Dos escenas de la humanidad

Veo en Twitter algo interesante. Una escena que pueda servir como legado de la humanidad. Quien escribe el tweet elige la escena final de Senderos de Gloria. Además del ejercicio, la escena en sí también es muy interesante. No la recordaba. La escena más recordada de la película de Kubrick es la del diálogo en la celda y la cucaracha. O el travelling en el que vemos a Kirk Douglas recorriendo las trincheras.
No recordaba la escena final, y cuando termino de verla no sé qué me parece. Al principio pensaba que era un mensaje contra “nuestros” bárbaros. En mitad de la guerra contra los bárbaros alemanes, los franceses asisten a un espectáculo en una taberna. Una joven alemana es presentada como un trofeo de guerra. Representa todo lo malo de aquellos contra los que luchan, y los franceses dejan salir todo lo malo de aquellos a los que han puesto a luchar. Hasta ahí habría sido una escena pesimista, o realista, sobre lo que encierra la humanidad y sobre nuestros límites. Pero la escena no termina ahí. Dax vence el asco y se queda unos segundos más. La joven alemana comienza a cantar y los bárbaros franceses comienzan a amansarse. El desprecio por la joven da paso a otra cosa. ¿La música es capaz de alejarnos de nuestra naturaleza de bestias? Esto sería un mensaje terriblemente infantil.
Creo que la escena me parece tramposa. Creo también que es necesario que haya películas que muestren no sólo la naturaleza bestial de lo humano, sino la posibilidad de alejarse de ella. Pero deben hacerlo “bien”. La súbita reconversión motivada por una canción me parece algo muy fácil y muy falso. Aunque es lo que Kubrick elige mostrar, y Kubrick no está escribiendo un tratado sobre la naturaleza humana, sino sólo una película.

Después de verla me acuerdo de otra película y de otras escenas. Me acuerdo de “Matar a un ruiseñor”. No creo que sea la mejor película de la historia, creo que es una de las mejores obras de la humanidad. En ella vemos a las bestias. Y vemos que las bestias no están condenadas a ser bestias. Vemos cómo una niña acerca a las bestias a lo humano mediante la inocencia y la vergüenza. Hace lo que el logos de Atticus no habría conseguido: evita un linchamiento y sobre todo evita que unos seres humanos caigan aún más. No lo habría conseguido el logos, y probablemente tampoco lo habría conseguido la fuerza de un Tom Doniphon. No al menos la interrupción de la caída. Tal vez habría conseguido evitar el linchamiento, que es sin duda lo más grave, pero Tom Doniphon no habría conseguido alejar a esos seres humanos de su peor naturaleza. Ni Atticus Finch o Ransom Stoddard mediante la ley y la razón, ni Tom Doniphon mediante la fuerza y el miedo: es Scout, mediante la vergüenza. Y no la belleza de una canción que sale de la boca del otro, como en Senderos de Gloria.

No es la belleza, es el sentimiento de vergüenza.
Hay algo en esto que merecería ser cierto. Que haya en nosotros algo en lo que está escrito qué es el bien y qué es el mal, o al menos qué es correcto y qué es inaceptable, y que no haya sido escrito por nadie, ni por Dios ni por los hombres. Y que haya personas capaces de acceder a ese fondo común y despertarlo para desactivar nuestra peor naturaleza, ésa que convive junto a esta otra.
Hay una parte de ficción en todo esto, no sólo en la película. No hay, en rigor, una naturaleza buena y una mala. La naturaleza mala, la del miedo, el odio y el impulso agresivo canalizado de una u otra manera es probablemente lo que permitió que nuestra tribu no fuera devorada por las bestias. Y la naturaleza buena, que no dependería de mecanismos como la admiración o el respeto sino en realidad de algo mucho menos noble, la vergüenza, es lo que permitió que nuestra tribu pudiera aspirar a ser algo más que una tribu de bestias.
Nos avergüenza lo que debería avergonzarnos. Nos avergüenza que una niña pregunte por nuestros hijos, sus amigos, mientras nos dirigimos a linchar a un hombre al que consideramos una bestia. Y es algo maravilloso.
Es algo de una belleza extraña, algo ante lo que tal vez no quepa admiración u orgullo, puesto que si esto es así es porque el azar y la selección natural “han decidido” que seamos así.
Ésta es la cuestión: que estemos “programados” para sentir vergüenza es lo que nos permite que podamos decidir no ser sólo bestias.

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Bueno para España


Vamos a ser analíticos, que siempre es lo más apropiado.

Lo primero, los hechos.

El PSOE de Sánchez -es decir, el PSOE y también el PSC, el PSN, el PSE, el PSIB de Sánchez- ha alcanzado acuerdos de gobierno con ERC y JxCat, que son dos de los partidos que promovieron hace menos de dos años un golpe de Estado en Cataluña. Ha alcanzado acuerdos de Gobierno también con la CUP, que además de participar en el golpe de Estado es lo más parecido a una Batasuna fuera del País Vasco, con la diferencia -no pequeña- de que no dependen de una banda terrorista para hacer política. Dos de sus dirigentes estuvieron, antes del golpe de Estado, en el homenaje al etarra fallecido Kepa del Hoyo, en el que se aplaudió a etarras como Txapote. Tienen incluso una organización juvenil equivalente a Ernai, Arran. Esta organización es orgánicamente independiente de la CUP. Es decir, operan sin correa. Y entre sus operaciones destaca el señalamiento público del juez Llarena o el vandalismo contra las sedes de partidos políticos considerados enemigos del pueblo catalán.

Sigamos siendo analíticos. El PSOE de Sánchez está a las puertas de alcanzar un acuerdo de Gobierno en Navarra con Izquierda Unida, Podemos y Geroa Bai. Con los nacionalistas y con la extrema izquierda. Un acuerdo de Gobierno que además necesitará los votos, y por tanto la participación, de Bildu. Y como necesitará sus votos, los dirigentes del PSOE ya han empezado a fabricar el mensaje de que Bildu es un partido tan legítimo como los demás, con la excepción de Vox, Ciudadanos y el PP, que son fascistas.

Podríamos seguir siendo analíticos. Podríamos recordar lo que han significado los pactos del PSOE con los nacionalismos en Cataluña, País Vasco o Baleares, más allá del peaje moral de pactar con partidos que entienden que el golpe de Estado o el terrorismo son herramientas legítimas en política. Podríamos recordar la política lingüística en Baleares, el Programa 2000 en Cataluña o los cuatro años de nada de López en el País Vasco. Podríamos recordar, en fin, que el PSOE no ve los pactos con nacionalistas como un mal menor, sino como la alianza natural del PSOE.
También podríamos engañarnos, pero decíamos que íbamos a ser analíticos.

Por último, vamos a recordar la utilidad de los votos de Valls y de Collboni en Barcelona: gobierna Ada Colau. Y el mismo día en que supo que iba a gobernar anunció que volvería -es importante este verbo, “volvería”, si somos analíticos- a colocar un lazo amarillo en la fachada del Ayuntamiento y volvió a decir que los acusados por el golpe de Estado en Cataluña eran presos políticos. Pero dijo, eso sí, que no era independentista. Ni antindependentista.

Bien, ésos son los hechos. Algunos, porque no es cuestión de recordarlos todos. Pero sí son los hechos más importantes para lo que vamos a decir ahora.

El futuro de España depende los votos de un partido como Ciudadanos. Es decir, Ciudadanos podría impedir que el PSOE de Sánchez volviera -es importante este verbo, si seguimos siendo analíticos- a pactar con partidos como ERC, JxCat o Bildu. Y es verdad. Podría hacerlo. Y para hacerlo tendría que sentarse a hablar con Sánchez. El mismo Sánchez que insiste en que no hay nada problemático en pactar con partidos como ERC, JxCat o Bildu.
Pero en fin, pasemos a la especulación. Imaginemos que Ciudadanos se sienta a hablar con Sánchez. Habría al menos dos posibilidades.

