La alegría

Iñaki Igerategi se encontraba en su puesto de trabajo, la estación de bomberos de Tolosa, cuando fue detenido en 2012. Iñaki era bombero y miembro de ETA.

Iñaki Igerategi decidió empezar a colaborar con ETA cuando tenía cerca de 30 años, tal y como cuenta Leyre Iglesias en El Mundo en una crónica que merece la pena leer. Antes de eso había empezado a colaborar con el sindicato abertzale LAB. Como miembro de ETA se encargaba de buzonear las cartas de extorsión que la banda enviaba regularmente a empresarios. (En los últimos días ha aparecido información interesante relacionada con esta cuestión. Según recoge Europa Press, y según las actas incautadas a ETA, durante las negociaciones entre el Gobierno de Zapatero y ETA se frenaron todas las detenciones de etarras, se ocultaron las cartas de extorsión que la banda seguía enviando, y el Gobierno del PSOE ofreció a la banda terrorista, para que dejase de enviarlas, “arreglar el problema del dinero”. Es decir, el Gobierno del PSOE se ofreció a financiar la banda terrorista ETA. Pero ésa es otra cuestión).

Además de servir de enlace en el aparato de extorsión de ETA, Igerategi tenía otras funciones. Cuando se habla de las funciones de los miembros de ETA los más normal es que hablemos de dos posibilidades. La primera es que disparen, secuestren o pongan bombas. Que ejecuten los planes. La segunda es que pasen información para que los del primer grupo puedan actuar con eficacia. Igerategi era de los del segundo grupo. Y lo normal si eres alguien que pasa información es que informes sobre aquéllos a los que conoces. En el caso de Igerategi, tres antiguos compañeros de ikastola que trabajaban en la policía autonómica vasca, la Ertzaintza. Igerategi proporcionó información sobre sus vecinos y ETA atacó a esos vecinos, aunque sólo sufrieron daños leves.

Otro vecino de Igerategi era  Joseba Pagazaurtundua. Igerategi -junto a Ignacio Otaño, su compañero en labores de información y extorsión- proporcionó información sobre Joseba Pagaza. Y Pagaza fue asesinado en febrero de 2003 gracias a la colaboración de Igerategi.

Pero esto es algo que ya sabemos. También sabemos que en febrero de 2018, cumplidos los 6 años a los que Igerategi y Otaño fueron condenados, ambos volvieron a Andoain. Y allí fueron homenajeados en público por unos 200 vecinos.

El Ayuntamiento de Andoain, gobernado por EH Bildu, no impidió el homenaje. Cuando Joseba Pagazaurtundua fue asesinado en 2003 el alcalde de Andoain, José Antonio Barandiaran, de Euskal Herritarrok (el EH Bildu de entonces), tampoco condenó el atentado. El PSE y el PP de la localidad presentaron una moción de censura tras el asesinato de Pagaza, pero no sólo por el asesinato de Pagaza. La vida en Andoain para los concejales de PSE y PP, especialmente desde que Batasuna gobernaba el Ayuntamiento, era un infierno. Dejaban una copia de las llaves de sus casas en los felpudos, incendiaban sus casas, amenazas, caras hostiles. El PSE contaba con cinco concejales, mientras que el PP tenía dos. Euskal Herritarrok gobernaba en minoría con cinco concejales, y el PNV-Eusko Alkartasuna contaba con otros cinco. Fueron estos cinco concejales de PNV-EA los que impidieron que la moción de censura saliera adelante, porque al parecer no ayudaba a debilitar el entorno sociológico que da apoyo a ETA, según dijo Josu Jon Imaz, el portavoz del Gobierno vasco en aquella época. Eusko Alkartasuna hoy forma parte de la coalición EH Bildu, y el PNV sigue siendo lo que siempre ha sido.

En cuanto a Igerategi y la alegría, que es de lo que trataba esto, hay que retroceder en el tiempo. No mucho, apenas unos días. El etarra Igerategi fue condenado a seis años de prisión y a pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público, por lo que cuando salió de la cárcel la Diputación de Guipúzcoa se negó a readmitirlo en su puesto de trabajo en el parque de bomberos de Tolosa. El sindicato abertzale LAB recurrió la decisión de la Diputación y finalmente un juez dio la razón a LAB y al etarra Igerategi: según la juez, la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público no es aplicable y no corresponde a la Diputación definirla. El portavoz de la Diputación, Imanol Lasa, confirmó hace unos días que no recurrirán el fallo.

Concentración de bomberos de Guipúzcoa para pedir la readmisión de Iñaki Igerategi. (Foto publicada en Gara)

El sindicato abertzale LAB señaló en un comunicado que acogen “la noticia con alegría”. La noticia es que la persona que posibilitó que ETA asesinara al policía municipal Joseba Pagazaurtundua se reincorporará a su trabajo de servidor público, después de haber aceptado el agradecimiento de doscientos vecinos por su labor en ETA. No se me ocurre mejor homenaje que éste.


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El cambio

Ayer mientras volvía a casa me encontré con esta foto. La foto está colocada en la entrada de la Herriko Taberna de Galdácano. La barra del bar está a la derecha, una vez cruzas la entrada. De la pared cuelgan unas placas con los nombres de todos los etarras del pueblo que aún están en la cárcel. Cuando un etarra sale, la placa se retira y se celebra. En ocasiones algún concejal de EH Bildu comparte la celebración en redes sociales.

