Lotsa barik (contra un tipo de violencia en fiestas)

El Gobierno Vasco está preocupado por la proliferación de mensajes que fomenten actitudes violentas en sus fiestas. Aunque en este caso no se aplica eso de “todas las violencias”, tal vez porque las fiestas vascas modernas han sido desde los inicios una plataforma para promover una de esas violencias. La de ETA y su entorno.

Junto al programa oficial, las comparsas -las cuadrillas- organizan también sus actos festivos. Dentro de ellos se sitúan los “gestos de solidaridad” y el “homenaje a los familiares”, ambos dirigidos a los presos de ETA.
Más conocida es la exhibición de fotos de presos de ETA en las txosnas. Es algo constante que sólo se interrumpió cuando el Ayuntamiento de Azkuna, en 2009, sancionó a dos comparsas -Txori Barrote y Kaskagorri- por la exhibición continuada de esas fotos y por enaltecimiento del terrorismo. En la última de ellas se exhibían pegatinas de “ETA bietan jarrai” además de las fotos.

El problema es que esto no era algo limitado a dos comparsas. Todas las demás se solidarizaron con los simpatizantes de ETA y denunciaron la decisión del Ayuntamiento.
En 2013 las comparsas eligieron como “txupinera” a Jone Artola. Artola era fundadora de Txori Barrote. Había sido candidata de Euskal Herritarrok y de Acción Nacionalista Vasca, ambas ilegalizadas por ser parte de la estrategia de ETA para seguir en las instituciones.
El delegado del Gobierno, Carlos Urquijo, pidió la suspensión del nombramiento porque podía suponer una humillación para las víctimas del terrorismo de ETA. Las comparsas reaccionaron diciendo que no se planteaban otra txupinera que no fuera Artola, y recurrieron, junto con el Ayuntamiento, la suspensión cautelar del nombramiento.
En 2016 un magistrado del Juzgado Contencioso-Administrativo de Bilbao dio la razón a Urquijo, y meses después el TSJPV revocó esa primera sentencia.

Artola lanzó un txupin alternativo y participó en el “homenaje a las txupineras” de ese año. Junto a ella estaba Arantza Garbayo, que recibió ese honor en 1999. No pudo acudir a lanzar el cohete porque estaba en la cárcel. Había sido condenada en 1996 por colaboración con el “comando Vizcaya”, y en 1998 por planear un intento de asesinato contra Manuel Fraga. Por lo primero le cayeron ocho años, y por lo segundo 45, que fueron rebajados hasta los 20.
Arantza Garbayo, miembro de ETA, salió de la cárcel en 2013 y por fin pudo recibir el cariño de las comparsas de Bilbao.

Pero decíamos que el Gobierno Vasco está preocupado por las actitudes que normalizan la violencia en fiestas, y por eso Emakunde, un organismo autónomo del Gobierno Vasco, ha decidido lanzar una lista de canciones en la que no están Despacito o Súbeme la radio.
La lista de canciones es sólo una parte de una campaña más grande de Emakunde mediante la que se pretende concienciar a la población, especialmente a los jóvenes, de que los comportamientos sexistas no son admisibles, y de que deben mostrarse activos ante las agresiones sexistas.
Está muy bien que se lancen estos mensajes, y afortunadamente este tipo de agresiones no cuenta con ningún tipo de respaldo. Es más, quienes las cometen suelen recibir el desprecio social además de la condena que proceda.

Es una pena que Gogora, el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos, un organismo también del Gobierno Vasco, no complemente la actividad de Emakunde. Es una pena porque la violencia de ETA sí ha tenido un respaldo social sostenido. Al contrario de lo que ocurre con la violencia sexista, la violencia de ETA es celebrada en las fiestas del País Vasco. Las comparsas exhiben fotos de quienes han sido condenados por pertenecer a esta organización terrorista, e incluso nombran como representantes oficiales a personas condenadas por pertenecer a una organización que se ha dedicado a agredir de todas las maneras imaginables a mujeres, y también a hombres y a niños.
Las fiestas serían una plaza muy apropiada para las actividades de sensibilización de Gogora. Podrían organizar paseos por las casetas que apoyan a los terroristas de ETA, o elaborar talleres para que los jóvenes vascos aprendan que la violencia y el odio no pueden ser justificados. Para que lo aprendan precisamente en los lugares en los que se fomentan y se manifiestan esas actitudes.
Pero no lo van a hacer, porque ese intento de mejorar la convivencia dificultaría enormemente la Convivencia, que es su objetivo real.

En cuanto a la música, seguramente este año sonará también “Sarri, Sarri”, De Kortatu. Es un clásico en fiestas, y su letra celebra de manera festiva la fuga de la prisión de Martutene de dos etarras.
Fermín Muguruza aparece varias veces en la lista recomendada por Emakunde. Muguruza reconoce hoy que durante una época apoyaba la “lucha armada”, y llamar “lucha armada” a lo que hacía ETA deja claro que sigue donde estaba.

El Gobierno Vasco sigue también donde estaba. En el mismo lugar que la mayor parte de la sociedad, que denuncia enérgicamente una violencia que nadie apoya mientras acepta con normalidad la violencia de quienes durante años han hecho la vida imposible a ésos que algo habrían hecho.


