio, y se dirigen casi siempre hacia los mismos.

——————————————————————————————————————–El Ayuntamiento de Rentería elaboró el año pasado una campaña para mostrar la convivencia y la diversidad que caracterizan al pueblo. El principal documento de la campaña era una canción. El nombre de la canción es “Egin zaidazu bisita”, algo así como “Visítame”. Al comienzo del vídeo, varios felpudos ante una puerta, con palabras como “Home”, “Ongi etorri” o “Bienvenidos”, en varios idiomas. Éste es el vídeo. A continuación, un vídeo en el que cualquiera puede ver cómo fue el trato a los que quisieron visitar Rentería el domingo. Y por último, el discurso de Maite Pagazaurtundúa en Rentería.

No sois bienvenidos

Ayer Santiago Armesilla iba a participar en un debate en la UPV/EHU, la Universidad del País Vasco, sobre el marxismo y la cuestión nacional española. Varias semanas antes algunos estudiantes activaron la “alerta antifascista”, es decir, la campaña de acoso y amenazas contra Armesilla y los llamamientos a impedir su participación en el debate. Los de las alertas antifascistas siempre han defendido un modelo de debate sin discrepantes. Algunos de los carteles le decían a Armesilla “Ez zara ongi etorria”. “No eres bienvenido”. Otros respondían a la llamada más general de “parar al fascismo como sea” y lanzaban amenazas más o menos veladas contra Armesilla e incluso contra los organizadores.

Hace unos días la rectora de la UPV, Nekane Balluerka, decía que “cualquier idea se puede defender en la UPV”. Lo decía porque cuatro meses antes un grupo de unos 15 estudiantes habían decidido dar una paliza a un estudiante de esa universidad. El mensaje era el mismo: no eres bienvenido. La rectora dijo que la universidad había brindado su apoyo al estudiante agredido, pero imagino que habría sido más útil retirar la capacidad de acción a los 15 que le dieron una paliza.

(Por cierto, los estudiantes que dan palizas cuando pueden y que se limitan a boicotear cuando no pueden, los del “ez zara ongi etorria” a personas que vienen a participar en un debate o a estudiantes con ideas desviadas del antifascismo militante, son los mismos que organizan los “ongi etorri” a los etarras que salen de la cárcel.)

Estos intentos del antifascismo organizado para depurar la universidad no son nuevos ni exclusivos de la universidad vasca, aunque es verdad que aquí existe un contexto distinto, el auténtico hecho diferencial. En la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, en el año 2010, varias personas decidieron boicotear una conferencia de Rosa Díez. Cuando los organizadores de la conferencia intentaron presentar a Rosa Díez una estudiante se levantó y levantó la mano para pedir la palabra. Uno de los organizadores del acto de repudio gritó “Arriba, arriba, arriba”, los convocados se levantaron y mostraron una tarjeta roja. Uno de ellos comenzó a cantar “Eusko gudariak”.
La persona que tenía el micrófono preguntó a los estudiantes organizados: “¿Podemos seguir con el acto?”. Los convocados gritaron “No” al unísono. “Libertad de expresión”, decían. La persona que tenía el micrófono volvió a responder: “Por supuesto, libertad de expresión para todos”. Y acto seguido decidió cargarse la libertad de expresión de Rosa Díez; permitió que se entregase un micrófono a la estudiante que había levantado el brazo. “Señora Rosa Díez, no hemos venido a impedir que hable”, fue lo primero que dijo la estudiante elegida para impedir que Rosa Díez hablase. Y comenzaron a leer un comunicado.

Usted no es bienvenida y nos gustaría que no viniese nunca más”, dijo una de las personas que llevaron a cabo el acto de repudio. Esa persona era Errejón, no sé si el hoy moderado Errejón o su hermano. En cualquier caso, los dos estaban allí, los dos participaron. También estaba Pablo Iglesias, que fue quien dirigió el acto. Después del “no eres bienvenida” los participantes en el acto de repudio comenzaron a gritar “fuera fascistas de la facultad”. Miquel Rosselló contó en su blog que, tras ese mensaje performativo, efectivamente Iglesias, los Errejón y el resto de estudiantes antifascistas abandonaron la sala.

Esto ocurrió en 2010, se conoció en 2014 y en 2019 ya se ha olvidado. Porque si no se hubiera olvidado sería algo por lo que Errejón e Iglesias tendrían que responder todos los días. Ellos, antes de contar por fin con un partido, decidían quiénes eran bienvenidos en la universidad pública y quiénes no. Ellos eran los que tenían una idea posesiva y sectaria de la universidad. No de su universidad, sino de la universidad pública. Y ahí están hoy, adalides de la libertad. Y de lo público, algo que para ellos siempre debía ser exclusivamente suyo.

Hablaba ayer de Alsasua y de Atxaga. Hace unos meses la plataforma España Ciudadana organizó un acto en Alsasua. Albert Rivera habló en la plaza del pueblo y Savater dejó un discurso contra las tribus particulares y las identidades colectivas. Un discurso necesario, precisamente en un pueblo como Alsasua. Una buena parte del pueblo decidió organizarse para mostrar su repudio a los convocantes y a lo que decían. Y a lo que eran. “Españoles hijos de puta” fue uno de los gritos que se pudieron oír. Horas antes del acto habían dejado estiércol en la plaza, en su propio pueblo. El acto se llevó a cabo a pesar de los gritos, de los altavoces con música e incluso de las campanas de la iglesia. Se llevó a cabo porque el objetivo principal no era que no se llevase a cabo, sino que les quedase claro a los organizadores y participantes -y a algunos vecinos- que no eran bienvenidos. Es el auténtico objetivo de los antifascistas organizados de la universidad vasca, de los Iglesias y Errejón y de los de los pueblos vascos: “no sois bienvenidos”. No os dejamos hacer política aquí, porque esto es nuestro.

Todo esto ocurrió hace unos años en Madrid, hace unos días en Bilbao y hace unos meses en Alsasua. El domingo Rivera y Savater darán en Rentería el primer mitin de campaña. También estará Maite Pagaza. Ya ha comenzado el mensaje: no son bienvenidos. Ni Rivera, ni Savater, ni Pagaza ni probablemente el candidato de Ciudadanos al Ayuntamiento de Rentería, si es que lo hay. Tampoco Santiago Armesilla, como tampoco lo era Rosa Díez. El “no sois bienvenidos” es un muro, ahora que se habla tanto de los muros. Y tratar de impedir que otras personas debatan, hablen o den conferencias es una amenaza contra los derechos y libertades de todos los ciudadanos, una “amenaza contra la democracia”, como se dice ahora habitualmente, aunque nunca para referirse a estos actos habituales del antifascismo organizado.