Bajo la foto hay un cartel que pide la libertad para todos los presos de ETA en general y para Jon Bienzobas, Karaka, en particular. He visto varios de esos carteles hoy por el pueblo, con la cara y la información escogida de Bienzobas, y también carteles que hacen lo propio con Iñaki Krutxaga Elezkano, otro de los etarras del pueblo. Bienzobas fue el responsable del asesinato de, entre otros, Tomás y Valiente. Krutxaga, por su parte, fue el responsable del asesinato de, entre otros, Ernest Lluch.
Probablemente esos carteles no suponen apología del terrorismo. Sólo exponen las dificultades que tienen “ama y aita” para visitar a sus hijos presos y piden que se los libere, a ellos y a todos los demás. Así que los carteles permanecerán en las calles de Galdácano hasta que quienes los han colocado decidan cambiarlos por otros. Si no se retiran los carteles de enaltecimiento, no se van a retirar éstos. Ahora bien, se podría hacer algo interesante. Se podría colocar, al lado de cada uno de los carteles de “Free them all”, un cartel con información sobre los hijosdeama (y de aita). Incluso podría ponerse nombre a la campaña, “Know them all”. Podría hacerse, si hubiera alguien con los medios y la voluntad para hacerlo. Algo como uno de esos partidos que llaman “constitucionalistas”. Volveré sobre esto más tarde.


Sobre la foto hay otra foto. Esa foto es un homenaje a Francisco Javier López Peña, o Xabier López Peña, el etarra Thierry. “AGUR ETA OHORE”. Probablemente la foto lleva ahí mucho tiempo, aunque no tanto como la lápida del etarra en el cementerio del pueblo. La lápida está colocada a escasos pasos de la de Eloy García Cambra. La del primero, jefe de ETA, recibe cuidados periódicos. De la del segundo, policía municipal asesinado por ETA en 1972, han desaparecido varias letras. La metáfora aparece aunque intentemos evitarlo; no creo que queden muchas personas que sepan quién fue.

La foto a la que me refería al principio muestra a dos etarras anónimos, de espaldas, y el hacha y la serpiente. Sobre ellos, “Eskerrik asko ETA”. Bajo ellos, “Garaipenera arte”. “Gracias, ETA” y “Hasta la victoria”. No es la primera vez que veo la foto en el pueblo. En un par de ocasiones en las que las circunstancias lo permitían las despegué, las dos veces cerca de la calle principal. En esta ocasión lo prudente es registrarlo. Al hacerlo me doy cuenta de que en Galdácano se ha producido un cambio importante, y también me doy cuenta de las consecuencias prácticas de ese cambio.

Durante los últimos cuatro años hubo un concejal del PP en Galdácano, Mari Carmen Sánchez Sequeros. No era vecina del pueblo, así que era complicado que pudiera estar al día de todas y cada una de las acciones de propaganda del entorno de ETA. Hace un par de años, no recuerdo cómo, la localicé en Twitter. O alguien nos puso en contacto. Y cada vez que se producía un homenaje, una ocupación del espacio público o una pegada de fotos de los etarras del pueblo, se lo hacía llegar. Siempre lo agradeció y siempre intentó que se tomaran medidas. Nunca consiguió que el Ayuntamiento hiciera nada, pero al menos iba a los plenos a pedir explicaciones al equipo de Gobierno, formado por el PNV y por el PSE. Cuando en Nochebuena colocaban en la calle una mesa a la que sentaban a los etarras del pueblo, el Ayuntamiento, gobernado por PNV y PSOE, no hacía nada. La mesa con las fotos permanecía allí todo el día. Cuando decoraban el pueblo con las fotos de etarras como Txapote y Bienzobas tampoco hacían nada. Sánchez Sequeros, la concejal del PP, llamaba al responsable del equipo de Gobierno y después llevaba la cuestión a los plenos. No podía hacer nada más, pero siempre hizo todo lo que podía hacer.

Antes que ella fue concejal Ricardo Gutiérrez Solana, también en el PP. Gutiérrez Solana era una persona conocida en el pueblo, él sí vivía aquí. Y tuvo que dejar de vivir aquí cuando, después de una campaña continuada de amenazas cada vez más serias, los vecinos de su portal recibieron una carta en la que les invitaban a echar del vecindario a “esta persona de actitudes hitlerianas”. La carta la elaboró Jon Crespo Ortega -otro de los etarras encarcelados que suelen aparecer en las paredes del pueblo- en una lonja y en un ordenador propiedad de Herri Batasuna, que era como EH Bildu/Sortu se llamaba entonces.

A Mari Carmen Sánchez Sequeros nunca le enviaron una carta así. Sólo la llamaron “fascista”, “asesina” y “cerda” en el pleno celebrado pocos días después del fallecimiento en prisión del etarra Kepa del Hoyo, que además de asesinar a dos policías fue concejal en Galdácano. De ahí que desde el Ayuntamiento se publicase un comunicado oficial en el que EH Bildu, Podemos, una plataforma vecinal y el PNV mostraban sus condolencias a la familia y amigos del etarra fallecido y criticaban la política de dispersión. Además de los insultos, el vecino, David Ríos García, también le gritó a la concejal popular lo siguiente: “mírame y quédate con mi cara”. Por ello fue condenado a pagar 360 euros por un delito leve de amenazas. Ese mismo año, pocos meses después, una comitiva de encapuchados esperaba a Sánchez Sequeros a la puerta del Ayuntamiento, antes de la celebración de un pleno. En esa ocasión la llamaron, en la calle, “fascista” e “hija de Franco”.


El domingo Mari Carmen Sánchez Sequeros no consiguió los votos suficientes para volver a ser concejal en Galdácano. En 2015 el PP obtuvo 745 votos, y el domingo sólo 585. Mientras tanto, EH Bildu pasó de los 2662 de 2015 a los 3597 del domingo. Estos votos hicieron que pasaran de cuatro concejales a seis, empatando con el PNV. Probablemente EH Bildu gobernará Galdácano por primera vez, lo que supondrá un cambio importante.
Pero el cambio realmente importante es que ya no quedará nadie en el Ayuntamiento para recibir los insultos cuando denuncie lo realmente indecente. Imagino que es difícil convencer a los vecinos para que te den sus votos cuando no vives junto a esos vecinos, e imagino que a los partidos como el PP no les resultará fácil conseguir candidatos que vivan en pueblos como Galdácano con vecinos como David Ríos García.
Supongo que los analistas más preparados habrán estado lanzando desde el domingo las profundas reflexiones con las que intentan explicar la política: “Qué está haciendo mal el PP en el País Vasco”, “No consiguen conectar con la realidad social del País Vasco”.
El PSOE seguirá con dos concejales, pero también ellos han obtenido más votos. Ellos sí consiguen conectar con la realidad social. Ellos sí van por el buen camino.

