Greta Sánchez

O Pedro Thunberg. Es un título estúpido para una idea: muchos análisis sobre estos fenómenos no se centran en lo importante, el qué, sino en lo accesorio, el por qué.

Comencemos con la joven activista climática. La cuestión más problemática en torno a Greta Thunberg es que es una adolescente que los adultos pretenden que sirva como modelo de acción para otros adolescentes. Lo problemático no es tanto lo que dice, si está más o menos equivocada, sino la idea de que los adolescentes deben recibir positivamente el mensaje de una adolescente. Y también el hecho de que junto a esta idea, en el mismo pack, hay muchas otras ideas. 

1- La igualación adolescente-adulto, o incluso la superioridad de los adolescentes. Se repite el mensaje de que los adolescentes -e incluso los niños- son quienes van a arreglar el problema del clima. Y no sólo ése. Porque si ellos son capaces de arreglar algo tan complejo como el cambio climático, ¿por qué no van a ser capaces de arreglar otros problemas? Esta idea, de manera nada sorprendente, es muy bien recibida por los adolescentes. En lugar de centrarse en el proceso de correcciones y autocorrecciones constantes que debe ser la adolescencia se les coloca en un pedestal y se comienza a hablar de “adultocentrismo”. 

2 – La superioridad de las emociones frente a la razón. Esto, hay que reconocerlo, es un hecho. Las emociones son más eficaces que la razón a la hora de promover una causa. La novedad es que ahora se está enseñando que no es algo con lo que hay que tener cuidado, algo que hay que modular, sino que es conveniente entregarse a ello. Los adolescentes no sólo están aprendiendo, sino que se les está enseñando que sí, que tienen razón, que las emociones son una guía para la acción y para la comprensión más eficaz que la razón.

3 – La acción sin análisis. Otra enseñanza que los gretistas están transmitiendo a los adolescentes: actúa. No hace falta que leas, no hace falta que te informes, y aún hace menos falta que examines el mensaje que transmitimos: abrázalo y actúa. Sal a la calle, protesta, grita consignas. Aunque no sirva para nada, aunque no entiendas nada.

4 – Los mensajes. A modo de paréntesis. El viernes pasado coincidí cerca del Teatro Arriaga en Bilbao con una manifestación de adolescentes por el clima. Imagino que les habrían dado permiso para abandonar el instituto y ocupar la calle. Algunas de las consignas que escuché en diez minutos, coreadas por menores de edad con voz de menores de edad:

 

  • El cambio está en la calle y no en los parlamentos.
  • La solución es la expropiación
  • El planeta no se muere, es un asesinato
  • Borroka da bide bakarra (la lucha es el único camino)
  • Jo ta ke irabazi arte
  • Que no, que no, que no nos representan
  • Ecologistas y anticapitalistas

Todo esto alentado por profesores, centros educativos en su conjunto e incluso alguna ministra. Todo esto es lo que está produciendo el “efecto Greta”. Se repite que está sirviendo para que los adolescentes cobren conciencia de la importancia del cambio climático, para que cambien las conductas que afectan al cambio climático, pero no es así. Es un mito. Los adolescentes -ellos mismos lo reconocen cuando se les pregunta- no saben más sobre el cambio climático. No han comenzado a informarse sobre el cambio climático ni sobre lo que dice Greta. Simplemente aceptan lo que dice esa niña, o mejor dicho, lo que transmite esa niña. Aprenden que hay que sentirse mal por el cambio climático, que hay que lanzar mensajes intensos, y que si lanzan mensajes intensos se les hará caso, sin importar que hayan pensado en lo que dicen.

Lo problemático no es tanto lo que dice Greta, sino que lo dice alguien como Greta. Lo problemático es que si el modelo es Greta, los adolescentes serán como Greta. Símbolos, personajes que lanzan mensajes más o menos incendiarios y apocalípticos en nombre de una causa que no han investigado. 

Y lo problemático es también lo que decimos sobre Greta, o algunas de las cosas que decimos sobre el fenómeno Greta. Que está financiada por no sé qué empresas de renovables, que está siendo utilizada por determinados políticos, que está convirtiéndose en símbolo de una causa que va más allá de la preocupación por el medio ambiente. Y como esto es lo que se dice, a esto se dirigen las respuestas de sus defensores. Ni siquiera es lo más importante el daño que se le está haciendo a Greta; al fin y al cabo es una niña más, y es difícil que alguien pueda parar lo que está pasando. Lo más importante es el efecto que todo este fenómeno tendrá en los adolescentes a los que se les está diciendo que Greta es el modelo, lo más importante es el modo en que afectará a su manera de ver el mundo y de relacionarse con él. Un mundo en el que los adolescentes son vistos como la mayor esperanza, en el que las emociones son fuente de verdad, y en el que el conocimiento no debe ser el antecedente de la acción.