1 – Ciudadanos se deja llevar por algunas de las llamadas a la responsabilidad y permite que Sánchez sea elegido presidente del Gobierno. España está a salvo. Salvo por el pequeño detalle de que quienes más recientemente pusieron en serio peligro el futuro de España, quienes dieron un golpe de Estado hace menos de dos años, siguen gobernando en no pocas localidades junto al PSOE. Siguen gobernando Cataluña. Y seguimos. Algunos de los responsables individuales de ese golpe de Estado esperan la sentencia después del juicio por el golpe de Estado. Probablemente habrá condenas. El PSC que gobierna en no pocos municipios con los partidos del golpe de Estado ya ha dicho que intentarán que Sánchez indulte a los presos políticos -importantes las palabras, siempre- condenados. Y la cuestión, analíticamente, no es que se lleguen a producir esos indultos, sino que se haya permitido gobernar a quienes piden con total normalidad que se concedan esos indultos.

Seguimos. Probablemente el PSOE gobierna Navarra junto a Geroa Bai, Podemos y la izquierda restante. Y con Bildu. Dentro del gobierno o desde fuera, pero con Bildu. Porque sin Bildu no hay gobierno posible, salvo que haya un gobierno con Navarra Suma, que para el PSOE son los inequívocamente fascistas.

Bien, exactamente esto es lo que algunas voces llaman sentido de responsabilidad. Sánchez gobierna España y el PSOE mantiene sus pactos con quienes no aceptan las leyes comunes a las que todos los españoles debemos someternos.
Pero hay otras opciones.

2 – Ciudadanos se sienta a hablar con Sánchez. Y le dice lo que debería haberle dicho hace varias semanas. Precisamente por el bien de España, porque es su principal objetivo en política y porque es lo que exige la razón, pone las siguientes condiciones: ningún acuerdo de Gobierno con ERC, JxCat y Bildu. Ninguno, en ningún sitio, sin trampas. Ningún acuerdo de gobierno que dependa de sus votos. No hace falta ni siquiera exigir acuerdos de Gobierno con el PP o con el propio Ciudadanos donde sea posible; bastaría el sentido común. Y podrían seguir con las condiciones: pacto concreto, no comisiones vacías, sobre Educación y política territorial. Con análisis en la mesa sobre lo que está mal y con medidas para corregirlo: adoctrinamiento, disparidad en criterios de evaluación, diseño de la prueba de selectividad, costes de emplear como lengua vehicular lenguas que los alumnos no dominan, revisión de la función de la inspección educativa, revisión de los niveles de comprensión lectora, excelencia.

Creo que cualquiera de las dos condiciones (no a los pactos con ERC/JxCAT/Bildu y reforma profunda de Educación) sería rechazada sin miramientos. Porque no se entiende al PSOE sin los pactos con los nacionalistas, que es lo que vincula las dos posibles condiciones. No se entiende al PSOE, a este PSOE y al anterior, sin su empeño constante en expandir los relatos y las herramientas nacionalistas. Si el PSOE aceptase esas dos condiciones, o una de ellas -cualquiera; la otra llegaría como consecuencia necesaria- el PSOE dejaría de ser el PSOE, y probablemente se convertiría en un partido de izquierdas no nacionalista. Y efectivamente, eso sería una excelente noticia para el futuro de España. Pero no para el PSOE, para este PSOE. Porque la mayor parte de quienes forman parte de este PSOE no podrían respirar en un partido de izquierdas con un discurso firme frente al nacionalismo. Hay notables excepciones, claro. Siempre las hay, en casi todos los sitios. Pero en el caso del PSOE las excepciones están normalmente fuera del PSOE.

Así que en esta segunda opción el PSOE seguiría viéndose abocado, empujado, forzado a pactar con ERC, JxCAT y Bildu, porque las condiciones de Ciudadanos serían irrealizables, alimento para la crispación, no aceptamos cordones sanitarios, etc. Es decir, volveríamos a aquello que había que evitar.

Y la pregunta: ¿cuál de las dos opciones sería buena para España? ¿La primera, un pacto que se desentiende de los pactos del PSOE con quienes entienden la política como la relatividad de las leyes y el triunfo de la voluntad popular? ¿La segunda, un pacto con el PSOE que el PSOE jamás aceptaría, porque supondría una violenta transformación del PSOE?
¿De qué estamos hablando cuando hablamos de lo bueno para España, de aceptar lo peor que hay en la política española o de algo que no podría existir?

Hay una tercera opción, es verdad. El PSOE acepta las condiciones de Ciudadanos y entramos en la Era de la Razón. 8,7 en IMDB. E incluso una cuarta: el PSOE no acepta las condiciones, hay nuevas elecciones, los votantes castigan la irresponsabilidad del PSOE -sí, la del PSOE; je- y Ciudadanos se convierte en la segunda, quién sabe si en la primera fuerza política. Premio Hugo y Nebula.

Dicho esto: que se sienten con Sánchez. Es un error no hacerlo, porque al no hacerlo se permite que el mensaje siga siendo el que el PSOE quiere que sea, y porque es importante que haya un mensaje más allá de los vetos, de las consignas y de las representaciones enfáticas. Porque sin mensaje, es decir, sin una argumentación racional, sin ideas fundamentadas en la razón, no hay más que vacío. Y el vacío sólo funciona en algunos partidos políticos.
No nos engañemos; sentarse con Sánchez es una cuestión de estrategia política de un partido político, no sentido de Estado. El mero hecho de sentarse con Sánchez no sería bueno para España, sino, como mucho, bueno para Ciudadanos. El bien de España, de sus ciudadanos, está en las manos del PSOE. Ésa ha sido siempre la cuestión, hombre.

Galdácano de los etarras

Primero fueron los etarras de Galdácano. No recuerdo si fueron antes los cohetes y las antorchas cuando salió de la cárcel Javi de Usánsolo -el asesino del niño Fabio Moreno- o las fotos de Txapote y el resto de etarras encarcelados en las paredes del pueblo.

Después los etarras vinieron a Galdácano. Cuando el etarra Kepa del Hoyo falleció de un infarto en la cárcel, los compañeros de todas las ramas pasearon por las calles. Ahí estuvieron Tomi Madina y el propio Javi de Usansolo. También Arnaldo Otegi, Kubati o Arkaitz Rodríguez. Hubo incluso una delegación de la CUP, formada por Anna Gabriel y Eulàlia Reguant. En la plaza, después de que hablase el hijo de Del Hoyo, una mujer dijo los nombres de todos los etarras. Hubo aplausos para todos los asesinos. También, también para Txapote.

Junto a eso, las celebraciones habituales, año tras año. Desde la pancarta de ETA en las fiestas hasta la mesa de Nochebuena en medio de la calle principal, con representaciones de Txapote, Bienzobas, Crespo y todos los demás, durante horas, sin que la policía municipal la retirase, sin ningún tipo de mensaje institucional.
En Nochebuena y, este último año, también en Nochevieja, durante la carrera popular, con todo el pueblo en la calle.

El Ayuntamiento hasta hace días estaba en manos del PNV y del PSE. Estaba en manos del PNV y del PSE cuando se permitía que los amigos de los etarras ocupasen el espacio público para homenajear a los asesinos. Tal vez no podían impedirlo. Pero lo que sí podían hacer era decir algo. Decir es algo que todo el mundo puede hacer, especialmente si se tiene la protección derivada de estar al cargo de una institución. Pero nadie del PNV decía nada, y nadie del PSE decía nada. Ni siquiera cuando veían, porque tenían que verlo, era imposible no verlo, la mesa de Nochebuena en medio de la calle principal. Tal vez decían algo en privado, no lo sé. Lo que sé es que cuando los etarras ocupan las calles, lo que se dice en privado no sirve para nada. Porque lo que se dice en privado no lo ve nadie, y la mesa con los rostros sonrientes de Txapote, Bienzobas, Crespo o Krutxaga la ven todos los vecinos, todos los años. Y lo que se ve todos los años se convierte en lo normal.