La posibilidad

Ya dijeron algunos que Navarra iba a ser la comunidad a la que habría que prestar atención tras las elecciones del pasado domingo. El titular del ABC fue el más claro: “Vuelco electoral en Navarra, que hace una apuesta clara por el Constitucionalismo”. El más claro y, como hoy recoge el mismo ABC, también el más ingenuo. En la pieza del lunes hablaban de los 30 escaños que conseguían las fuerzas constitucionalistas. 19 de Navarra Suma (que podrían convertirse en 20 o incluso 21 tras el recuento) y 11 del PSN de María Chivite. Hoy en cambio se habla por un lado del bloque constitucionalista y por el otro de Geroa Bai (9), Podemos (2), EH Bildu (8) e Izquierda Unida (1). El bloque constitucionalista, hoy, está formado por la coalición Navarra Suma, que agrupa a UPN, PP y Ciudadanos. Y el PSN de Chivite, de momento, está en medio de los dos bloques.

De momento, porque al final el Partido Socialista, no sólo el de Navarra, tendrá que decidir. Durante la campaña Chivite ya dijo que no haría presidente al candidato de Navarra Suma. Chivite ha dicho hoy que quieren “formar gobiernos progresistas”. Es exactamente lo mismo que dijo ayer Lander Martínez, de Elkarrekin Podemos, para explicar que intentarían formar gobiernos con EH Bildu: gobiernos progresistas.
De momento Chivite no confirma que quiere gobernar específicamente con Geroa Bai y Podemos y con los votos de EH Bildu. Y por lo tanto no descarta esa posibilidad. Que el Partido Socialista de Navarra gobierne la comunidad gracias a los votos de EH Bildu es, hoy, una posibilidad. Y habrá sido una posibilidad pase lo que pase.

Chivite dice, para defender esa posibilidad, que quieren formar gobiernos progresistas. Lo que ha pasado en el PSOE para que llamen gobiernos progresistas a los gobiernos con los nacionalistas de todo pelaje es algo que va más allá del PSOE. No ha pasado sólo en el partido. Si un partido dice una estupidez, una mentira, si hace el ridículo, la prensa y los otros partidos recogen la estupidez, denuncian la mentira o se burlan del ridículo. Pero en España, hoy, se puede decir que un gobierno con el PNV, en el País Vasco o en Navarra con su otra marca, es un gobierno progresista.
Más, mucho más aún; se puede decir que un gobierno con EH Bildu es un gobierno progresista. Lo dice Podemos, lo dice el PSOE y lo dice todo del estado actual de la prensa. Entre unos y otros han conseguido que el nacionalismo sea identificado con el progresismo.

Pero lo terrible del pacto que Chivite está buscando en Navarra no es que llevaría a un gobierno del PSOE con los nacionalistas. Esto es algo que es ya una seña de identidad del PSOE, que prefiere hablar de pactos y de líneas rojas en función del emotivista eje izquierda/derecha y no en función del eje nacionalismo/racionalismo, lo que le lleva, por ejemplo, a estar detrás de la degradación política y moral de Baleares. El PSOE hoy es un partido que se encuentra más cómodo con los nacionalistas que con los partidos que siguen defendiendo los ideales de misma libertad y misma igualdad para todos. Así que eso no puede ser lo peor, porque con eso ya se cuenta.  Lo terrible es que el pacto de Chivite exigiría la colaboración de un partido como EH Bildu.

EH Bildu es el partido que, tras ganar las elecciones en Hernani, decide dar las gracias a los 19 “presos políticos” de la localidad, a los 19 etarras a cuyas fotos se dirigía con agradecimiento el nuevo alcalde en su discurso.

EH Bildu es el partido que prometía en San Sebastián pisos de alquiler social para los “presos políticos” que salgan de la cárcel. Y EH Bildu es Sortu, el partido que sigue identificándose junto a ETA en las “luchas de la izquierda abertzale”, el partido que aplaude a Txapote y al resto de etarras del pueblo un 5 de agosto de 2017 en una plaza de Galdácano, el partido de los que hacen homenajes a etarras.

Galdácano, 5 de agosto de 2017. Aplausos para los etarras del pueblo en el homenaje a Kepa del Hoyo.

El otro día estuve repasando Politics and the English Language, el librito de Orwell que alerta sobre los efectos que los atajos y automatismos que usamos en nuestro lenguaje tienen en el discurso político e incluso en el propio pensamiento . Y mientras iba anotando todo esto me daba cuenta de que no hay manera de transmitir qué es EH Bildu a quienes no saben ya qué es Bildu. Cuando decimos “homenajes a etarras” no decimos nada. Es ya una expresión devaluada. No porque no denote nada, como le pasa a “fascista”, sino porque intenta recoger en tres palabras todo lo que hay detrás de los dirigentes y de los votantes de ese partido, que son los que hasta hace cuatro días no se limitaban sólo a aplaudir y homenajear a los etarras. Y lo que hay es mucho. Es imposible transmitir todo lo que es EH Bildu con una expresión como “homenajes a etarras”. Ni siquiera sirve de nada que ampliemos la descripción. Podemos dar nombres, lugares, fechas. Podemos hablar de Andoain, de Galdácano o de Rentería, de Igerategi y Otaño, de Javi de Usansolo o de Kepa Etxebarria, podemos incluso añadir las imágenes. Pero es una batalla perdida.
Cuando el Partido Socialista de Navarra plantea la posibilidad de gobernar con los votos de EH Bildu no sirve de nada apelar a la memoria ni a la razón. Ni siquiera a las tripas. Cuando esa posibilidad existe sin que el PSOE salga alarmado a negarla, no hay nada que hacer.

