“Altsasu”, notas. (Episodio 1)

EPISODIO 1

Casi lo primero que se ve: buitres. Después uno de los familiares explicará la relevancia del plano. Y el espectador, incluso el no especialmente sagaz, sabrá quiénes son los buitres en la serie.

La segunda escena ya va al meollo. La primera ha servido para mostrar la metáfora. Los buitres. En la segunda vemos el contexto que envuelve al hecho central que, al contrario que la metáfora, no se mostrará. Un vehículo de la Guardia Civil para a un vecino de Alsasua, un joven. Se ha saltado un stop. Uno de los agentes, el sargento, deja salir su odio. En la miniserie sobre Alsasua el odio parte de los agentes de la Guardia Civil, a pesar de que son ellos quienes aguantan una jornada dedicada exclusivamente a insultarlos, a reírse de ellos y a pedir que se marchen del pueblo.

El sargento le pide el DNI. El vecino dice que ya es la tercera vez que lo paran esa semana.

– Nombre… Áitor.

La tilde es importante. El sargento dice “Áitor” en lugar de “Aitor”. Son incapaces de decirlo bien, por ignorancia o por maldad. De hecho, éste será el desencadenante de la escena omitida: la pelea deslizada, la agresión inexistente. Inexistente porque ya se ve lo buenos chavales que son, incluso la madre de una de las víctimas dice más adelante, antes del hecho, que “Altsasu es un pueblo maravilloso, muy acogedor”. ¿Cómo unos chavales del pueblo iban a ser capaces de cometer una agresión contra agentes de la Guardia Civil, a quienes dedican constantemente mensajes diciendo que se vayan, que no los quieren en el pueblo?

En esa segunda escena hay un salto interesante al final del numerito del DNI. El sargento llega a “País”. Le pide al joven que lo diga él. El otro agente, teniente, le dice que lo deje marchar.

–  “Que se jodan. Si no les gusta ser españoles, que se larguen”.

Esto ya en la segunda escena del primer episodio. Son los guardias civiles los que dicen “que se larguen”.

El padre de uno de los jóvenes explica lo de los buitres. Llevan un tiempo sobrevolando el pueblo. Mala señal; cuando no tienen nada que comer se acercan a ver si pillan algo. Esto se entenderá mejor hacia el final del episodio. Aunque se entiende desde el principio, son muchos años: los buitres son los medios, la policía y el propio Estado español, que buscan algo que llevarse a la boca. 

Aitor y otra joven del pueblo hablan amistosamente. De fondo, una mujer saluda a los guardias civiles, incluso se detiene a hablar con ellos. El joven -el de la multa de la segunda escena- pierde el hilo de la conversación; una vecina está hablando con dos agentes de la Guardia Civil, en la calle, de día. Debe de ser algo impactante para él. “¿Conoces a esa chica?”, pregunta a la otra chavala, que también será acusada de participar en el hecho envuelto en misterio. “No. Y nunca entenderé cómo a algunos les gustan tanto los uniformes”. La mujer resulta ser la novia de uno de los guardias civiles. Tenía en ese momento 19 años. Pero “los chavales de Alsasua” fueron siempre los otros. 

En otra escena, la chica le cuenta a su madre que se ha echado un novio en el pueblo. La madre, que no es del pueblo -es ecuatoriana- no está tranquila. Sabe lo que eso supone.

– Un guardia… con la de chicos guapos que hay en el pueblo. 

Los guardias civiles limpian la pintada de “Alde hemendik” que les han dejado, esta vez en lo que parece una pequeña iglesia. Me acuerdo de que aquí las policías locales y la Ertzaintza dicen que las pintadas dependen del equipo de limpieza de los ayuntamientos. En Alsasua directamente las limpian los agentes de la Guardia Civil.

La chica habla con su pareja, que es el guardia civil “bueno”. Hay que empatizar con ellos también, pero sin pasarse.