Hoy EH Bildu no está en la oposición. No contarán con la complicidad del Ayuntamiento para homenajear a sus compañeros; podrán hacerlo desde el propio Ayuntamiento.
Y podrán hacerlo, en primer lugar, porque mucha gente del pueblo ha decidido votar a un partido como EH Bildu. ¿Por qué no? Hace unos días el secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos, decía que los 350 diputados del Congreso, todos ellos, le merecían la misma consideración. Antes, el candidato del PP a la alcaldía de Labastida había ofrecido a Bildu un acuerdo de gobierno que finalmente fue desautorizado.
Podrán hacerlo también porque han conseguido el apoyo de Podemos y de dos plataformas vecinales, Usansolo Herria y Auzoak. Es decir, la gente. La gente es la que ha hecho posible que EH Bildu vaya a gobernar Galdácano, a pesar de la complicidad con los hasta 13 etarras del pueblo, y a pesar de las diez personas que ETA asesinó en el pueblo.

No vale decir que todo eso es agua pasada, y tampoco vale decir que no conocen nada de eso. Todas estas cosas son el presente, no el pasado. El presente es Bea Ilardia, concejal de EH Bildu la pasada legislatura, subiendo a Twitter una foto en la que Tomi Madina retira su nombre de la pared de la Herriko y diciendo “Uno menos y se echan en falta otros doce. Bienvenido Tomi”. A la izquierda de la foto retirada, Txapote. A la derecha, Bienzobas. Dos de esos doce.


El presente es toda la gente alrededor de Bildu, los jóvenes, organizando pegadas de carteles y homenajes como el del año pasado a Kepa del Hoyo, en el bosque, con toda la parafernalia simbólica. O las pancartas de agradecimiento a quienes decidieron integrarse en la banda terrorista. Ante ese presente el PNV y el PSE no hicieron nada, o hicieron muy poco. Nunca estuvieron en las redes sociales ni en la calle para combatir el relato de ETA.

Hace unos años se lanzaron cohetes para celebrar que el asesino del niño Fabio Moreno salía de la cárcel, hoy han tirado cohetes para celebrar la victoria, y ese presente ante el que no se hacía nada le ha estallado en la cara al PNV y al PSE, y a todos los vecinos de Galdácano.
En realidad no a todos, claro. Más de la mitad de los vecinos que votaron en las municipales, los que votaron a Bildu, a Podemos y a las dos plataformas vecinales, estaban hoy junto a quienes tiraban cohetes, y estarán junto a quienes reciban como héroes a los etarras del pueblo.

La política es lo que hacen los ciudadanos dentro de la ciudad. La política consiste en aprobar presupuestos, organizar fiestas y realizar obras. Pero también consiste en defender unos principios, en defenderlos activamente y por las razones correctas. Durante años se permitió en Galdácano que los bárbaros ocupasen las calles y sacasen las antorchas. Se permitió no sólo que lo hicieran, sino que lo hicieran sin oposición, sin que al otro lado hubiera un discurso sólido y cohesionado contra el asesinato como herramienta política y contra la complicidad con los asesinos. Todo eso se normalizó gracias a la machacona insistencia de unos pocos y a la cómoda complicidad de muchos. Hoy tenemos a los bárbaros no dentro de la ciudad, sino dirigiendo la ciudad. Era cuestión de tiempo. Desde el momento en que se decidió que no valía la pena recordar a los muertos, que no era necesario defender los principios, era cuestión de tiempo. Sólo había que sentarse a esperar. Y eso fue exactamente lo que se hizo.

“Lo que nos une”

Hay muchos discursos en torno a “lo que nos une”. Algunos de esos discursos se ilustran con danzas, trajes regionales o banderas. Imagino que es por el hecho de que se ilustran con danzas, trajes y banderas que algunos se empeñan en encontrar ahí la auténtica Ilustración española. Otros discursos apelan a la lengua, y algunos hablan de la tradición, sea lo que sea eso. Pero todas esas cosas, a lo sumo, es lo que compartimos. Unos con otros, otros con unos, en relaciones que no participan de las propiedades matemáticas que nos enseñan en la escuela. Lo que compartimos incluye un “nosotros”, pero un “nosotros” que no es inclusivo. En España hay multitud de danzas, trajes, lenguas y tradiciones, y lo mismo ocurre con las banderas, a pesar de que hay una bandera y una lengua que son comunes a todos. El problema es que la transacción entre esos elementos y los múltiples“nosotros” es el sentimiento. Los sentimientos son con frecuencia problemáticos, como aprendemos también en la escuela. Son problemáticos porque no son racionales, no garantizan la reciprocidad, no pueden exigirse. Convivimos con ellos, con los nuestros y con los de los otros, e intentamos gestionarlos para que no afecten demasiado a las cuestiones mundanas. Así que si “lo que nos une” debe depender de danzas, lenguas, tradiciones o banderas, y de cómo los sentimos, será complicado elaborar un discurso racional en torno a ello.

Pero hay algo que sí nos une a todos. Lo que nos une es la sujeción a unas normas, códigos o principios. A lo que podemos llamar, en abstracto, el Estado. El Estado es lo que nos une y lo que nos hace -artificio, por tanto- iguales. El Estado, a diferencia de la nación, no hace falta construirlo cuando ya existe. Porque es una ficción, sí, pero una ficción administrativa. Por eso es distinto de la nación, que es una ficción metafísica.
No hace falta construirlo, pero es fácil erosionarlo. Y cuando se erosiona no se erosiona la bandera, el gobernante o las instituciones. Se erosiona aquello que nos une, literalmente. Lo que nos sujeta. Lo que nos convierte en sujetos políticos y en sujetos de derechos, es decir, la posibilidad de someternos a unos códigos, a unos principios, a unas normas comunes, iguales para todos, que nos hacen a todos iguales.

Una de las maneras de erosionar esto que nos une es introducir mecanismos paralelos a las normas, principios o códigos del Estado. Introducir estos “Estados paralelos” en los mecanismos de acceso a la función pública o al sistema público de enseñanza es una de las maneras más eficaces de erosionar el Estado, porque en esos ámbitos es muy fácil observar la ficción. Y una de las condiciones para que una ficción funcione, también en política, es que no se vea.

Esos mecanismos paralelos tienen efectos prácticos. Pueden suponer perjuicios para un grupo de ciudadanos, y pueden producir desigualdades -también artificios, por tanto- entre ciudadanos del mismo Estado. Pero además de esos efectos en el futuro de determinados ciudadanos, produce un efecto en el conjunto de todos los ciudadanos. Ese efecto es la erosión de la noción misma de ciudadanía, que va necesariamente ligada al Estado. La erosión de la idea de que todos somos, como ciudadanos, iguales.

La propuesta de un examen único para el acceso a los estudios universitarios no es sólo una cuestión práctica. No es sólo que los alumnos de una u otra comunidad se vean perjudicados por las diferencias en los exámenes de acceso o en los criterios de corrección. Es, también, una cuestión de principios. Se trata de defender una ciudadanía asimétrica o de garantizar que todos los ciudadanos, también los estudiantes, sean tratados de la misma manera por el Estado.

Lo que está en cuestión es el principio de que todos los ciudadanos han de ser iguales en su relación con el Estado. Todo lo demás es relato. Relato nacionalista.

La alegría

Iñaki Igerategi se encontraba en su puesto de trabajo, la estación de bomberos de Tolosa, cuando fue detenido en 2012. Iñaki era bombero y miembro de ETA.