Y en cierto sentido, salvando las distancias, algo parecido está ocurriendo con Pedro Sánchez, con lo que decimos sobre Pedro Sánchez. En concreto con lo que decimos sobre el partido de Sánchez en Navarra, el PSN. El qué, lo que hace ese partido, es habitualmente indecente. Se sitúa sin ningún escrúpulo al lado de los nacionalistas y de los populistas, y al lado de quienes siendo todo eso pertenecen a una categoría distinta, la coalición EH Bildu, la izquierda abertzale de toda la vida. El Partido Socialista de Navarra integra hoy el bloque nacionalista, junto a Geroa Bai, Podemos y EH Bildu. Ha asumido su relato, ha asumido sus premisas y ha asumido sus campañas. Y en lugar de hablar de esto, en lugar de denunciar el qué, nos centramos en el por qué. Porque pensamos que si todo esto lo hace como pago a EH Bildu por su apoyo al PSOE y al PSN es peor que si lo hace por el hecho de que, sencillamente, tiene más en común con EH Bildu que con Navarra Suma.
El PSN permitió que la alcaldía de Huarte fuera para EH Bildu, después de que la alcaldesa Amparo López, del PSN, se fuera al Gobierno de Navarra. En lugar de presentar a otro candidato el PSN decidió dejar su silla vacía el día en que se debía elegir al nuevo alcalde, lo que permitió que el nuevo alcalde fuera el candidato de EH Bildu. También decidió apoyar al candidato propuesto por EH Bildu para la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Y también decidió no condenar en el Parlamento navarro la propuesta de EH Bildu para exigir desde el Parlamento vasco que determinados partidos no hicieran campaña para las generales en suelo vasco.
El mensaje crítico con el PSN suele partir de una idea: todo lo que hace es una prueba del pacto entre el PSN y EH Bildu, todo sería un pago del PSN a EH Bildu. Pero eso es irrelevante. Y no es la peor opción. La peor opción es que el PSN haga todo lo que hace no porque le debe algo a EH Bildu, sino porque coincide con EH Bildu.

Y claro, cuando decimos que todo es una prueba del pacto PSN-Bildu, los defensores del PSN y del PSOE lo tienen fácil: ¿qué pacto?

 

La cuestión, tanto en el caso de Greta como en el caso de Sánchez, no es quién está detrás, quién los controla o a quién se deben, sino qué es lo que hacen. La cuestión realmente importante, siempre, es lo que hacemos.

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Otegi disfrazado de Baltasar

Ayer mientras volvía del trabajo tuve un flashback como de Elseworlds. Un What If? de los de Marvel ambientado en España. Vi a Arnaldo Otegi disfrazado de Baltasar, la cara pintada de negro, en las fiestas de Elgoibar, en los años 80. Me pregunté, como Uatu, qué habría pasado si alguien le hubiera sacado una foto disfrazado de Baltasar, qué habría dicho El País si esa foto hubiera salido a la luz hace unos días, como ha ocurrido con la foto de Justin Trudeau.

Me lo preguntaba a lo tonto, porque probablemente no habría pasado nada. Pero por unos segundos fue reconfortante imaginar la indignación unánime, las peticiones de dimisión, los yo acuso y los argumentos morales aplicados a alguien como Arnaldo Otegi. Por unos segundos imaginé que algo en el pasado de Arnaldo Otegi hubiera significado el final de la carrera política de alguien como Arnaldo Otegi.

La carrera política de Arnaldo Otegi comenzó poco después de la carrera terrorista de Arnaldo Otegi. En realidad no es fácil saber cuándo empieza una y cuándo termina la otra, porque la carrera política de Arnaldo Otegi se desarrolla en los diferentes partidos de la izquierda abertzale que actuaban al son que marcaba la banda terrorista ETA, como muchos de los dirigentes de esos partidos han reconocido.
En cualquier caso, es improbable que en los años 80 Arnaldo Otegi se hubiera disfrazado de Baltasar porque ya estaba integrado en ETA, e imagino que no tendría tiempo para esas cosas. Por eso me preguntaba qué habría pasado si hubiera salido a la luz una foto de Arnaldo Otegi con la cara pintada de negro, y si eso (al menos eso) habría significado el fin de la carrera política de alguien que formó parte de una organización terrorista, de alguien que jamás se ha arrepentido de lo que hizo esa organización terrorista, de alguien que hoy dirige la que es segunda fuerza política del País Vasco gracias, entre otras cosas, a las acciones de la organización terrorista en la que siempre ha militado.

Arnaldo Otegi es el secretario general de EH Bildu, la coalición en la que se integran partidos como Alternatiba, Aralar, los socialdemócratas de EA y Sortu. El partido que lidera esa coalición es Sortu, partido del que Arnaldo Otegi también fue secretario general en los tiempos de su fundación (en realidad refundación: Sortu, Batasuna o Euskal Herritarrok nunca dejaron de ser Herri Batasuna, del mismo modo que Herri Batasuna nunca dejó de ser el brazo político de ETA).
Ayer, en el Parlamento vasco, EH Bildu registró una Proposición No de Ley que decía lo siguiente:

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“El Parlamento Vasco exige” a los partidos políticos que concurrirán a las elecciones generales que se celebrarán próximamente “que apenas tienen apoyo social, político e institucional en Euskal Herria, que no utilicen durante la campaña política el territorio vasco con el objetivo de obtener votos fuera de aquí, y que no tensionen la convivencia causando incidentes o momentos violentos”.