– Estoy harto ya. Yo sólo quiero ayudar. Cómo hacer entender a esta gente que
– A ver, a ver. No paras de quejarte porque dices que no te entienden. Pero es que tú tampoco haces nada por entenderlos.
– ¿Cómo?
– Pues que la mayoría de esta gente no se siente española, Carlos. Y vosotros no hacéis más que recordárselo. Es que si te dieras cuenta de lo que eso significa para ellos, quizás todo sería más fácil, ¿no?

La premisa y excusa de la serie -y del proceso en la vida real- es que no había odio. Los guardias civiles hacían vida normal sin ningún problema. Aun así, la novia de uno de ellos le explica el contexto, que parece difícilmente compatible con la normalidad. Y con la permanencia de los agentes en el pueblo, porque claro, su presencia les incomoda en lo más profundo de su identidad.

Se ve el Ospa eguna. Ambiente festivo, claro. Dónde está el odio, que yo lo vea. Apenas un “Alde hemendik” suave suavecito.

22:17, de momento el diálogo más importante. Escena anterior, Ospa eguna, se para el coche en el frontón, “Alde hemendik”, ningún insulto. Los dos guardias civiles lo dejan pasar, hablan después con unas cervezas.

El “malo”: De verdad que no entiendo cómo no hemos hecho nada.

El “bueno”: Aún tienes que conocer esto, Raúl. No es tan simple. El año pasado intervinimos para llevarnos las carrozas y al final tuvimos que cargar.

– ¿Y? ¿Por qué no lo hemos vuelto a hacer este año? Carlos, que se estaban riendo de nosotros en nuestra cara.
– A ver, Raúl, se trata de mantener un equilibrio, una convivencia (!). Pero aquí es muy frágil.

La convivencia se mantiene si a los del “Largaos de aquí” se les deja hacer. Si los guardias civiles pasan de puntillas. Resulta familiar.

Escena siguiente: el “malo” arranca carteles de Ospa, solo, de noche. Le puede -a él sí- el odio.

Otra mujer, otro guardia civil, escena doméstica. Esta vez  es el guardia civil “malo”.

– ¿Aquí es donde quieres ser padre, Raúl? Estoy un poquito hartita de estos cuarteles.
– Por eso estamos aquí, aquí las cosas van rápido. Tres añitos en Alsasua y podremos elegir el destino que tú quieras.

Les ha invitado el teniente a cenar al bar de su suegra (la otra pareja, “el bueno”).

– ¿Y es seguro que salgamos por aquí, de noche?
– Sí.

Curiosamente el guardia civil “malo” es el nuevo. El doblemente forastero, el doblemente no integrado.

La cena. La madre de la novia del teniente, inmigrante:

Altsasu es un pueblo maravilloso. Muy acogedor. El vasco es noble. Al principio les cuesta, eh. Pero después son amigos tuyos para toda la vida. Para que os hagáis una idea, cuando te conocen te dicen “urte askotarako”, que quiere decir para muchos años.
La miniserie, explica la web de ETB, está libremente inspirada en un hecho real. También se podría decir que está realmente inspirada porque el hecho es libre. 

Después de la cena proponen ir a tomar una copa. La mujer del “malo” tiene miedo. El “bueno” dice que lleva un año ahí y nunca ha tenido ningún problema.

En cuanto llegan al Koxka le cae un hielo al “malo”. Nadie lo ha tirado. Lo deja pasar.

Llega el chaval conflictivo. El de la multa, “Áitor”.

– Con ese tipo de gente mañana vas a tener que desinfectar el bar, ¿eh?

Se lo dice al dueño del bar, que está tras la barra. (Reminder: “Aquí la convivencia es muy frágil”).

– Tengamos paz, eh. (El dueño).

– ¿Qué se piensan esos hijos de puta? (El radical, “Áitor”, a otro cliente que estaba en el bar, refiriéndose a los guardias civiles. Ese cliente también resultará condenado por participar en la agresión lo que quiera que pasara).