Iñaki Igerategi decidió empezar a colaborar con ETA cuando tenía cerca de 30 años, tal y como cuenta Leyre Iglesias en El Mundo en una crónica que merece la pena leer. Antes de eso había empezado a colaborar con el sindicato abertzale LAB. Como miembro de ETA se encargaba de buzonear las cartas de extorsión que la banda enviaba regularmente a empresarios. (En los últimos días ha aparecido información interesante relacionada con esta cuestión. Según recoge Europa Press, y según las actas incautadas a ETA, durante las negociaciones entre el Gobierno de Zapatero y ETA se frenaron todas las detenciones de etarras, se ocultaron las cartas de extorsión que la banda seguía enviando, y el Gobierno del PSOE ofreció a la banda terrorista, para que dejase de enviarlas, “arreglar el problema del dinero”. Es decir, el Gobierno del PSOE se ofreció a financiar la banda terrorista ETA. Pero ésa es otra cuestión).

Además de servir de enlace en el aparato de extorsión de ETA, Igerategi tenía otras funciones. Cuando se habla de las funciones de los miembros de ETA los más normal es que hablemos de dos posibilidades. La primera es que disparen, secuestren o pongan bombas. Que ejecuten los planes. La segunda es que pasen información para que los del primer grupo puedan actuar con eficacia. Igerategi era de los del segundo grupo. Y lo normal si eres alguien que pasa información es que informes sobre aquéllos a los que conoces. En el caso de Igerategi, tres antiguos compañeros de ikastola que trabajaban en la policía autonómica vasca, la Ertzaintza. Igerategi proporcionó información sobre sus vecinos y ETA atacó a esos vecinos, aunque sólo sufrieron daños leves.

Otro vecino de Igerategi era  Joseba Pagazaurtundua. Igerategi -junto a Ignacio Otaño, su compañero en labores de información y extorsión- proporcionó información sobre Joseba Pagaza. Y Pagaza fue asesinado en febrero de 2003 gracias a la colaboración de Igerategi.

Pero esto es algo que ya sabemos. También sabemos que en febrero de 2018, cumplidos los 6 años a los que Igerategi y Otaño fueron condenados, ambos volvieron a Andoain. Y allí fueron homenajeados en público por unos 200 vecinos.

El Ayuntamiento de Andoain, gobernado por EH Bildu, no impidió el homenaje. Cuando Joseba Pagazaurtundua fue asesinado en 2003 el alcalde de Andoain, José Antonio Barandiaran, de Euskal Herritarrok (el EH Bildu de entonces), tampoco condenó el atentado. El PSE y el PP de la localidad presentaron una moción de censura tras el asesinato de Pagaza, pero no sólo por el asesinato de Pagaza. La vida en Andoain para los concejales de PSE y PP, especialmente desde que Batasuna gobernaba el Ayuntamiento, era un infierno. Dejaban una copia de las llaves de sus casas en los felpudos, incendiaban sus casas, amenazas, caras hostiles. El PSE contaba con cinco concejales, mientras que el PP tenía dos. Euskal Herritarrok gobernaba en minoría con cinco concejales, y el PNV-Eusko Alkartasuna contaba con otros cinco. Fueron estos cinco concejales de PNV-EA los que impidieron que la moción de censura saliera adelante, porque al parecer no ayudaba a debilitar el entorno sociológico que da apoyo a ETA, según dijo Josu Jon Imaz, el portavoz del Gobierno vasco en aquella época. Eusko Alkartasuna hoy forma parte de la coalición EH Bildu, y el PNV sigue siendo lo que siempre ha sido.

En cuanto a Igerategi y la alegría, que es de lo que trataba esto, hay que retroceder en el tiempo. No mucho, apenas unos días. El etarra Igerategi fue condenado a seis años de prisión y a pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público, por lo que cuando salió de la cárcel la Diputación de Guipúzcoa se negó a readmitirlo en su puesto de trabajo en el parque de bomberos de Tolosa. El sindicato abertzale LAB recurrió la decisión de la Diputación y finalmente un juez dio la razón a LAB y al etarra Igerategi: según la juez, la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público no es aplicable y no corresponde a la Diputación definirla. El portavoz de la Diputación, Imanol Lasa, confirmó hace unos días que no recurrirán el fallo.

Concentración de bomberos de Guipúzcoa para pedir la readmisión de Iñaki Igerategi. (Foto publicada en Gara)

El sindicato abertzale LAB señaló en un comunicado que acogen “la noticia con alegría”. La noticia es que la persona que posibilitó que ETA asesinara al policía municipal Joseba Pagazaurtundua se reincorporará a su trabajo de servidor público, después de haber aceptado el agradecimiento de doscientos vecinos por su labor en ETA. No se me ocurre mejor homenaje que éste.


El cambio

Ayer mientras volvía a casa me encontré con esta foto. La foto está colocada en la entrada de la Herriko Taberna de Galdácano. La barra del bar está a la derecha, una vez cruzas la entrada. De la pared cuelgan unas placas con los nombres de todos los etarras del pueblo que aún están en la cárcel. Cuando un etarra sale, la placa se retira y se celebra. En ocasiones algún concejal de EH Bildu comparte la celebración en redes sociales.

Bajo la foto hay un cartel que pide la libertad para todos los presos de ETA en general y para Jon Bienzobas, Karaka, en particular. He visto varios de esos carteles hoy por el pueblo, con la cara y la información escogida de Bienzobas, y también carteles que hacen lo propio con Iñaki Krutxaga Elezkano, otro de los etarras del pueblo. Bienzobas fue el responsable del asesinato de, entre otros, Tomás y Valiente. Krutxaga, por su parte, fue el responsable del asesinato de, entre otros, Ernest Lluch.
Probablemente esos carteles no suponen apología del terrorismo. Sólo exponen las dificultades que tienen “ama y aita” para visitar a sus hijos presos y piden que se los libere, a ellos y a todos los demás. Así que los carteles permanecerán en las calles de Galdácano hasta que quienes los han colocado decidan cambiarlos por otros. Si no se retiran los carteles de enaltecimiento, no se van a retirar éstos. Ahora bien, se podría hacer algo interesante. Se podría colocar, al lado de cada uno de los carteles de “Free them all”, un cartel con información sobre los hijosdeama (y de aita). Incluso podría ponerse nombre a la campaña, “Know them all”. Podría hacerse, si hubiera alguien con los medios y la voluntad para hacerlo. Algo como uno de esos partidos que llaman “constitucionalistas”. Volveré sobre esto más tarde.


Sobre la foto hay otra foto. Esa foto es un homenaje a Francisco Javier López Peña, o Xabier López Peña, el etarra Thierry. “AGUR ETA OHORE”. Probablemente la foto lleva ahí mucho tiempo, aunque no tanto como la lápida del etarra en el cementerio del pueblo. La lápida está colocada a escasos pasos de la de Eloy García Cambra. La del primero, jefe de ETA, recibe cuidados periódicos. De la del segundo, policía municipal asesinado por ETA en 1972, han desaparecido varias letras. La metáfora aparece aunque intentemos evitarlo; no creo que queden muchas personas que sepan quién fue.

La foto a la que me refería al principio muestra a dos etarras anónimos, de espaldas, y el hacha y la serpiente. Sobre ellos, “Eskerrik asko ETA”. Bajo ellos, “Garaipenera arte”. “Gracias, ETA” y “Hasta la victoria”. No es la primera vez que veo la foto en el pueblo. En un par de ocasiones en las que las circunstancias lo permitían las despegué, las dos veces cerca de la calle principal. En esta ocasión lo prudente es registrarlo. Al hacerlo me doy cuenta de que en Galdácano se ha producido un cambio importante, y también me doy cuenta de las consecuencias prácticas de ese cambio.