En primer lugar, “exige”. Algunos hoy se quejan de que los de siempre, es decir, los que llevan años siendo vetados con violencia por la izquierda patriótica vasca, han manipulado lo que dice la propuesta. Pues bien, son esos mismos, que también son los de siempre, los que se refieren a la deseada exigencia de EH Bildu diciendo que la coalición “pide”. También se refieren a la propuesta como una “propuesta para la convivencia”.
El argumento para exigir a algunos partidos políticos que no pisen territorio vasco en campaña es el mismo que se usó cuando algunos partidos políticos decidieron hacer campaña, pero también política, en el mejor sentido del término, en Alsasua, Rentería y Miravalles.
Alsasua, Rentería y Miravalles son algunos de los pueblos de Navarra y del País Vasco en los que más claramente se ve cuál es el principal problema de la sociedad vasca. Porque sí, aceptemos que existe una cultura vasca, y que esa cultura vasca, por la lengua y por otras cuestiones, está presente también en determinadas zonas de Navarra. En la sociedad vasca se produce desde hace décadas algo excepcional, algo que no ocurre en ningún otro lugar de España, o al menos no con el mismo empeño, con la misma intensidad y con la misma duración. En la sociedad vasca es normal, es decir, se ha permitido que sea normal, homenajear y solidarizarse con quienes como Otegi formaron parte de una banda terrorista, y con quienes orbitaron alrededor de esa banda terrorista. En Alsasua un grupo de jóvenes dio una paliza a dos agentes de la Guardia Civil en las fiestas del pueblo cuando iban acompañados por sus parejas. Esto no es excepcional. Lo excepcional es el clima en el que se producen esas agresiones, y lo excepcional es la respuesta social a esas agresiones. En lugar de solidarizarse con las víctimas, los partidos nacionalistas del País Vasco y Navarra, los medios de comunicación nacionalistas y en general el ciudadano nacionalista medio se solidarizaron con los agresores. Hablaron de la agresión, que se produjo en un clima de odio a la Guardia Civil, como “una pelea de bar”. Y algunos partidos políticos, fuera de cualquier campaña electoral, fueron a Alsasua para denunciar la excepción moral que se vive en el País Vasco y Navarra, que tienen que vivir algunos ciudadanos vascos y navarros, independientemente de que voten a esos partidos, a otros o a ninguno. En ese acto habló Fernando Savater, que lleva casi toda su vida hablando sobre la excepción moral que vivimos en estas tierras. Y en ese acto un grupo de jóvenes accedió a la iglesia del pueblo para hacer sonar las campanas mientras se producían los discursos. Además, otro grupo de personas, más numeroso, había recibido a los asistentes con gritos e insultos (“Españoles hijos de puta”, por ejemplo). Y además, otro grupo de personas se plantó frente al acto con amplificadores para intentar boicotear el acto con un concierto.

También hubo un acto en Rentería. En ese acto habló Savater y también Maite Pagazaurtundua. Ya me referí a ese acto en esta entrada. Por último también hubo un acto en Miravalles. Hablé de ese acto aquí y aquí. Para este acto las calles de Miravalles aparecieron decoradas con la foto de Josu Ternera y con un mensaje que a nadie del pueblo pareció molestar: “Maite zaitugu”, “Te queremos”.

A nadie pareció molestar ese mensaje, pero obviamente ese mensaje molestaba a muchos ciudadanos. La cuestión, y esto es lo que EH Bildu entiende perfectamente, es que esos ciudadanos están solos y, lo que es más importante, están aislados. Y cuando estás aislado la prudencia invita a no llamar la atención.
Por eso EH Bildu propone que el Parlamento vasco exija a determinados partidos que no pisen suelo vasco en la campaña para las elecciones. Porque saben que si personas como Savater, Pagaza y quién sabe si algunos otros comienzan a poner habitualmente el pie en pueblos como Alsasua, Rentería y Miravalles, es posible que los ciudadanos aislados que tienen que torcer la mirada cada vez que ven la cara de un terrorista como Josu Ternera acompañada del “Te queremos” -que los incluye también a ellos- comiencen a sentirse menos aislados. E incluso que, por imitación, comiencen a plantearse si no podrían hacer algo.

La cuestión, y esto EH Bildu lo entiende perfectamente, es que el peligro no está en que los partidos a los que EH Bildu no quiere en el País Vasco consigan más votos o representación en esa parte de España; el peligro para EH Bildu es que la presencia de determinadas personas en el País Vasco, en campaña electoral o fuera de ella, puede ayudar a que los ciudadanos vascos que no quieren a Josu Ternera comiencen a ofrecer resistencia. El peligro real para EH Bildu no son Rivera, Casado ni Abascal, ni siquiera Savater o Pagaza, sino los ciudadanos de Alsasua, Rentería, Miravalles y tantos otros pueblos que sienten asco cuando ven sus calles decoradas con las caras de terroristas, y cuando ven a sus vecinos, a algunos de sus vecinos, regodearse en el lodo de la excepción moral.

Ésta es la cuestión, y creo que es esencial que todos lo entendamos. Entre otras razones porque EH Bildu lo ha entendido perfectamente.


 

Hoy en la portada de la edición digital de El País no había ninguna mención a la PNDL que EH Bildu registró ayer en el Parlamento vasco. Hoy en la sección España de la edición digital de El País, antes de la noticia sobre la propuesta de EH Bildu para que el Parlamento vasco exija a algunos partidos políticos que no pisen suelo vasco en la campaña electoral de las próximas elecciones generales había otras ocho noticias.


Hoy en las fiestas de Galdácano han colocado esto frente a la Herriko, en la misma calle que las barracas y las tómbolas.

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Ayer en la PNDL registrada por EH Bildu en el Parlamento vasco se decía esto:

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“El objetivo de estos partidos es (…) ofrecer una imagen distorsionada deformando y despreciando los pueblos de Euskal Herria y tensionando y provocando a la ciudadanía, solamente para difundir en el Estado el mensaje que a ellos les interesa”.
Hoy en las fiestas de Galdácano no está ninguno de los partidos que EH Bildu quiere lejos del País Vasco. No están aquí para ofrecer una imagen distorsionada de los pueblos de Euskal Herria. Hoy en las fiestas del País Vasco, frente a la Herriko, hay una pancarta en la que se puede leer “Maite zaituztegu”, “Os queremos”, dirigido a diez etarras, entre los que se encuentra Francisco Javier García Gaztelu, `Txapote´.
Sin distorsión ni deformación. Por eso cuando EH Bildu exige que quienes ofrecen una imagen “distorsionada” de los pueblos de Euskal Herria no pisen suelo vasco no se refiere sólo a los partidos políticos. Porque para ver cuál es la imagen real del País Vasco sólo hace falta pisar el País Vasco.