 

En el último concierto de Kortatu, el grupo de Fermín Muguruza antes de crear Negu Gorriak, se escuchó esta canción. Y los coros, que decían “ETA” acompañados de la batería y la guitarra.

Fuego en los genes

violencia

Todos podemos aceptar en mayor o menor grado que buena parte de lo que somos y hacemos es el resultado de una determinada configuración genética. El entorno influye, claro, pero sólo hasta cierto punto. Los genes, en cambio, condicionan. O predisponen. No determinan, gracias a Dios. Pero aprietan que da gusto.

Así, en una misma casa, con la misma educación, los hermanos pueden tener, y normalmente tienen, gustos muy diferentes. Pueden tener facilidad para los idiomas, para las matemáticas o para el deporte. Pueden pasar horas frente a la televisión o escuchando música. Dentro de la música, algunos se sentirán atraídos por la clásica, y otros por el pop. Muy poco hay en esos gustos adquiridos de “adquirido”. Todo esto, decía, no creo que sea difícil de aceptar.

Avanzando un poco, son también los genes los que predisponen a una persona a buscar experiencias límite como tirarse en paracaídas, nadar entre tiburones, lanzar piedras a la policía o descender por los rápidos de un río. Paracaídas, tiburones, rápidos, ¿policía? Sí, también. Detrás de todos esos disturbios que se producen en cada manifestación y que al parecer no tienen nada que ver con la manifestación en cuestión -se ve que hay por ahí muchos lectores de Hume- probablemente estén los genes. No es que el Pueblo esté harto, sino que algunas personas necesitan lanzar piedras, o consignas, o cócteles molotov. Y da lo mismo que el de al lado enarbole la bandera comunista, el arrano beltza o una esvástica retorcida. Esto no quiere decir que una misma persona pueda estar indistintamente en una manifestación neonazi y en una comunista, sino que probablemente -sí, siempre es probablemente- la elección por el modelo del gulag o el de los campos también estará en los genes. Algunos preferirán el bigote grande, y otros el bigote pequeño. Y no se decantan por uno u otro únicamente en función de su entorno o de sus lecturas. Si fuera así, bastaría con leer El Manifiesto Comunista o Mi Lucha para convencerse. Luego tiene que haber algo más allá de esas lecturas. Tiene que haber algo anterior a esos estímulos. Y ese algo, decíamos son los genes.

Entonces, ¿hay un gen comunista, o nazi, o violento? No, no es así. Al parecer se trata de algo bastante más complejo. No son genes aislados los que configuran la personalidad de cada individuo, sino combinaciones entre genes que configuran aspectos más generales. No son los genes los que hacen que alguien coja una antorcha, pero sí pueden hacer que esa persona sea más o menos reflexiva, más o menos impulsiva, más o menos agresiva. O que tenga una necesidad mayor o menor por el orden, una aversión mayor o menor a la incertidumbre y al riesgo, una capacidad mayor o menor para empatizar con otras personas…

Todos los que estaban hace unas horas arrojando contenedores, botellas y piedras contra la policía, los bancos y los comercios no son simplemente bárbaros ciudadanos comprometidos-aunque-confundidos. Pero tampoco son sólo marionetas de sus genes. Si fuera así, no podríamos hablar de responsabilidad. Adiós a la civilización. Lo que plantea otra cuestión: ¿decimos que no son simples esclavos de sus pasiones porque sabemos que no es así, o porque si fuera así habría que replantearse profundamente las bases del orden social? Seguramente ambas, aunque es lo segundo lo primero en acudir a la mente.

En cualquier caso, no teman. No podemos decir que nuestra tendencia política esté únicamente en los genes. Tampoco nuestra tendencia a ser más o menos violentos. Pero parece evidente que gran parte de las explicaciones a esas conductas parten de la genética. Es posible tener una predisposición a la violencia y no ser violento, gracias a los inhibidores y moderadores sociales. Aunque me atrevería a decir que precisamente nuestra respuesta a esos inhibidores también está condicionada por los genes. Un mayor o menor miedo al castigo, un mayor o menor nivel de testosterona o un mayor o menor aprecio por los argumentos éticos bien elaborados condicionarán el efecto de los mecanismos de represión de la violencia.

But I digress, again. Todo lo que se vio ayer -el mal gusto, la violencia sin sentido, la incapacidad de tener en cuenta las consecuencias de esas acciones, el miedo a detener al compañero dispuesto a lanzar una piedra, la reacción defensiva de un participante cuando se le mencionan estos brotes violentos, los discursos populistas, mesiánicos y sentimentalistas, la reacción favorable a ese tipo de discursos, la sensación de grupo que se genera en ese tipo de actos…- está, en parte, enterrado en los genes. Los manifestantes que desean la muerte de Rajoy y los que desean la muerte del árbitro de turno responden a los mismos impulsos. Y no van a dejar de hacerlo simplemente porque alguien dialogue con ellos. Entre otras razones, porque aceptar que algo tan personal como las ideas y la manera que elige cada uno para defenderlas están de alguna manera escritas en los genes, puede ocasionar demasiadas molestias.

OBRAS MENCIONADAS:

Koba el temible

La tabla rasa: La negación moderna de la naturaleza humana