Durante los últimos cuatro años hubo un concejal del PP en Galdácano, Mari Carmen Sánchez Sequeros. No era vecina del pueblo, así que era complicado que pudiera estar al día de todas y cada una de las acciones de propaganda del entorno de ETA. Hace un par de años, no recuerdo cómo, la localicé en Twitter. O alguien nos puso en contacto. Y cada vez que se producía un homenaje, una ocupación del espacio público o una pegada de fotos de los etarras del pueblo, se lo hacía llegar. Siempre lo agradeció y siempre intentó que se tomaran medidas. Nunca consiguió que el Ayuntamiento hiciera nada, pero al menos iba a los plenos a pedir explicaciones al equipo de Gobierno, formado por el PNV y por el PSE. Cuando en Nochebuena colocaban en la calle una mesa a la que sentaban a los etarras del pueblo, el Ayuntamiento, gobernado por PNV y PSOE, no hacía nada. La mesa con las fotos permanecía allí todo el día. Cuando decoraban el pueblo con las fotos de etarras como Txapote y Bienzobas tampoco hacían nada. Sánchez Sequeros, la concejal del PP, llamaba al responsable del equipo de Gobierno y después llevaba la cuestión a los plenos. No podía hacer nada más, pero siempre hizo todo lo que podía hacer.

Antes que ella fue concejal Ricardo Gutiérrez Solana, también en el PP. Gutiérrez Solana era una persona conocida en el pueblo, él sí vivía aquí. Y tuvo que dejar de vivir aquí cuando, después de una campaña continuada de amenazas cada vez más serias, los vecinos de su portal recibieron una carta en la que les invitaban a echar del vecindario a “esta persona de actitudes hitlerianas”. La carta la elaboró Jon Crespo Ortega -otro de los etarras encarcelados que suelen aparecer en las paredes del pueblo- en una lonja y en un ordenador propiedad de Herri Batasuna, que era como EH Bildu/Sortu se llamaba entonces.

A Mari Carmen Sánchez Sequeros nunca le enviaron una carta así. Sólo la llamaron “fascista”, “asesina” y “cerda” en el pleno celebrado pocos días después del fallecimiento en prisión del etarra Kepa del Hoyo, que además de asesinar a dos policías fue concejal en Galdácano. De ahí que desde el Ayuntamiento se publicase un comunicado oficial en el que EH Bildu, Podemos, una plataforma vecinal y el PNV mostraban sus condolencias a la familia y amigos del etarra fallecido y criticaban la política de dispersión. Además de los insultos, el vecino, David Ríos García, también le gritó a la concejal popular lo siguiente: “mírame y quédate con mi cara”. Por ello fue condenado a pagar 360 euros por un delito leve de amenazas. Ese mismo año, pocos meses después, una comitiva de encapuchados esperaba a Sánchez Sequeros a la puerta del Ayuntamiento, antes de la celebración de un pleno. En esa ocasión la llamaron, en la calle, “fascista” e “hija de Franco”.


El domingo Mari Carmen Sánchez Sequeros no consiguió los votos suficientes para volver a ser concejal en Galdácano. En 2015 el PP obtuvo 745 votos, y el domingo sólo 585. Mientras tanto, EH Bildu pasó de los 2662 de 2015 a los 3597 del domingo. Estos votos hicieron que pasaran de cuatro concejales a seis, empatando con el PNV. Probablemente EH Bildu gobernará Galdácano por primera vez, lo que supondrá un cambio importante.
Pero el cambio realmente importante es que ya no quedará nadie en el Ayuntamiento para recibir los insultos cuando denuncie lo realmente indecente. Imagino que es difícil convencer a los vecinos para que te den sus votos cuando no vives junto a esos vecinos, e imagino que a los partidos como el PP no les resultará fácil conseguir candidatos que vivan en pueblos como Galdácano con vecinos como David Ríos García.
Supongo que los analistas más preparados habrán estado lanzando desde el domingo las profundas reflexiones con las que intentan explicar la política: “Qué está haciendo mal el PP en el País Vasco”, “No consiguen conectar con la realidad social del País Vasco”.
El PSOE seguirá con dos concejales, pero también ellos han obtenido más votos. Ellos sí consiguen conectar con la realidad social. Ellos sí van por el buen camino.

La posibilidad

Ya dijeron algunos que Navarra iba a ser la comunidad a la que habría que prestar atención tras las elecciones del pasado domingo. El titular del ABC fue el más claro: “Vuelco electoral en Navarra, que hace una apuesta clara por el Constitucionalismo”. El más claro y, como hoy recoge el mismo ABC, también el más ingenuo. En la pieza del lunes hablaban de los 30 escaños que conseguían las fuerzas constitucionalistas. 19 de Navarra Suma (que podrían convertirse en 20 o incluso 21 tras el recuento) y 11 del PSN de María Chivite. Hoy en cambio se habla por un lado del bloque constitucionalista y por el otro de Geroa Bai (9), Podemos (2), EH Bildu (8) e Izquierda Unida (1). El bloque constitucionalista, hoy, está formado por la coalición Navarra Suma, que agrupa a UPN, PP y Ciudadanos. Y el PSN de Chivite, de momento, está en medio de los dos bloques.

De momento, porque al final el Partido Socialista, no sólo el de Navarra, tendrá que decidir. Durante la campaña Chivite ya dijo que no haría presidente al candidato de Navarra Suma. Chivite ha dicho hoy que quieren “formar gobiernos progresistas”. Es exactamente lo mismo que dijo ayer Lander Martínez, de Elkarrekin Podemos, para explicar que intentarían formar gobiernos con EH Bildu: gobiernos progresistas.
De momento Chivite no confirma que quiere gobernar específicamente con Geroa Bai y Podemos y con los votos de EH Bildu. Y por lo tanto no descarta esa posibilidad. Que el Partido Socialista de Navarra gobierne la comunidad gracias a los votos de EH Bildu es, hoy, una posibilidad. Y habrá sido una posibilidad pase lo que pase.

Chivite dice, para defender esa posibilidad, que quieren formar gobiernos progresistas. Lo que ha pasado en el PSOE para que llamen gobiernos progresistas a los gobiernos con los nacionalistas de todo pelaje es algo que va más allá del PSOE. No ha pasado sólo en el partido. Si un partido dice una estupidez, una mentira, si hace el ridículo, la prensa y los otros partidos recogen la estupidez, denuncian la mentira o se burlan del ridículo. Pero en España, hoy, se puede decir que un gobierno con el PNV, en el País Vasco o en Navarra con su otra marca, es un gobierno progresista.
Más, mucho más aún; se puede decir que un gobierno con EH Bildu es un gobierno progresista. Lo dice Podemos, lo dice el PSOE y lo dice todo del estado actual de la prensa. Entre unos y otros han conseguido que el nacionalismo sea identificado con el progresismo.

Pero lo terrible del pacto que Chivite está buscando en Navarra no es que llevaría a un gobierno del PSOE con los nacionalistas. Esto es algo que es ya una seña de identidad del PSOE, que prefiere hablar de pactos y de líneas rojas en función del emotivista eje izquierda/derecha y no en función del eje nacionalismo/racionalismo, lo que le lleva, por ejemplo, a estar detrás de la degradación política y moral de Baleares. El PSOE hoy es un partido que se encuentra más cómodo con los nacionalistas que con los partidos que siguen defendiendo los ideales de misma libertad y misma igualdad para todos. Así que eso no puede ser lo peor, porque con eso ya se cuenta.  Lo terrible es que el pacto de Chivite exigiría la colaboración de un partido como EH Bildu.

EH Bildu es el partido que, tras ganar las elecciones en Hernani, decide dar las gracias a los 19 “presos políticos” de la localidad, a los 19 etarras a cuyas fotos se dirigía con agradecimiento el nuevo alcalde en su discurso.

EH Bildu es el partido que prometía en San Sebastián pisos de alquiler social para los “presos políticos” que salgan de la cárcel. Y EH Bildu es Sortu, el partido que sigue identificándose junto a ETA en las “luchas de la izquierda abertzale”, el partido que aplaude a Txapote y al resto de etarras del pueblo un 5 de agosto de 2017 en una plaza de Galdácano, el partido de los que hacen homenajes a etarras.