Entre finitos y tortitas de camarón

Hoy, de nuevo, un artículo sobre Rentería. Éste, en Naiz. Su autor es Iñaki Revuelta, cantante, y el título es Errenteria aurrera!, que se puede traducir como ¡Adelante Rentería! En realidad los artículos sobre Rentería no comenzaron después del acoso del domingo. Comenzaron cuando en buena parte de la prensa no abertzale, con El País como principal referente, decidieron construir un relato sobre Rentería (2017, 2018). Su alcalde había pedido perdón a las víctimas “si en algún momento este consistorio a lo largo de su historia, o yo mismo, no hemos estado a la altura de las circunstancias”. Del mismo modo que cualquier muestra de apoyo que vaya seguida de un “pero” no vale nada, cualquier petición de perdón que comience con un condicional no es más que una muestra de que en realidad no se está pidiendo perdón. La circunstancia a la que se refería el alcalde es que Rentería fue durante muchos años un pueblo vedado para una buena parte de sus vecinos. Y lo sigue siendo. Lo que ha cambiado es que ya no los asesinan. Por eso lo que hace el alcalde de Rentería es peor que inútil. Es inmoral. Lo que hace es pedir perdón a quienes ya están muertos, a quienes fueron desactivados y no pueden molestar, mientras normaliza que los matones, sus matones, en cuanto que son sus representados, acosen a quienes deciden dar discursos que no se integran en la idea única del nacionalismo.
El alcalde, un detalle importante, es de EH Bildu. La misma coalición que tiene en Sortu a su principal partido, la misma coalición que presenta a etarras condenados en sus listas, y la misma coalición desde la que se organizan homenajes a etarras cuando salen de la cárcel. Bien, pues a este alcalde lo acompañó una azucarada campaña mediática desde que nombró las palabras “reconciliación” y “convivencia”.

El domingo se vio en qué consistían la reconciliación y la convivencia. Un partido político decidió celebrar allí un acto con, entre otros, Fernando Savater y Maite Pagazaurtundúa. Días antes de la celebración del acto ya había llamamientos a recibirlos “como merecen”. Entre esos llamamientos estaba el de Sortu, el principal partido de la coalición a la que pertenece el alcalde de Rentería. Llamamientos a recibirlos no con aplausos, o con un silencio solemne, que tal vez sería lo suyo, sino con insultos, con exigencias de que se “vuelvan a España”, con miradas de odio, con patadas a los coches y, lo de menos y lo que más se ha resaltado en cierta prensa, con caceroladas y lazos amarillos. La recepción fue justo lo opuesto al recibimiento que se ofrece habitualmente, también en Rentería, a presos de ETA que salen de la cárcel. A éstos se los recibe con aplausos y aurreskus, como recordó Pagazaurtundúa. A aquéllos se les recibió como si fueran asesinos. Había más personas insultando a los asistentes del acto, desde que entraron hasta que se fueron, que asistentes al acto. Este detalle se ha comentado con cierta sorna en la prensa no abertzale, dando la razón a la prensa abertzale, más roma, que señalaba directamente que no eran bienvenidos.


Ésta es la esencia no sólo de Rentería, sino de todos los pueblos vascos -y catalanes- en los que el nacionalismo no es que se haya desviado, sino que sencillamente ha llegado a su última fase, la de religión sustitutoria que genera sus propias inquisiciones y sus propios demonios. La esencia de cierta prensa no abertzale, por alguna razón, es tolerar que en numerosas regiones de España siga imperando la ley de la tribu, la separación entre un ellos y un nosotros, una separación étnica que va más allá de lo retórico.

Pero esta prensa no puede mostrar sin más el esqueleto de esta convivencia orwelliana. Necesita un relato, una ficción sobre la que construir su aceptación cobarde de lo peor de España, de Europa y de la historia reciente. Necesita artículos como los que se publicaron hace dos o tres años sobre el ejemplar alcalde de Rentería, aunque hoy no puedan ser vistos más que como una enorme equivocación, no sólo empírica sino principalmente moral. Gracias a esos artículos, y gracias a las campañas del propio ayuntamiento, se pueden publicar textos como el que hoy aparece en Naiz. “Adelante Errenteria”, dice el autor del texto. “Gora Errenteria”, decía Maite Pagazaurtundúa. El autor del texto apela a quienes el domingo le gritaban a Maite Pagaza que se volviera a España, los anima a que lo sigan diciendo. Maite Pagaza, que pasó su infancia en Rentería, también se dirigía a ellos. Se dirigía a ellos como el padre Barry se dirigía no sólo a los matones de La ley del silencio, sino también a aquéllos que guardaban un silencio cómplice. Pagazaurtundúa se dirigía a ellos y los miraba a la cara no para hacerse perdonar ni para intentar “seducirlos”, sino para que escucharan, por una vez y en su casa, que también es la de ella, en qué consiste el horrible proyecto del que decidieron ser parte.
La prensa no abertzale necesita artículos como el que hoy publica Naiz porque, además de dar la razón a quienes exigían a los asistentes del acto que se fueran y no volvieran nunca, deja pinceladas de la ejemplar lucha del pueblo por la convivencia:

Mucha «culpa» de todo esto que se respira por allí la tiene su alcalde Julen Mendoza, al cual también tuve el honor de conocer en uno de esos enriquecedores encuentros culturales. Entre finitos y tortitas de camarón, entonábamos “Txoria Txori” con un toque flamenco, en una bella armonía entre personas que únicamente quieren aportar y no destruir. Envidiable sin duda ese escenario logrado, ansiado por muchos pero no siempre conseguido.

Rentería, como tantos otros pueblos vascos -y catalanes- es el horror oculto tras una gran ficción. Es una aldea potemkin en la que todo es bella armonía, siempre y cuando los que hasta hace poco temían ser asesinados por no aceptar el modelo tribal de convivencia se queden en casa cuando alguien como Maite Pagazaurtundúa, vecina del pueblo y a cuyo hermano decidió asesinar ETA, pretende dar un discurso en la plaza. Puedes organizar jornadas culturales, comer tortitas de camarón, recibir con aplausos a los asesinos de ETA e incluso cantar con un toque flamenco; pero que no se te ocurra dar un discurso en la plaza para defender a quienes siempre fueron silenciados en pueblos como Rentería, porque dirán que vas a provocar. Lo dirán quienes aplauden a los etarras, el alcalde, los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco, la prensa abertzale, una parte de la prensa no abertzale, los dirigentes de partidos como Podemos e incluso, de manera más o menos explícita en función de las circunstancias, dirigentes del partido que durante un tiempo fue el partido de Maite Pagazaurtundúa.