Y no hay nada que hacer. No en esto. No sé qué pasará finalmente en Navarra. No sé si Chivite gobernará junto a los nacionalistas y con los votos de Bildu. Pero lo que sí sabemos es que para gobernar necesitará los votos de Bildu. Y que si llegase a hacerlo, sus votantes, los del PSN y los del PSOE, retorcerían la razón y la memoria para no tener que enfrentarse al hecho de que habrían aceptado los votos de un partido como EH Bildu. Los de los homenajes, los de Pernando Barrena, Otegi, Arkaitz Rodríguez, los de las ayudas para los presos políticos.
Es decir, los progresistas vascos.

La indiferencia de un pueblo sano

Cuando Maite Pagazaurtundua propuso ayer en Miravalles guardar un minuto de silencio por las víctimas de Josu Ternera, los que estábamos allí nos callamos. La sirena del pueblo, que había comenzado a sonar en cuanto los organizadores del acto llegaron al frontón, siguió sonando. La consecuencia fue que los insultos se escucharon aún mejor.
Antes de eso un comité de periodistas con cámaras y de vecinos, también con cámara -era difícil distinguirlos- se había agrupado en la ermita en la que nos fuimos juntando quienes habíamos decidido asistir al acto de Ciudadanos. Todavía no decían nada. El mensaje lo habían delegado en pancartas como la que colgaba de la estación de tren, “Ugaon ez zarete ongi etorriak”, (No sois bienvenidos en Ugao), y en algunas de las ventanas. En una de ellas se podía distinguir una foto con la cara del etarra Josu Ternera, el vecino Urrutikoetxea, y otro mensaje: “Josu askatu” (libertad para Josu). La foto estaba colocada sobre una ikurriña.


El día antes algunos comerciantes y vecinos del pueblo habían invitado a bajar las persianas de las viviendas y de los comercios. Había casas con las persianas bajadas, y casas, muchas, con las persianas subidas. También había vecinos asomados a los balcones y las ventanas, algunos de ellos, especialmente en la plaza del frontón donde hablaron Maite Pagaza y Albert Rivera, pertrechados con cazuelas, silbatos y mensajes ofensivos, primero en pancartas y después, cuando comenzó el acto, de viva voz.
En lo que no me fijé fue en cómo estaban los comercios. De un bar salió un vecino cerveza en mano para gritar “Gora Euskadi Ta Askatasuna”, así que había al menos un comercio abierto. En los demás no me fijé porque la calle por la que llegamos a la plaza del frontón estaba llena de fotos con la cara del etarra, del vecino Ternera, y con un mensaje que añadía un toque especial al omnipresente “Josu askatu”. Antes de eso se podía leer, sobre la cara del etarra Ternera, lo siguiente: “Maite zaitugu”. Es decir, “Te queremos”. Era difícil fijarse en otra cosa.

Antes de llegar al frontón pasamos por una pequeña plaza en la que se habían concentrado varios vecinos para mostrar su rechazo. Esos vecinos estaban de espaldas y entre ellos y nosotros había una pancarta: “Ez zarete ongi etorriak. No sois bienvenidos”. Esta vez en euskera y en castellano, para la foto. Este acto de rechazo se había organizado en la misma asamblea popular en la que el día antes se había propuesto cerrar los comercios, bajar las persianas, paralizar el pueblo. La indiferencia normalmente consiste en seguir leyendo el periódico o seguir tomando el café mientras pasan cosas. Hacer como si nada. En el caso de Miravalles, algunos vecinos organizaron una performance con varios puntos de control, colocaron y activaron una sirena en el lugar del acto, adornaron el pueblo con mensajes de cariño para un etarra y con mensajes de odio para los representantes de un partido político como Ciudadanos, y acompañaron a quienes decidieron asistir al acto con los insultos que ya se habían escuchado en Rentería y en Alsasua. Una parte de la prensa llamó a esto “indiferencia”, y dijo que los vecinos habían recibido con silencio a los asistentes, a pesar de los decibelios de la sirena, que ahogaba incluso los insultos.
En el checkpoint a mitad de camino, donde varios ciudadanos del pueblo esperaban para seguir leyendo el periódico y apurar la taza de café, la tensión era evidente. La orden era mostrar la espalda y guardar silencio. Algunos se habían colocado el “Ez zarete ongi etorriak” en la espalda, por si no se leía en la enorme pancarta. Otros levantaban el dedo corazón. Pero lo llamativo ocurrió cuando se escucharon los primeros “fascistas”, “hijo de puta” y “fuera de aquí”. Los que intentaban seguir en silencio mandaron callar para no romper el encanto. “Sssssssssssh”. Cuando lo dice alguien en una biblioteca o en un aula suele ser un “Ssh” corto. Ayer sonó como si estuviéramos pasando por delante de una reunión de serpientes. Se puede escuchar en el vídeo del siguiente tweet, a partir del 0:28.