Galdácano, 5 de agosto de 2017. Aplausos para los etarras del pueblo en el homenaje a Kepa del Hoyo.

El otro día estuve repasando Politics and the English Language, el librito de Orwell que alerta sobre los efectos que los atajos y automatismos que usamos en nuestro lenguaje tienen en el discurso político e incluso en el propio pensamiento . Y mientras iba anotando todo esto me daba cuenta de que no hay manera de transmitir qué es EH Bildu a quienes no saben ya qué es Bildu. Cuando decimos “homenajes a etarras” no decimos nada. Es ya una expresión devaluada. No porque no denote nada, como le pasa a “fascista”, sino porque intenta recoger en tres palabras todo lo que hay detrás de los dirigentes y de los votantes de ese partido, que son los que hasta hace cuatro días no se limitaban sólo a aplaudir y homenajear a los etarras. Y lo que hay es mucho. Es imposible transmitir todo lo que es EH Bildu con una expresión como “homenajes a etarras”. Ni siquiera sirve de nada que ampliemos la descripción. Podemos dar nombres, lugares, fechas. Podemos hablar de Andoain, de Galdácano o de Rentería, de Igerategi y Otaño, de Javi de Usansolo o de Kepa Etxebarria, podemos incluso añadir las imágenes. Pero es una batalla perdida.
Cuando el Partido Socialista de Navarra plantea la posibilidad de gobernar con los votos de EH Bildu no sirve de nada apelar a la memoria ni a la razón. Ni siquiera a las tripas. Cuando esa posibilidad existe sin que el PSOE salga alarmado a negarla, no hay nada que hacer.

Y no hay nada que hacer. No en esto. No sé qué pasará finalmente en Navarra. No sé si Chivite gobernará junto a los nacionalistas y con los votos de Bildu. Pero lo que sí sabemos es que para gobernar necesitará los votos de Bildu. Y que si llegase a hacerlo, sus votantes, los del PSN y los del PSOE, retorcerían la razón y la memoria para no tener que enfrentarse al hecho de que habrían aceptado los votos de un partido como EH Bildu. Los de los homenajes, los de Pernando Barrena, Otegi, Arkaitz Rodríguez, los de las ayudas para los presos políticos.
Es decir, los progresistas vascos.

La indiferencia de un pueblo sano

Cuando Maite Pagazaurtundua propuso ayer en Miravalles guardar un minuto de silencio por las víctimas de Josu Ternera, los que estábamos allí nos callamos. La sirena del pueblo, que había comenzado a sonar en cuanto los organizadores del acto llegaron al frontón, siguió sonando. La consecuencia fue que los insultos se escucharon aún mejor.
Antes de eso un comité de periodistas con cámaras y de vecinos, también con cámara -era difícil distinguirlos- se había agrupado en la ermita en la que nos fuimos juntando quienes habíamos decidido asistir al acto de Ciudadanos. Todavía no decían nada. El mensaje lo habían delegado en pancartas como la que colgaba de la estación de tren, “Ugaon ez zarete ongi etorriak”, (No sois bienvenidos en Ugao), y en algunas de las ventanas. En una de ellas se podía distinguir una foto con la cara del etarra Josu Ternera, el vecino Urrutikoetxea, y otro mensaje: “Josu askatu” (libertad para Josu). La foto estaba colocada sobre una ikurriña.


El día antes algunos comerciantes y vecinos del pueblo habían invitado a bajar las persianas de las viviendas y de los comercios. Había casas con las persianas bajadas, y casas, muchas, con las persianas subidas. También había vecinos asomados a los balcones y las ventanas, algunos de ellos, especialmente en la plaza del frontón donde hablaron Maite Pagaza y Albert Rivera, pertrechados con cazuelas, silbatos y mensajes ofensivos, primero en pancartas y después, cuando comenzó el acto, de viva voz.
En lo que no me fijé fue en cómo estaban los comercios. De un bar salió un vecino cerveza en mano para gritar “Gora Euskadi Ta Askatasuna”, así que había al menos un comercio abierto. En los demás no me fijé porque la calle por la que llegamos a la plaza del frontón estaba llena de fotos con la cara del etarra, del vecino Ternera, y con un mensaje que añadía un toque especial al omnipresente “Josu askatu”. Antes de eso se podía leer, sobre la cara del etarra Ternera, lo siguiente: “Maite zaitugu”. Es decir, “Te queremos”. Era difícil fijarse en otra cosa.

Antes de llegar al frontón pasamos por una pequeña plaza en la que se habían concentrado varios vecinos para mostrar su rechazo. Esos vecinos estaban de espaldas y entre ellos y nosotros había una pancarta: “Ez zarete ongi etorriak. No sois bienvenidos”. Esta vez en euskera y en castellano, para la foto. Este acto de rechazo se había organizado en la misma asamblea popular en la que el día antes se había propuesto cerrar los comercios, bajar las persianas, paralizar el pueblo. La indiferencia normalmente consiste en seguir leyendo el periódico o seguir tomando el café mientras pasan cosas. Hacer como si nada. En el caso de Miravalles, algunos vecinos organizaron una performance con varios puntos de control, colocaron y activaron una sirena en el lugar del acto, adornaron el pueblo con mensajes de cariño para un etarra y con mensajes de odio para los representantes de un partido político como Ciudadanos, y acompañaron a quienes decidieron asistir al acto con los insultos que ya se habían escuchado en Rentería y en Alsasua. Una parte de la prensa llamó a esto “indiferencia”, y dijo que los vecinos habían recibido con silencio a los asistentes, a pesar de los decibelios de la sirena, que ahogaba incluso los insultos.
En el checkpoint a mitad de camino, donde varios ciudadanos del pueblo esperaban para seguir leyendo el periódico y apurar la taza de café, la tensión era evidente. La orden era mostrar la espalda y guardar silencio. Algunos se habían colocado el “Ez zarete ongi etorriak” en la espalda, por si no se leía en la enorme pancarta. Otros levantaban el dedo corazón. Pero lo llamativo ocurrió cuando se escucharon los primeros “fascistas”, “hijo de puta” y “fuera de aquí”. Los que intentaban seguir en silencio mandaron callar para no romper el encanto. “Sssssssssssh”. Cuando lo dice alguien en una biblioteca o en un aula suele ser un “Ssh” corto. Ayer sonó como si estuviéramos pasando por delante de una reunión de serpientes. Se puede escuchar en el vídeo del siguiente tweet, a partir del 0:28.


En fin, los de la performance tuvieron dificultades para mostrar a la prensa una cara “amable”, pero la prensa, buena parte de la prensa, fue comprensiva y habló de indiferencia y silencio. Tal vez porque después de ver decenas de fotos con la cara de Josu Ternera cualquier cosa parece una cara amable.
Al final de la calle estaba la plaza del frontón y allí se vio (y se oyó) la otra cara de la misma performance. Algunos de los que habían posado en el acto de repudio silencioso vinieron a gritar los habituales “hijos de puta” y “fuera de aquí”. Alguien colocó la sirena, y alguien también tuvo que haberla adquirido. Yo no pude verla, y tampoco sabría dónde se adquiere algo así, pero ahí estaba. Tampoco sé si cuando alguien decide hacer sonar una sirena a las 12:00, por el motivo que sea, cuenta normalmente con la indiferencia de la policía local. En este caso la sirena estuvo sonando durante media hora sin que agentes locales pasaran por allí.
Habló Maite Pagazaurtundua y habló Albert Rivera. La primera habló a quienes insultaban, a quienes salieron a mostrar apoyo a Josu Ternera tras su última detención y a quienes habían escrito “Te queremos” en la foto del etarra. También, en general, a quienes hacían cosas como éstas y otras mucho peores cuando la banda de Ternera aún no había sido desarticulada. Al hacer esto, al hablarles a ellos en su casa, habló también a quienes tienen que convivir en pueblos como Miravalles con los vecinos a los que interpelaba Pagaza, y también les habló en su casa. El mensaje para estos vecinos estaba implícito en el mensaje a los primeros. Una pequeña parte de la prensa y de la opinión en redes vio esto y señaló que Pagaza, o Rivera, habían venido a Ugao a insultar a todos los vecinos, a llamar terroristas a todos los vascos. Una parte pequeña de la prensa lo señaló, y otra parte no tan pequeña lo insinuó. Esto es algo tan cierto -y tan fácilmente comprobable- como el silencio con el que los vecinos hostiles acompañaron el acto.
Pagaza se refirió a Pernando Barrena y a sus palabras como militante tipo de la izquierda abertzale -rival en las elecciones europeas, elecciones en las que, oh, sí pueden votar los vecinos de Miravalles-, Rivera se comprometió a llevar al Parlamento una ley para prohibir los homenajes a etarras.