La España negra es y ha sido siempre, desde que vivimos en un Estado de derecho, la España de Rentería, Alsasua, Vic y Amer. La España de los que limpian con lejía después de que pasen quienes son considerados enemigos del pueblo, la España de los que repiten el mensaje único desde la megafonía municipal, la España de los que cierran los pueblos a los que “vienen de lejos” mientras los abren a quienes decidieron asesinar a los enemigos del pueblo. Ésa es la España negra realmente existente. Y seguirá siéndolo mientras no entendamos que el primer paso para conseguir la España que quieres debe ser la denuncia firme y constante de esta España indeseable, y que en Rentería, Alsasua, Vic y Amer hay personas que quieren una España en la que se pueda vivir con normalidad, y que esas personas merecen algo más que una condena genérica, rápida y estéril de “las violencias vengan de donde vengan”. Porque las violencias vienen casi siempre del mismo sitio, y se dirigen casi siempre hacia los mismos.

——————————————————————————————————————–El Ayuntamiento de Rentería elaboró el año pasado una campaña para mostrar la convivencia y la diversidad que caracterizan al pueblo. El principal documento de la campaña era una canción. El nombre de la canción es “Egin zaidazu bisita”, algo así como “Visítame”. Al comienzo del vídeo, varios felpudos ante una puerta, con palabras como “Home”, “Ongi etorri” o “Bienvenidos”, en varios idiomas. Éste es el vídeo. A continuación, un vídeo en el que cualquiera puede ver cómo fue el trato a los que quisieron visitar Rentería el domingo. Y por último, el discurso de Maite Pagazaurtundúa en Rentería.

El estornudo moral

Un periodista conocido difunde un bulo. El bulo parte de lo de siempre, imagino: una mezcla de comprensión defectuosa, precipitación y mala fe. El bulo es desmentido. No es éste un caso difícil. La propia imagen que da inicio al bulo explica claramente que lo que se dice que es, no es.
El periodista borra el bulo. Otro periodista que también había compartido el bulo se empeña en defender lo que no existe.
Un espectáculo habitual.

Nosotros, los lectores (es decir: yo, que escribo esto) creemos que jamás nos comportaríamos así. Si alguna vez difundiéramos un bulo y alguien nos señalara el error, la vergüenza nos llevaría a una cueva.
La cuestión es que quien nos llevaría a la cueva sería la vergüenza, y la vergüenza no es la recta razón, ni el deber moral, si es que son distintos. La vergüenza es una afección. La tenemos desde pequeños, en distintos grados, y también se dispara por distintos motivos. Unas personas estornudan debido al barniz, otras por la pimienta, algunas por el polvo, e imagino que habrá quien estornuda por todo. Pero no educamos los estornudos. Y creo que tampoco educamos la vergüenza. Seguramente estoy equivocado, porque hoy me he levantado especulativo y acientífico, pero diría que somos esclavos de nuestras vergüenzas, y también diría (es decir: digo) que es más llevadero pensar que hacemos las cosas que no podemos evitar hacer porque queremos hacerlas. Es más llevadero pensar que la recta razón modula la vergüenza. Que el hecho de conocer cuáles son las causas por las que hacemos lo que hacemos nos hace más libres, y que en cierto sentido hay una parte de autoeducación en el carácter.

Pero hoy, llevado por algo que, sospecho, no es la recta razón, me ha dado por pensar que lo que impediría que nos comportásemos como quienes mencionaba al principio no es más que una lotería.
Y si esto fuera así, ya sabemos dónde quedaría el juicio moral. El que hacemos a los demás y el que nos hacemos a nosotros mismos.

La noticia es sagrada

Un joven -podría ser una joven, y hay que decirlo, pero en esta breve ficción pondremos que es un joven- termina sus estudios de Bachillerato. Seguramente con mérito. Y decide embarcarse en la carrera del periodismo. Es una carrera larga, llena de aprendizajes y de dificultades. Una aventura. Y cuando esa aventura termina comienza la otra, la de verdad. La aventura del periodismo.

El joven ya es periodista. Se va abriendo hueco y pasa por varias redacciones. Conoce los sinsabores de la profesión. Tal vez, quién sabe, le asaltan las dudas. Pero puede que recuerde las grandes historias, las que dejan huella. Recuerda haber visto la indiferencia en una playa de Tarifa. Recuerda la aventura, literal, sin metáforas, dolorosamente humana, del padre que decidió hacer lo imposible para salvar la vida de su hija. Recuerda tantos otros casos en los que el periodismo se convirtió en Periodismo. Y sigue, porque la tarea lo merece, y él tiene que estar a la altura. Recuerda los mandamientos, como si hiciera falta. Como si la universidad no inoculase el suero de la verdad a todos y cada uno de ellos. Sigue abriéndose hueco, hasta que por fin se establece.

Y hace el periodismo. No sólo lo hace, sino que lo defiende. Porque los bárbaros siempre están a las puertas, y los diques contra la falsedad necesitan mantenimiento constante. El periodista sabe que tiene que arrimar el hombro, porque detrás de él están las personas, y porque sólo hace falta que las sombras venzan una vez para que se extinga la luz.
Sabe que esto no es sólo una cuestión de hechos, y que la objetividad es sólo la excusa de los cobardes. Sabe que la noticia es sagrada, sabe cuál es el templo, y quiénes son los sacerdotes.