En fin, los de la performance tuvieron dificultades para mostrar a la prensa una cara “amable”, pero la prensa, buena parte de la prensa, fue comprensiva y habló de indiferencia y silencio. Tal vez porque después de ver decenas de fotos con la cara de Josu Ternera cualquier cosa parece una cara amable.
Al final de la calle estaba la plaza del frontón y allí se vio (y se oyó) la otra cara de la misma performance. Algunos de los que habían posado en el acto de repudio silencioso vinieron a gritar los habituales “hijos de puta” y “fuera de aquí”. Alguien colocó la sirena, y alguien también tuvo que haberla adquirido. Yo no pude verla, y tampoco sabría dónde se adquiere algo así, pero ahí estaba. Tampoco sé si cuando alguien decide hacer sonar una sirena a las 12:00, por el motivo que sea, cuenta normalmente con la indiferencia de la policía local. En este caso la sirena estuvo sonando durante media hora sin que agentes locales pasaran por allí.
Habló Maite Pagazaurtundua y habló Albert Rivera. La primera habló a quienes insultaban, a quienes salieron a mostrar apoyo a Josu Ternera tras su última detención y a quienes habían escrito “Te queremos” en la foto del etarra. También, en general, a quienes hacían cosas como éstas y otras mucho peores cuando la banda de Ternera aún no había sido desarticulada. Al hacer esto, al hablarles a ellos en su casa, habló también a quienes tienen que convivir en pueblos como Miravalles con los vecinos a los que interpelaba Pagaza, y también les habló en su casa. El mensaje para estos vecinos estaba implícito en el mensaje a los primeros. Una pequeña parte de la prensa y de la opinión en redes vio esto y señaló que Pagaza, o Rivera, habían venido a Ugao a insultar a todos los vecinos, a llamar terroristas a todos los vascos. Una parte pequeña de la prensa lo señaló, y otra parte no tan pequeña lo insinuó. Esto es algo tan cierto -y tan fácilmente comprobable- como el silencio con el que los vecinos hostiles acompañaron el acto.
Pagaza se refirió a Pernando Barrena y a sus palabras como militante tipo de la izquierda abertzale -rival en las elecciones europeas, elecciones en las que, oh, sí pueden votar los vecinos de Miravalles-, Rivera se comprometió a llevar al Parlamento una ley para prohibir los homenajes a etarras.

Pero como decía antes del acto, los discursos y las medidas propuestas no fueron lo más importante. Lo importante fue que los vecinos de Miravalles pudieron ver un acto político en el que no se homenajea a un etarra, un acto en el que de hecho se denuncian esos homenajes y a quienes participan en ellos. En Miravalles gobierna el PNV y EH Bildu es la única oposición. La tranquilidad, en Miravalles y en tantos otros sitios en los que el PNV gobierna -solo o con el apoyo del PSE-, consiste en que los primeros dejan que los segundos, los abertzales, organicen todos los homenajes que quieran a personas como Josu Ternera. Andoni Ortuzar salió una vez más a denunciar la enorme indignidad que supuso el acto. Lamentó que se estigmatizara a un pueblo entero por “una persona que nació allí”. Andoni Ortuzar es vasco, vive en el País Vasco e incluso es dirigente de un partido vasco. Pero es nacionalista, algunos dicen que moderado. Y tiene dificultades para articular el pensamiento cuando hay que pensar sobre lo que fue ETA y sobre su legado. Ortuzar lamentó que se estigmatizara a Miravalles/Ugao por “una persona que nació allí”, pero no fue esa persona que nació allí la que colocó su propia foto ni la que se dijo a sí mismo “te quiero”. Fueron vecinos de Miravalles, de Ugao, los que decidieron adornar el pueblo con la foto de un etarra como Josu Ternera, con el mensaje “te queremos”. Fueron vecinos, otros, los que vieron esas fotos unas horas antes del acto, o unos días antes, y permitieron que siguieran ahí, a la vista de todos. Ortuzar añadió al final del lamento que “Ugao es un pueblo sano”.



El acto de ayer sirvió, precisamente, para mostrar la salubridad de los pueblos como Miravalles. Ortuzar, las personas como Ortuzar y las personas que quisieron mostrar su amor al etarra Ternera siguieron diciendo que todo está bien. Al finalizar el acto, la “Brigada de desinfección antifascista” de Sortu apareció para desinfectar el suelo por el que habíamos pasado.


37 ciudadanos

Hoy al mediodía está previsto un acto del partido Ciudadanos en Miravalles/Ugao.
Miravalles es una pequeña localidad vizcaína de unos 4000 habitantes, similar a muchas otras localidades vizcaínas. Tiene su Plaza del Pueblo, imagino que tendrá su Herriko Taberna, y desde luego tiene su vecino etarra. En el caso de Miravalles el vecino es Josu Ternera, nada menos. Hace unos días José Antonio Urruticoechea, Josu Urrutikoetxea, el etarra Josu Ternera, fue detenido en Francia mediante una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía francesa. Sortu, el principal partido de la coalición EH Bildu, organizó una manifestación de protesta en el pueblo para mostrar su malestar por la detención del etarra Ternera. En la pancarta que encabezaba la manifestación se podía leer “Josu eta besteak askatu”, es decir, libertad para Josu y los demás. Los demás son los otros presos de ETA. En la pancarta había también un dibujo de un pájaro atravesando los barrotes de una jaula y volando libre. Antes de la manifestación convocada por Sortu, varios vecinos del pueblo ya habían organizado un acto para pedir la libertad de su vecino, el etarra Ternera.

Hoy al mediodía está previsto un acto de Ciudadanos en Miravalles. Y esto es algo que ha molestado mucho a todos los que aceptan con normalidad que los vecinos de Miravalles y de otros pueblos vascos organicen homenajes a etarras como Josu Ternera, Kepa del Hoyo o Javi de Usansolo. Todos los que ayer pedían las sales -cargos del PNV como Andoni Ortuzar, representantes del Ayuntamiento de Miravalles y en general cualquier persona afín al nacionalismo vasco, en su vertiente jeltzale o abertzale- son los que callan cada vez que los vecinos de algún pueblo deciden mostrar su aprecio a etarras como Josu Ternera, por ejemplo organizando una cena de Nochebuena simbólica y sentando a la mesa las fotos de etarras como Txapote. Ellos, que con su indiferencia otorgan normalidad a los continuos actos de enaltecimiento terrorista en tantos pueblos vascos, piden hoy las sales. Porque el partido Ciudadanos pretende celebrar un acto político en uno de esos pueblos. Y porque, dicen, Ciudadanos apenas tiene votos en Miravalles.