Pero como decía antes del acto, los discursos y las medidas propuestas no fueron lo más importante. Lo importante fue que los vecinos de Miravalles pudieron ver un acto político en el que no se homenajea a un etarra, un acto en el que de hecho se denuncian esos homenajes y a quienes participan en ellos. En Miravalles gobierna el PNV y EH Bildu es la única oposición. La tranquilidad, en Miravalles y en tantos otros sitios en los que el PNV gobierna -solo o con el apoyo del PSE-, consiste en que los primeros dejan que los segundos, los abertzales, organicen todos los homenajes que quieran a personas como Josu Ternera. Andoni Ortuzar salió una vez más a denunciar la enorme indignidad que supuso el acto. Lamentó que se estigmatizara a un pueblo entero por “una persona que nació allí”. Andoni Ortuzar es vasco, vive en el País Vasco e incluso es dirigente de un partido vasco. Pero es nacionalista, algunos dicen que moderado. Y tiene dificultades para articular el pensamiento cuando hay que pensar sobre lo que fue ETA y sobre su legado. Ortuzar lamentó que se estigmatizara a Miravalles/Ugao por “una persona que nació allí”, pero no fue esa persona que nació allí la que colocó su propia foto ni la que se dijo a sí mismo “te quiero”. Fueron vecinos de Miravalles, de Ugao, los que decidieron adornar el pueblo con la foto de un etarra como Josu Ternera, con el mensaje “te queremos”. Fueron vecinos, otros, los que vieron esas fotos unas horas antes del acto, o unos días antes, y permitieron que siguieran ahí, a la vista de todos. Ortuzar añadió al final del lamento que “Ugao es un pueblo sano”.



El acto de ayer sirvió, precisamente, para mostrar la salubridad de los pueblos como Miravalles. Ortuzar, las personas como Ortuzar y las personas que quisieron mostrar su amor al etarra Ternera siguieron diciendo que todo está bien. Al finalizar el acto, la “Brigada de desinfección antifascista” de Sortu apareció para desinfectar el suelo por el que habíamos pasado.


37 ciudadanos

Hoy al mediodía está previsto un acto del partido Ciudadanos en Miravalles/Ugao.
Miravalles es una pequeña localidad vizcaína de unos 4000 habitantes, similar a muchas otras localidades vizcaínas. Tiene su Plaza del Pueblo, imagino que tendrá su Herriko Taberna, y desde luego tiene su vecino etarra. En el caso de Miravalles el vecino es Josu Ternera, nada menos. Hace unos días José Antonio Urruticoechea, Josu Urrutikoetxea, el etarra Josu Ternera, fue detenido en Francia mediante una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía francesa. Sortu, el principal partido de la coalición EH Bildu, organizó una manifestación de protesta en el pueblo para mostrar su malestar por la detención del etarra Ternera. En la pancarta que encabezaba la manifestación se podía leer “Josu eta besteak askatu”, es decir, libertad para Josu y los demás. Los demás son los otros presos de ETA. En la pancarta había también un dibujo de un pájaro atravesando los barrotes de una jaula y volando libre. Antes de la manifestación convocada por Sortu, varios vecinos del pueblo ya habían organizado un acto para pedir la libertad de su vecino, el etarra Ternera.

Hoy al mediodía está previsto un acto de Ciudadanos en Miravalles. Y esto es algo que ha molestado mucho a todos los que aceptan con normalidad que los vecinos de Miravalles y de otros pueblos vascos organicen homenajes a etarras como Josu Ternera, Kepa del Hoyo o Javi de Usansolo. Todos los que ayer pedían las sales -cargos del PNV como Andoni Ortuzar, representantes del Ayuntamiento de Miravalles y en general cualquier persona afín al nacionalismo vasco, en su vertiente jeltzale o abertzale- son los que callan cada vez que los vecinos de algún pueblo deciden mostrar su aprecio a etarras como Josu Ternera, por ejemplo organizando una cena de Nochebuena simbólica y sentando a la mesa las fotos de etarras como Txapote. Ellos, que con su indiferencia otorgan normalidad a los continuos actos de enaltecimiento terrorista en tantos pueblos vascos, piden hoy las sales. Porque el partido Ciudadanos pretende celebrar un acto político en uno de esos pueblos. Y porque, dicen, Ciudadanos apenas tiene votos en Miravalles.

En las últimas elecciones generales hubo 37 personas que decidieron votar a Ciudadanos en Miravalles. No obtuvieron ningún voto en las municipales de 2015 y tampoco lo obtendrán en las del próximo domingo, porque no presentan lista en esa localidad. Pero en Miravalles hay 37 ciudadanos que probablemente acogerán con agrado la visita del partido. O acogerían. Porque ayer se celebró en el pueblo una asamblea popular para organizar la respuesta vecinal a la visita. En esa asamblea se invitó a los vecinos a cerrar o bajar las persianas de las tiendas y a bajar también las persianas de las viviendas, como muestra de rechazo colectivo. También se invitó a los vecinos a una concentración de repulsa en la Plaza del Pueblo, y a dar la espalda a los asistentes al acto del partido Ciudadanos mientras recorren las calles. Estas acciones sirven tanto para mostrar rechazo como para mostrar quién no muestra rechazo. Así que a lo mejor alguno de esos 37 votantes de Ciudadanos se suma no al acto de Ciudadanos, sino a la invitación de la asamblea popular. Sería comprensible.

En uno de los westerns más famosos de la historia, un criminal es liberado sin que haya cumplido su condena. El criminal había jurado vengarse de quien lo detuvo, el sheriff de un pequeño pueblo llamado Hadleyville. El sheriff había decidido jubilarse y mudarse a otro lugar, abrir un negocio y formar una familia, pero se entera de que el criminal ha sido liberado y de que planea volver al pueblo. Los amigos del sheriff intentan convencerlo para que abandone Hadleyville cuanto antes. También su mujer lo intenta. Pero el sheriff decide quedarse. Recupera su insignia, viste una vez más la estrella y se queda en el pueblo, esperando al tren del mediodía en el que llegará el criminal. El sheriff intenta reunir un grupo de ciudadanos para plantar cara al criminal y a su banda, que también espera en el pueblo. No consigue a nadie. Incluso su antiguo ayudante renuncia. Y finalmente se enfrenta solo al criminal y a su banda.
El final es lo de menos.