Por eso el periodista no duda en tomar el arma cuando hay que defender el templo. No cualquier arma: la inteligencia, en forma de palabra. Él solo se lanza hacia las líneas enemigas, sin esperar a nadie, pero sabiendo que a su lado están otros como él. Y rompe el asedio, y hace retroceder a los bárbaros. Ha pasado antes y volverá a pasar, no es tan ingenuo como para pensar que la victoria es posible. Pero la noticia es sagrada, y no puede ser dejada a los buitres. No hoy, al menos.

La noticia es sagrada. No hay más verdad que ésta, y él lo sabe. No deben tocar la noticia, porque no saben cómo funciona. Cómo iban a saberlo ellos, los que no estaban allí el día que cayó del cielo.

El combate es duro, pero recuerda las grandes historias. Recuerda los mandamientos. Y sigue.

La evolución de la noticia y el diseño inteligente

“Detenido por amenazar contra Pedro Sánchez un hombre que tenía un arsenal de armas”.

Así titula la noticia eldiario.es. Hace 7 horas el titular era distinto: “Detenido un experto tirador que anunció su intención de matar a Pedro Sánchez”.

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Lo que va de un titular a otro es lo que va de la publicación apresurada a la comprobación periodística. Por el camino se pierde el impacto, pero a cambio se llega a algo más parecido a la verdad, que por definición es incompatible con el adorno.

Otros medios también decidieron adornar la noticia, o decidieron no comprobar los detalles impactantes de la noticia.

El Mundo.

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El País.

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La Vanguardia.

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Tele 5.

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El Español, con detalles llamativos.

 

A la misma hora en la que esos medios titulaban de esa manera, El Periódico titulaba así, y explicaba esto:

 

La entrevista de Els Matins de TV3 ya llevaba un tiempo circulando.

La noticia sale de una exclusiva de Público firmada por Patricia López y Carlos Enrique Bayo. En la noticia, que es la fuente de las demás noticias, los dos periodistas se refieren al detenido como “francotirador” y como “lobo solitario”.
En el primer párrafo de la noticia, los periodistas de Público decían esto:

Además, es un tirador sobresaliente, el mejor de los del club del tiro olímpico del Vallés en el que practicaba y competía con éxito desde hacía muchos años, hasta convertirse en un experto en armamento; un francotirador avanzado capaz no sólo de modificar armas cortas o largas, sino incluso de construirlas.

La directora de Público, Ana Pardo de Vera, decía esto en El Programa de Ana Rosa cuando empezó a circular la noticia de Público, y antes de que comenzase a circular la noticia de Els Matins:

Era una persona muy entrenada que se preparaba en el club de tiro para matar a Pedro Sánchez. No sabemos cuándo lo iba a hacer, pero técnicamente lo tenía todo preparado.

El Periódico, como hemos visto, decía esto:

El presidente del Club de Tiro Terrassa, Manuel Moreno, donde era socio el hombre detenido ha cuestionado que fuera un “francotirador”.
En una entrevista de TV-3, ha definido al hombre como un “tirador mediocre, de cuarta categoría“, y ha dudado de que fuera un francotirador, porque disparaba con un arma de aire comprimido.

Es evidente que las dos descripciones no pueden ser verdaderas al mismo tiempo, y por lo tanto una de las dos noticias es falsa. Y por lo tanto alguien ha decidido mentir.
La noticia de TV3 procede de una entrevista al que dicen que es el presidente del club de tiro en el que practicaba el detenido. La noticia de Público, firmada por Patricia López y Carlos Enrique Bayo, procede de “una fuente cercana a la investigación”.

A las 9:24 de la mañana la cuenta de twitter de los Mossos decía esto:

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En la noticia de Público firmada por Patricia López y Carlos Enrique Bayo se afirmaba que la detención se había efectuado hacía tres semanas. Aun así, el tweet de los Mossos daba a entender que la detención se había producido hoy mismo, o al menos en las últimas horas.

Podemos, desde su cuenta oficial, decía esto a las 9:55:

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Pablo Echenique decía esto a las 9:27:

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Y Juan Carlos Monedero decía esto a las 9:52, mencionando a dos periodistas:

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El mismo Juan Carlos Monedero, a las 12:13, había escrito y compartido esto en Público, el medio en el que apareció la noticia:

 

Y esto otro, sobre periódicos que señalan objetivos y periódicos que se decía que señalaban objetivos:

 

El ojo, la complejidad del ojo, la historia de su evolución, es uno de los argumentos más conocidos para defender el diseño inteligente. No es posible que algo tan complejo se haya originado “al azar” -aunque en realidad no es así realmente, o al menos requeriría una explicación más larga-, y es mucho más probable que haya sido creado por alguien para cumplir algún propósito, así que ésta tiene que ser la explicación real.
Pero no es así. La explicación del diseño inteligente necesitaría a su vez de explicaciones aún más difíciles de justificar. Sabemos que el ojo no ha sido diseñado ni creado por alguien, aunque no sepamos explicar personalmente cómo surge.
Sabemos todo esto, pero se nos olvida frecuentemente. Sabemos que hay cosas sobre las que no podemos dar una explicación exacta, y sabemos que nuestra propia mente nos lleva a razonar mal. Es lo que pasa cuando decimos que tenemos ojos para poder ver, que razonamos mal, porque tendemos al “para”. Sencillamente, podemos ver porque tenemos ojos.
Del mismo modo (es un decir), la noticia, la complejidad de la noticia, la historia de su evolución a lo largo del día, es un argumento que se presta a especular con un diseño que intenta ser inteligente y que estaría detrás de la noticia. Es una posibilidad, sí. Pero no sé qué sentido tiene especular sobre las posibilidades cuando los hechos son interesantes en sí mismos y cuando hay autores conocidos que podrían ayudar a esclarecer los puntos extraños en esos hechos.