En las últimas elecciones generales hubo 37 personas que decidieron votar a Ciudadanos en Miravalles. No obtuvieron ningún voto en las municipales de 2015 y tampoco lo obtendrán en las del próximo domingo, porque no presentan lista en esa localidad. Pero en Miravalles hay 37 ciudadanos que probablemente acogerán con agrado la visita del partido. O acogerían. Porque ayer se celebró en el pueblo una asamblea popular para organizar la respuesta vecinal a la visita. En esa asamblea se invitó a los vecinos a cerrar o bajar las persianas de las tiendas y a bajar también las persianas de las viviendas, como muestra de rechazo colectivo. También se invitó a los vecinos a una concentración de repulsa en la Plaza del Pueblo, y a dar la espalda a los asistentes al acto del partido Ciudadanos mientras recorren las calles. Estas acciones sirven tanto para mostrar rechazo como para mostrar quién no muestra rechazo. Así que a lo mejor alguno de esos 37 votantes de Ciudadanos se suma no al acto de Ciudadanos, sino a la invitación de la asamblea popular. Sería comprensible.

En uno de los westerns más famosos de la historia, un criminal es liberado sin que haya cumplido su condena. El criminal había jurado vengarse de quien lo detuvo, el sheriff de un pequeño pueblo llamado Hadleyville. El sheriff había decidido jubilarse y mudarse a otro lugar, abrir un negocio y formar una familia, pero se entera de que el criminal ha sido liberado y de que planea volver al pueblo. Los amigos del sheriff intentan convencerlo para que abandone Hadleyville cuanto antes. También su mujer lo intenta. Pero el sheriff decide quedarse. Recupera su insignia, viste una vez más la estrella y se queda en el pueblo, esperando al tren del mediodía en el que llegará el criminal. El sheriff intenta reunir un grupo de ciudadanos para plantar cara al criminal y a su banda, que también espera en el pueblo. No consigue a nadie. Incluso su antiguo ayudante renuncia. Y finalmente se enfrenta solo al criminal y a su banda.
El final es lo de menos.

Hoy al mediodía está previsto un acto de ciudadanos en Miravalles. Acudirán dirigentes y simpatizantes de un partido y tal vez algún vecino del pueblo. También acudirán personas de pueblos cercanos que votan a ese partido, o a otro, o a ninguno. Algunos acudirán por la llamada del partido, otros por la llamada de la conciencia y otros por los 37 vecinos. Muchos acudirán porque tal vez ya están hartos de tolerar una normalidad malsana que convierte las calles de tantos pueblos vascos en escenarios para homenajear a los terroristas de ETA cuando éstos, como el criminal de la película, vuelven a sus pueblos.
El partido que convoca el acto no obtendrá ningún voto en Miravalles ni en ninguna de las otras localidades parecidas a Miravalles, con sus plazas del pueblo, sus Herriko Tabernas y sus vecinos etarras. No sé si el acto hará que el partido obtenga más votos en las localidades que no son como Miravalles. Francamente, es lo que menos me importa. Lo que me importa, como ciudadano de una localidad parecida a Miravalles -Galdácano-, es que comencemos a recuperar la decencia. Lo que me importa es que los ciudadanos que no apoyamos a quienes durante décadas ejercieron el terrorismo como herramienta política entendamos que la normalidad es otra cosa. Que recibir con aplausos, antorchas y bailes a quienes decidieron dedicar su vida a sembrar el terror es lo más alejado de la normalidad. Que debe dejar de ser normal, que debe empezar a hacerse en los sótanos de los pueblos, no en las plazas, y que todo eso seguirá siendo normal sólo si dejamos que siga siendo normal, si cogemos el tren de las 12:00, si bajamos las persianas.

Hoy al mediodía habrá una reunión de ciudadanos en Miravalles y el final, de nuevo, es lo de menos.

Nada humano

Comentar de nuevo una serie por su dimensión política debe vencer una resistencia inicial: es un ejercicio estéril, porque se trata de una ficción. Es una pérdida de tiempo. No como el comentario diario, por profesionales de la escritura y por aficionados, sobre la política real, que también vemos en la televisión. Ese comentario, en redes sociales, blogs o columnas, se presenta como algo necesario. Algo que eleva. Pero no, hombre. Es el mismo tipo de comentario. Es el mismo tipo porque tampoco sirve para nada, y porque en el fondo no es un comentario sobre los otros, sino sobre nosotros mismos. Como ocurre siempre que nos ponemos a escribir. Así que en el fondo, muy en el fondo, no es menos ni más importante escribir sobre Sánchez que sobre Meñique; no es menos ni más importante comentar a Otegi que a un dothraki; a Iglesias que a Daenerys. Hay además un punto en el que la realidad y la ficción se unen: los otros comentaristas. Es decir, los espectadores. Escribimos sobre Otegi e Iglesias, y también sobre los otegis y los iglesias de la ficción, y al hacerlo nos comentamos a nosotros porque somos nosotros quienes establecemos los paralelismos. Y también escribimos sobre quienes aplauden a los dothrakis y a los daenerys. Escribimos sobre quienes aplauden o callan después de ver las caras de quienes han asesinado, en la ficción y en este conjunto de ficciones construidas con las que adornamos lo real. Y no hay un comentario que sea más importante que el otro, porque como quedó dicho, nada humano me es ajeno. Y nada más humano que comentar lo que hacen los otros para comentarse a uno mismo. Nuestra tarea vital es el humansplaining, que al mismo tiempo es la explicación no de lo humano sino de lo más particular, la forma en la que cada uno de nosotros elige ser humano.

Sobre el final de la ficción: probablemente pocos han quedado satisfechos. Habría que saber qué esperaba cada uno de este último capítulo. Coherencia, un anhelo horkheimeriano de justicia, espectáculo, sangre y fuego… El cierre fue contradictorio y previsible al mismo tiempo. ¿Por qué contradictorio? Comentamos como si lo que hubiéramos visto, que es sólo una pequeña parte de todo lo que pasa -en una ficción, sí-, constituyera todo lo que hay. Y en el fondo hay mucho más, y todo eso es inaccesible. Pretender que una acción humana es contradictoria es pensar que somos Dios.