Hoy al mediodía está previsto un acto de ciudadanos en Miravalles. Acudirán dirigentes y simpatizantes de un partido y tal vez algún vecino del pueblo. También acudirán personas de pueblos cercanos que votan a ese partido, o a otro, o a ninguno. Algunos acudirán por la llamada del partido, otros por la llamada de la conciencia y otros por los 37 vecinos. Muchos acudirán porque tal vez ya están hartos de tolerar una normalidad malsana que convierte las calles de tantos pueblos vascos en escenarios para homenajear a los terroristas de ETA cuando éstos, como el criminal de la película, vuelven a sus pueblos.
El partido que convoca el acto no obtendrá ningún voto en Miravalles ni en ninguna de las otras localidades parecidas a Miravalles, con sus plazas del pueblo, sus Herriko Tabernas y sus vecinos etarras. No sé si el acto hará que el partido obtenga más votos en las localidades que no son como Miravalles. Francamente, es lo que menos me importa. Lo que me importa, como ciudadano de una localidad parecida a Miravalles -Galdácano-, es que comencemos a recuperar la decencia. Lo que me importa es que los ciudadanos que no apoyamos a quienes durante décadas ejercieron el terrorismo como herramienta política entendamos que la normalidad es otra cosa. Que recibir con aplausos, antorchas y bailes a quienes decidieron dedicar su vida a sembrar el terror es lo más alejado de la normalidad. Que debe dejar de ser normal, que debe empezar a hacerse en los sótanos de los pueblos, no en las plazas, y que todo eso seguirá siendo normal sólo si dejamos que siga siendo normal, si cogemos el tren de las 12:00, si bajamos las persianas.

Hoy al mediodía habrá una reunión de ciudadanos en Miravalles y el final, de nuevo, es lo de menos.

Nada humano

Comentar de nuevo una serie por su dimensión política debe vencer una resistencia inicial: es un ejercicio estéril, porque se trata de una ficción. Es una pérdida de tiempo. No como el comentario diario, por profesionales de la escritura y por aficionados, sobre la política real, que también vemos en la televisión. Ese comentario, en redes sociales, blogs o columnas, se presenta como algo necesario. Algo que eleva. Pero no, hombre. Es el mismo tipo de comentario. Es el mismo tipo porque tampoco sirve para nada, y porque en el fondo no es un comentario sobre los otros, sino sobre nosotros mismos. Como ocurre siempre que nos ponemos a escribir. Así que en el fondo, muy en el fondo, no es menos ni más importante escribir sobre Sánchez que sobre Meñique; no es menos ni más importante comentar a Otegi que a un dothraki; a Iglesias que a Daenerys. Hay además un punto en el que la realidad y la ficción se unen: los otros comentaristas. Es decir, los espectadores. Escribimos sobre Otegi e Iglesias, y también sobre los otegis y los iglesias de la ficción, y al hacerlo nos comentamos a nosotros porque somos nosotros quienes establecemos los paralelismos. Y también escribimos sobre quienes aplauden a los dothrakis y a los daenerys. Escribimos sobre quienes aplauden o callan después de ver las caras de quienes han asesinado, en la ficción y en este conjunto de ficciones construidas con las que adornamos lo real. Y no hay un comentario que sea más importante que el otro, porque como quedó dicho, nada humano me es ajeno. Y nada más humano que comentar lo que hacen los otros para comentarse a uno mismo. Nuestra tarea vital es el humansplaining, que al mismo tiempo es la explicación no de lo humano sino de lo más particular, la forma en la que cada uno de nosotros elige ser humano.

Sobre el final de la ficción: probablemente pocos han quedado satisfechos. Habría que saber qué esperaba cada uno de este último capítulo. Coherencia, un anhelo horkheimeriano de justicia, espectáculo, sangre y fuego… El cierre fue contradictorio y previsible al mismo tiempo. ¿Por qué contradictorio? Comentamos como si lo que hubiéramos visto, que es sólo una pequeña parte de todo lo que pasa -en una ficción, sí-, constituyera todo lo que hay. Y en el fondo hay mucho más, y todo eso es inaccesible. Pretender que una acción humana es contradictoria es pensar que somos Dios.


El personaje principal es alguien que se llama Jon Nieve, y lo es porque la cámara lo sigue, y porque cuando la cámara lo sigue se comporta como nos gustaría comportarnos a nosotros. En la Batalla de los Bastardos pierde la razón y corre a salvar a su hermano, y se asfixia bajo una masa de humanos, demasiados humanos. En la batalla de Desembarco no pierde la brújula moral y observa con horror -a pesar de la inexpresividad del actor- cómo se comportan sus compañeros cuando caen las puertas y suenan las campanas. No sólo no se une al exterminio sino que intenta frenarlo. Incluso mata a un hombre de su ejército para salvar a una mujer de una ciudad extraña. El personaje es hasta ese momento la continuación del arquetipo que había encarnado su padre: el hombre -en genérico- desapasionado, capaz de controlar sus impulsos y de actuar siempre según el código ético universal. Pero a partir de ahí todo se desmorona. Finalmente, el protagonista no es hijo de su padre, ni en sentido biológico ni en el que importa, el simbólico. Eddard fue lo suficientemente noble, o estúpido, como para dejar que la preocupación por la vida de unos congéneres supusiera su sentencia de muerte. No creo que fuera la compasión sino más bien un excepcional sentido de lo justo. Jon, al final, es lo suficientemente estúpido y lo suficientemente mezquino como para ponerse al lado de quien ha masacrado a miles de personas sin necesidad. El mismo personaje que mata a un soldado de su ejército para evitar que asesine a un inocente posa ante el ejército de criminales de guerra junto a la jefa de los criminales. En ese momento nos acordamos de los guionistas y de las contradicciones, porque no es lo que esperábamos. Ésta es al menos la hipótesis optimista. La hipótesis no tan optimista es que probablemente nosotros, no sólo quienes desde el otro lado de la pantalla siguieron apoyando a la jefa de los criminales sino quienes esperábamos que el protagonista actuase correctamente, no habríamos llegado tan lejos; probablemente no habríamos sujetado el brazo de nuestro igual antes de que éste asesinara a un inocente.

Esto que comentábamos, la lealtad exacerbada hacia un humano, es lo que nos resulta incomprensible en el personaje. Porque el personaje siempre había sido leal no a la carne ni al Bien, sino al bien sin mayúsculas. Es decir, a la verdad y a la justicia también sin mayúsculas. Esto no es, como solemos pensar, una absurda lealtad a lo abstracto, a los principios por encima de lo humano. Es, precisamente, la única lealtad posible a lo humano. Lo humano siempre va acompañado de minúsculas. Cuando nos empeñamos en agrandar lo bueno mediante las mayúsculas lo que hacemos es colocar esas mismas mayúsculas a lo malo. No sólo eso. No es que el bien en mayúsculas engendre el mal en mayúsculas; es que el bien en mayúsculas es el mal en mayúsculas. El libertador promete la Justicia y la Libertad definitivas, y lo que es realmente definitivo es siempre la muerte.

El final es siempre el que es, y no podemos hacer nada por cambiarlo. En el caso de esta ficción, la Rueda, que se suponía origen de todos los males que caían sobre los campesinos, los taberneros y el resto de personajes de relleno, resultó ser simplemente la sucesión dinástica. Y se reían de la ingenuidad de Sam. Eliminada la sucesión dinástica todo se convierte en reencuentros amables, bromas y levedad. “Vuelve a preguntarme dentro de diez años”, contesta el que había sido gigante al protagonista.

Y el protagonista hace obligado lo que tenía que haber hecho por decisión propia: abandonar el reino y volver a su patria, que es el lugar simbólico en el que uno puede ser lo mejor a lo que puede aspirar. Su familia gobierna. Y su familia accede al pacto por el que lo condenan a volver a un muro que ya no existe y que ya no es necesario. La crueldad de la condena no reside en la vuelta al muro, que nunca fue castigo para quienes eran nobles, sino en que el muro ya no es nada. La Guardia de la Noche, que era el último refugio del deber, es ahora una hermandad del absurdo. La roca y la montaña, y la caída perpetua. Por eso el protagonista hace lo único que puede hacer: sin familia y sin propósito, marcha junto a los únicos compañeros que le quedan hacia el otro lado del muro.

Y a este lado queda como rey alguien que no es humano.