– Ese de ahí me ha puesto tres multas (insiste).

– Mejor nos marchamos (el “bueno”).

– ¿Tienes algún problema? (el “malo”, dirigiéndose a Aitor)
– ¿Qué dices? Que no te oigo, ¿que dices? (Aitor al “malo”, mientras se acerca).

– Mucha cara tenéis vosotros, os pasáis la semana crujiéndonos a multas y qué venís aquí, ¿a reíros de nosotros?

Ya está establecida la causa de fondo, el motivo de la pelea de bar, de la agresión eludida: un supuesto exceso de celo en las multas de tráfico.

Interviene el guardia civil “bueno”: “Áitor, por favor, mantengamos la calma”.

– ¿Qué has dicho?
– Márchate, hazme el favor.
– ¿”Áitor”? “Áitor” tu puta madre, subnormal.

Multas y una persistente incapacidad de decir el “shibolet” local, el motivo real de la no-agresión. También el alcohol, claro. Lo del Ospa, “largaos de aquí”, los insultos que tampoco aparecen, todo eso en realidad va por otra parte, no influyó en lo que pasó, pasó. Es una corriente subterránea del pueblo, una costumbre local sin efectos reales. Un odio latente pero también festivo.

Y llegamos a la no-escena.

Aparece otro chaval, se acerca al guardia civil “malo”. Cualquiera diría que los están rodeando -a dos guardias civiles y a sus parejas, cuatro en total-; cualquiera lo diría, menos los creadores de la serie, porque en la serie no hay nada de eso. La camarera avisa al dueño, que está en el almacén: “Beñat, kanpoan” (“en la calle”, “fuera”). En la calle, porque dentro del bar no ha pasado nada. Y en la calle en realidad tampoco, a ojos de los creadores. Lo siguiente que vemos es al dueño, que no ha visto nada. Lo vemos en la calle, donde el “bueno” tiene la pierna mal. El dueño pide a los espectadores que llamen a una ambulancia, que traigan hielo. Los espectadores permanecen impasibles. No va con ellos.

Se llevan detenido a Aitor. ¡Si no ha hecho nada! Y claro, algunos jóvenes pierden la calma. Tampoco nada serio. Nada de las amenazas que se recogen durante el juicio. Los actores intentan poner voz de achispamiento, pero incluso bajo los efectos del alcohol se comportan como testigos profesionales, casi peritos: por qué os lo lleváis, ése de ahí (el guardia civil “malo”) se ha metido en una pelea, por qué no lo detenéis.

La madre de uno de los chavales, Urko, el otro protagonista, le dice si sabe algo. Urko está en casa, en la cama, y no sabe nada porque se había ido antes del no-hecho, como dijo la defensa y como la serie decide mostrar (esto sí; esto no se deja a la interpretación del espectador). “Por lo que dice la tele es el jefe de un  comando. No sé, palizas, una emboscada”.

Los buitres, II.

El “bueno” (el informe ante su superior, en la cama del hospital):

– Se estaban desafiando el uno al otro y la cosa se iba calentando. Me metí a calmar el ambiente y llamé al Áitor (á) por su nombre pensando que eso lo tranquilizaría. Ahí empezó a desmadrarse todo.
– ¿Temiste por tu vida?
– No (con la cabeza).
– Temiste por tu vida.
– (Asiente).
Buitres, III.

Interrogatorio del director de la Guardia Civil a “Áitor”. El chaval sigue con lo de las multas. Al final no era odio, hostilidad omnipresente cultivada desde la infancia; al final era por las multas.

Escena final, el director de la Guardia Civil, al que se le ha visto mentir (en esto no hay posibilidad de error, interpretación, versiones opuestas: la verdad, aquí única, es que miente, manipula, inventa).

– Oye, ¿te acuerdas de que te debía una? Pues tengo un regalo para ti, con lazo y todo.

Los creadores podrían haber vuelto a meter la primera escena (IV), pero no hace falta. Está todo claro.

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