La noticia, por cierto, ya era lo suficientemente importante y grave sin necesidad de los excesos. Del mismo modo, los comentarios de Podemos son suficientemente importantes y graves en sí mismos. Pero somos lo que somos y tendemos a lo que tendemos. Y lo peor es que no hay un dios al que poder pedir explicaciones.

Frenar al fascismo, II

El fascismo es un hecho histórico, vinculado por tanto a un tiempo y a un lugar.
Pero somos dados a buscar similitudes en lo distinto, porque puede ser útil reconocer el peligro antes de que se imponga.
En España hemos recurrido a la palabra “fascismo” para referirnos a unos métodos que en realidad son transversales. La amenaza violenta, el acoso, la intimidación a la prensa o el asesinato no son exclusivos del fenómeno histórico del fascismo.
En España el fascismo, entendido como la utilización sistemática de esos comportamientos políticos, anidó en grupos nacionalistas de extrema izquierda.
Habría sido más fácil y tal vez más preciso referirse a estos grupos -ETA, Terra Lliure- como eso: nacionalistas de extrema izquierda. Pero se escogió el fascismo. Así sea.

Fascismo, decíamos. Y frenar al fascismo, decían hace unos días.
Quienes decían esto tienen una oportunidad de oro para demostrar su compromiso la semana que viene. El 4 de noviembre la plataforma España Ciudadana celebrará un acto en Alsasua para defender la labor de los servidores públicos. En concreto, la labor de la Guardia Civil. Y aún más en concreto, la de los dos guardias civiles que fueron agredidos por un grupo de jóvenes del pueblo cuando osaron entrar en un bar con sus respectivas parejas en las fiestas de la localidad navarra. El grupo de jóvenes agredió a los guardias civiles y a sus parejas porque se trataba de guardias civiles, y porque en el País Vasco y en Navarra el fascismo, es una forma de hablar, se impuso y se mantuvo durante muchos años. El fascismo, pongámoslo así, anidaba tanto en ETA como en lo que se llamaba y se llama la izquierda abertzale. El fascismo estaba tanto en quien disparaba contra un periodista como en el periódico que señalaba a un político desafecto. Tanto en quien secuestraba como en quien dejaba una carta amenazante en el buzón. Y tanto en quien asesinaba a un guardia civil como en quienes pretenden -presente- impedir que unas personas, por el hecho de ser guardias civiles, puedan llevar una vida normal en su pueblo.

Quienes han despertado recientemente de su letargo antifascista tienen una oportunidad inmejorable para sumarse a la lucha contra el fascismo que otros llevan un tiempo cargando sobre sus hombros. Hay además un incentivo interesante: Vox, el partido nacionalista y populista que los despertó, acudirá al acto en Alsasua. Los antifascistas durmientes alertaron sobre el peligro de que Vox creciera gracias a la presencia en los medios. El acto en Alsasua será por tanto una oportunidad para ellos, porque no se espera la presencia de un gran número de fuerzas políticas. El llamamiento de los antifascistas a no hablar de Vox podría redirigirse estratégicamente en esta ocasión: que no hable sólo Vox. Así, la presencia de este partido no destacaría tanto.
Esto tendría un coste para los antifascistas, claro: tendrían que manifestarse públicamente contra el fascismo realmente existente.

La lucha contra el fascismo está llena de estas contradicciones y de peajes. Qué le vamos a hacer.

“Aquella desgraciada noche fatídica”

Cada día estoy más convencido de que la primera señal de la mentira en el periodismo son los adjetivos. El periodismo consiste en contar hechos, y el periodismo bien hecho exige que aquéllos se cuenten lo más fielmente posible. Esa fidelidad no se debe a una causa ni a los lectores, sino a los hechos. El periodista cuenta los hechos, y el lector reacciona de una manera o de otra. Presentar los hechos de una manera alternativa para intentar llevar esa reacción a donde uno quiere es mentir. Salvo que se haga sin pretensión de veracidad; eso es lo que llamamos ficción.

¿Para qué sirve el adjetivo en un texto periodístico? En ocasiones, sí, para describir con más precisión un hecho. “Lluvia fina” y “lluvia torrencial” son hechos distintos.
Pero también puede servir para añadir connotaciones a un hecho. Connotaciones que pasan de la mente del periodista a la mente del lector. Connotaciones que en realidad son añadidos que no pertenecen ni pueden pertenecer al terreno de los hechos. El adjetivo en esos casos no describe el hecho sino que lo valora. Si compartimos la idea de que la realidad es algo externo al sujeto, entonces la descripción de un hecho es, con todos los matices epistemológicos que queramos, algo objetivo. En cambio, la valoración de un hecho no dice nada sobre el hecho, sino sobre el sujeto que valora ese hecho. Cuando esa valoración va en la sección de Opinión es hasta cierto punto comprensible. Si el artículo está plagado de adjetivos y apenas hay referencias objetivas, será simplemente una opinión en sentido literal, platónico. El problema, por llamarlo de algún modo, es que un texto con enfoque valorativo sea presentado como noticia.

Es el caso de un texto que aparece hoy en Deia, en la sección de Política. Se trata de un texto sobre el “caso Altsasu”. El “caso Altsasu” se refiere a unos hechos que ocurrieron en la localidad navarra de Alsasua en octubre del año 2016. La sentencia sobre el caso, recurrida, establece que un grupo de personas agredió a dos agentes de la Guardia Civil y a sus respectivas parejas cuando los cuatro se encontraban por la noche en un bar, que la agresión se cometió por motivos ideológicos y que se daba el agravante de odio.