El personaje principal es alguien que se llama Jon Nieve, y lo es porque la cámara lo sigue, y porque cuando la cámara lo sigue se comporta como nos gustaría comportarnos a nosotros. En la Batalla de los Bastardos pierde la razón y corre a salvar a su hermano, y se asfixia bajo una masa de humanos, demasiados humanos. En la batalla de Desembarco no pierde la brújula moral y observa con horror -a pesar de la inexpresividad del actor- cómo se comportan sus compañeros cuando caen las puertas y suenan las campanas. No sólo no se une al exterminio sino que intenta frenarlo. Incluso mata a un hombre de su ejército para salvar a una mujer de una ciudad extraña. El personaje es hasta ese momento la continuación del arquetipo que había encarnado su padre: el hombre -en genérico- desapasionado, capaz de controlar sus impulsos y de actuar siempre según el código ético universal. Pero a partir de ahí todo se desmorona. Finalmente, el protagonista no es hijo de su padre, ni en sentido biológico ni en el que importa, el simbólico. Eddard fue lo suficientemente noble, o estúpido, como para dejar que la preocupación por la vida de unos congéneres supusiera su sentencia de muerte. No creo que fuera la compasión sino más bien un excepcional sentido de lo justo. Jon, al final, es lo suficientemente estúpido y lo suficientemente mezquino como para ponerse al lado de quien ha masacrado a miles de personas sin necesidad. El mismo personaje que mata a un soldado de su ejército para evitar que asesine a un inocente posa ante el ejército de criminales de guerra junto a la jefa de los criminales. En ese momento nos acordamos de los guionistas y de las contradicciones, porque no es lo que esperábamos. Ésta es al menos la hipótesis optimista. La hipótesis no tan optimista es que probablemente nosotros, no sólo quienes desde el otro lado de la pantalla siguieron apoyando a la jefa de los criminales sino quienes esperábamos que el protagonista actuase correctamente, no habríamos llegado tan lejos; probablemente no habríamos sujetado el brazo de nuestro igual antes de que éste asesinara a un inocente.

Esto que comentábamos, la lealtad exacerbada hacia un humano, es lo que nos resulta incomprensible en el personaje. Porque el personaje siempre había sido leal no a la carne ni al Bien, sino al bien sin mayúsculas. Es decir, a la verdad y a la justicia también sin mayúsculas. Esto no es, como solemos pensar, una absurda lealtad a lo abstracto, a los principios por encima de lo humano. Es, precisamente, la única lealtad posible a lo humano. Lo humano siempre va acompañado de minúsculas. Cuando nos empeñamos en agrandar lo bueno mediante las mayúsculas lo que hacemos es colocar esas mismas mayúsculas a lo malo. No sólo eso. No es que el bien en mayúsculas engendre el mal en mayúsculas; es que el bien en mayúsculas es el mal en mayúsculas. El libertador promete la Justicia y la Libertad definitivas, y lo que es realmente definitivo es siempre la muerte.

El final es siempre el que es, y no podemos hacer nada por cambiarlo. En el caso de esta ficción, la Rueda, que se suponía origen de todos los males que caían sobre los campesinos, los taberneros y el resto de personajes de relleno, resultó ser simplemente la sucesión dinástica. Y se reían de la ingenuidad de Sam. Eliminada la sucesión dinástica todo se convierte en reencuentros amables, bromas y levedad. “Vuelve a preguntarme dentro de diez años”, contesta el que había sido gigante al protagonista.

Y el protagonista hace obligado lo que tenía que haber hecho por decisión propia: abandonar el reino y volver a su patria, que es el lugar simbólico en el que uno puede ser lo mejor a lo que puede aspirar. Su familia gobierna. Y su familia accede al pacto por el que lo condenan a volver a un muro que ya no existe y que ya no es necesario. La crueldad de la condena no reside en la vuelta al muro, que nunca fue castigo para quienes eran nobles, sino en que el muro ya no es nada. La Guardia de la Noche, que era el último refugio del deber, es ahora una hermandad del absurdo. La roca y la montaña, y la caída perpetua. Por eso el protagonista hace lo único que puede hacer: sin familia y sin propósito, marcha junto a los únicos compañeros que le quedan hacia el otro lado del muro.

Y a este lado queda como rey alguien que no es humano.

El País Vasco es una potencia

Es una potencia educativa. Así lo señalaban referentes como la BBC o José Antonio Marina, siempre certeros.

Pero no es sólo eso. Es también una potencia democrática. Así lo han señalado numerosos tuiteros y opinadores de reconocido prestigio tras las últimas elecciones generales, en las que Vox no llegó al 3% de los votos en el País Vasco.

Aunque claro, luego llega Pisa y te estropea la fiesta. La imagen del País Vasco como potencia educativa dependía de las evaluaciones internas y de datos tan neutros como el gasto por alumno. Pero cuando los alumnos del País Vasco se someten a evaluaciones internacionales como PIRL o PISA pasa lo que pasa. Lo que pasa es que el País Vasco está por debajo de la media de la UE en las tres competencias que se miden en el informe PISA publicado en 2016: Comprensión Lectora, Ciencias y Matemáticas. En dos de ellas (Comprensión Lectora y Ciencias) están además por debajo de la media de la OCDE y de España.

Y claro, luego llega Bildu y, en fin, nada, la fiesta sigue. Porque el País Vasco, como dijeron muchos opinadores de reconocido prestigio, había dado una lección democrática desterrando no sólo a Vox sino también al PP y a Ciudadanos. Hoy ha salido Sortu/Bildu a condenar la detención del etarra Josu Ternera, a pedir su excarcelación y a organizar actos en su apoyo. Bildu mandó cuatro diputados al Congreso en las últimas elecciones generales celebradas en España. Cuatro diputados que se sumarán a los 15 de ERC, con quienes formarán grupo con unidad de acción en el Congreso, lo que da un resultado de 19 diputados. Y estamos a unos días de las municipales y forales, en las que probablemente el País Vasco dará una lección aún mayor.