El segundo párrafo del texto publicado en Deia comienza así:

Todo comenzó hace dos años, el 15 de octubre de 2016, en la madrugada de ferias de Altsasu. Lo que muchos entendían como una pelea de bar entre unos jóvenes con dos guardias civiles y sus parejas, pronto se transformó judicialmente tras las presiones judiciales y gubernamentales en “acto terrorista”, con una repercusión mediática que causó temor en la villa.

La primera señal de la mentira en el periodismo, decía al principio, son los adjetivos. Lo que he destacado en negrita pertenece a ese mismo empeño por presentar una versión adulterada -diluida o cargada- de los hechos, que es lo que significa “mentira” en la esfera del periodismo.

Para ver un ejemplo del uso de los adjetivos en el periodismo de relato hay que ir al párrafo 6.

Estos dos años también han sido de una gran ola de solidaridad que se transformó en tsunami, con movilizaciones no conocidas en Navarra. Este movimiento comenzó en Altsasu, cuando unos días después de aquella desgraciada noche fatídica, el 22 de octubre, unas 2.000 personas salieron a la calle en Altsasu para apoyar a los jóvenes y denunciar la imagen distorsionada que se estaba trasladando de Altsasu en los medios.

Es una combinación ciertamente novedosa. ¿Hace falta escribir así en una noticia? Si el objetivo del texto es recordar el caso cuando se cumplen dos años de las agresiones, ¿por qué se emplea ese tono de relato literario? Y sobre todo, ¿por qué el doble exceso que acompaña a aquella noche?

En realidad estas preguntas, como de fin de capítulo en un serial de misterio, son bastante estúpidas. Y es probable que la convicción de la que hablo al principio, como casi todas las convicciones, sea también un exceso.
¿Existe la palabra “autoanotación”?

Periodismo de raza

Hoy en Deia han publicado la siguiente carta al director: La etnia vasca.

He tenido que leer la carta varias veces para asegurarme de que no era una broma, y he tenido que fijarme en la dirección de la página para asegurarme de que no había llegado de alguna manera a la de un grupo supremacista.

Así que sí, después de las comprobaciones, efectivamente es una carta que han publicado hoy en el diario Deia.
Es una carta que hay que leer, una o varias veces.
Es una carta que no creo que necesite más palabras que las que forman la propia carta. Está todo ahí.

Sólo una pequeña reflexión. No es el contenido de la carta, producto de la mente de un ciudadano anónimo, lo que produce malestar. Es el hecho de que la carta la publique un periódico de los que se venden en las panaderías, no en algún sótano clandestino. Y también la sospecha de que ningún otro periódico dedicará un minuto a la carta y al diario que la publica.

Frenar al fascismo

Durante años, incluso durante aquellos años, una parte importante del periodismo en España recordaba con frecuencia que el voto era siempre legítimo, que debían respetarse las elecciones de todos los votantes y que todos los partidos eran, en cuanto a organizaciones políticas, igual de aceptables. Cuando repetían eso lo hacían para defender la presencia de un partido concreto, porque sólo se discutía la presencia en la política española de ese partido.

Esa parte del periodismo repetía que ese partido representaba una sensibilidad determinada. Y que sus votantes no podían quedarse fuera de la representación política.
Pero ese partido, que tuvo varios nombres, no era un partido más. Al fin y al cabo, ninguno de los otros partidos era el brazo político de una banda terrorista.
Ese partido representaba la sensibilidad de quienes ayudaron en la supervivencia de ETA, la de quienes colaboraron con sus secuestros y asesinatos, aunque fuera con los votos, y la de quienes eliminaron a votantes y concejales de otros partidos, mediante bombas y balas o simplemente mediante la posibilidad de la bomba y la bala.

Una parte del periodismo en España, con más o menos intensidad, defendió que también ellos debían ser parte del juego político, que lo importante era que todos se sintieran representados. También los que se dedicaban sistemáticamente a impedir la condición esencial de la representación, que es el mantenimiento de la vida. Ese partido ha tenido varios nombres, decíamos, y hoy gobierna en Rentería. Sus votantes allí sí están representados, y una parte aún más importante del periodismo celebra que ya no exista la banda terrorista de la que formaban parte.
La banda terrorista asesinó a finales de los noventa, en menos de un año, a dos concejales de otro partido político. Primero a uno, después a quien los sustituyó. Ese partido político hoy no cuenta con ningún concejal en ese pueblo. Sus votantes, esa sensibilidad, no están representados.

Una parte del periodismo jamás intentó explicar por qué estaba mal no sólo lo que hacía ese partido, sino votar a ese partido. No entendió que al votante a veces había que ponerlo frente a las consecuencias de su voto. No entendió que era posible votar mal, que votar podía ser parte del mal, y que lo que había que hacer con quien formaba parte del mal, aunque fuera por respeto, era decírselo a la cara. Mirándolo a los ojos, dirían hoy.

Otra parte del periodismo, o tal vez la misma, acaba de despertar en España. Se han activado los resortes y se han afilado los lápices. Un partido poco presentable ha reunido a 10.000 simpatizantes en Vistalegre. Es un partido con propuestas que van de lo ridículo a lo peligroso. Un partido populista, demagogo, nacionalista y con una retórica inflamada. Y en respuesta a esos 10.000 simpatizantes, algunos periodistas ya están hablando de cómo frenar al fascismo. No de cómo informar sobre el fascismo, imaginado, exagerado o realmente existente, sino de cómo frenarlo. Porque hay sensibilidades políticas que no deben tener representación, y porque los votantes también deben ser objeto de la crítica.

Sería interesante comprobar qué dijeron en su día sobre la sensibilidad de la izquierda abertzale. Qué estrategias desarrollaron, qué líneas trazaron y qué resortes se activaron.
Sería interesante porque todas las sensibilidades del periodismo son igual de legítimas. Pero, como ocurre con el voto, a veces es conveniente mostrar las consecuencias de nuestras elecciones.