Y nada, simplemente me he acordado de estas dos cosas. De las lecciones del País Vasco y de quienes comienzan a ver sólo jardines en cuanto pasan Pancorbo.

Lo real en la ficción

Creo que es la segunda vez que escribo en el blog sobre una serie de televisión. La primera fue sobre Breaking Bad. Sobre la inmoralidad de su protagonista, Walter White, y creo que sobre la extrañeza ante la fascinación que despertaba en los espectadores. Imagino que si hubiera visto Narcos habría tenido la misma sensación.

El lunes se emitió el penúltimo capítulo de Juego de Tronos. La serie lleva dando tumbos desde hace una o dos temporadas, principalmente en cuanto a la lógica interna. Pero en este último capítulo han recuperado uno de los elementos principales de la serie y de los libros: el realismo. No pasan las cosas que deberían pasar, sino las que podrían pasar, las que probablemente pasarían. La compasión y la obligación de decir la verdad han supuesto una condena a muerte desde que decapitaron a Eddard Stark en la primera temporada. La inmoralidad y el utilitarismo han conducido al éxito desde que los Frey y los Lannister consumaran la Boda Roja. Esto es algo que incomoda, creo. Recuerdo perfectamente el andar haddockiano, imagino que con improperios mentales -era verano y estaba trabajando en una piscina, por suerte hacía malo y no había nadie-, después de leer el resultado del pacto Lannister/Frey. Pero oye, era lo que había. El mal triunfa a veces. Y para encontrar un refugio ficticio en el que esas cosas no pasaran ya estaba Marvel.

Avanzó la trama en los libros y la serie la llevó aún más lejos. Las intrigas políticas no eran sólo intrigas políticas. Por encima de quién ocuparía el trono rondaba la pregunta de si finalmente se haría justicia, aunque creo que pocos sabíamos a esas alturas qué supondría realmente que se hiciera justicia. Sólo quedaba esperar que los personajes “nobles” pudieran morir con su nobleza intacta o recuperada. Cada espectador habrá tenido su banda de nobles. Los que para unos han sido ejemplares para otros habrán sido un ejemplo de estupidez. Jon ha sido estúpido. Pero ha sido noble. Igual que su padre. Theon ha sido alguien moralmente despreciable, y se ha pasado buena parte de la serie intentando recuperar lo que tal vez nunca fue suyo. Al final consigue morir bien, que es, junto a vivir feliz, el otro gran objetivo del ser humano. Muchos otros personajes viven atados a sus demonios, algunos con una cuerda tan larga que parece que por fin se han librado de ellos. El Matarreyes, y también el Perro. Y por último está el grupo de los que han nacido para sembrar el mal. En la cima de ese grupo, como suele pasar en la realidad, se encuentra el personaje que fue presentado como caritativo, justo y con la misión de traer un nuevo mundo, a pesar de que en cada episodio daba muestras de que era -no sería, era- todo lo contrario. El mayor tirano de la serie no era Cersei, sino Daenerys. Esto es algo que resultaba evidente al menos desde que entra dispuesta a liberar las ciudades esclavistas, aunque pareciera lo contrario. Y era algo que se podía sospechar desde que decide integrarse en la sociedad dothraki y convertirlos en su tribu. ¿Cómo iba a construirse un mundo más justo a lomos de los asesinos más crueles del mundo?

La serie concedió un paréntesis. Las intrigas políticas, que en realidad eran también una intriga moral, se hicieron a un lado. Llegó la lucha entre el bien y el mal, sin grises. Primero en La batalla de los bastardos, y después en La larga noche. Aunque en este último caso ni siquiera se podía hablar del mal, puesto que el mal sólo puede ser humano. Era la lucha entre la humanidad y la muerte, sin metáfora. Y en esa lucha no hay dilemas morales ni traiciones, sólo épica.
Ganaron los buenos, aunque de la manera más chapucera posible. Fin.
Volvimos a la lucha entre humanos, y los personajes se comportaron como humanos, no como héroes que encarnaban las virtudes clásicas. La que pretendía ser una monarca compasiva se entregó por fin a sus instintos. Ese “por fin” que ha vuelto a salir es algo a lo que llevo dando vueltas desde ayer. Podría haber ocurrido de otra manera. La Fortaleza Roja destruida, algo más contenido. Pero por alguna razón esperaba que ocurriera lo que ocurrió. Esperaba en el sentido de que era lo que creía que iba a pasar pero también lo que quería que pasara. Y es algo que no sé si debería resultarme incómodo. Obviamente no quería que pasara porque me resultase un personaje simpático, más bien me parecía el personaje más odioso de toda la serie. Puede que esperase que pasara lo que pasó por el deseo de que no optasen por un final más o menos feliz que chocaría con las premisas de la serie. Pero también puede que quisiera que pasara eso para pronunciar mentalmente un “¿Lo veis? ¿Veis lo que pasa?”
En cualquier caso es absurdo. Es una serie de televisión.

Así que Daenerys, la líder de los dothraki, la que asesina a Varys, la que vive obsesionada con recuperar una tierra en la que no ha vivido nunca, la que sólo contiene su deseo de aniquilar a sus enemigos cuando sus consejeros la convencen, resulta ser un tirano. Esto no puede generar sorpresa. Como tampoco puede sorprender que los Inmaculados y los dothraki se entreguen al asesinato en masa y la violación contra la gente de Desembarco después de que éstos se hayan rendido. ¿Sorprende que lo hagan también los norteños? Pues es posible. Porque Jon, que además de tonto es norteño, nunca haría eso. Pero es la excepción moral. A veces esas excepciones morales consiguen inspirar a un pueblo. Y a veces el pueblo mata a la excepción moral cuando intenta detener el horror.


Todo esto es por las dudas en torno a cuál es la función principal de la ficción. Describir el mundo como es, contar cómo debería ser o mentir sobre cómo podríamos llegar a ser. Descripción, prescripción o inspiración. Probablemente todo a la vez, en un complicado equilibrio.
El papel de la ficción, pero no sólo.