Política, anhelo de identidad

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Todo discurso político es en el fondo una expresión del anhelo de identidad. Y sólo eso. La falsedad que se genera en ese obstinado chapoteo en el lodo, al que llamamos discurso político, es por tanto doble. La primera falsedad -también doble- consiste en creer que ese discurso político es autónomo y liberador, cuando en realidad pocas cosas hay más determinadas y más generadoras de servidumbres que la política. No hay búsqueda racional de soluciones o verdades en el discurso político. Se trata simplemente del mecanismo de generación de identidad más eficaz de cuantos existen. Lo que empieza siendo, al menos en ocasiones, una investigación sobre ésta o aquélla cuestión, termina convirtiéndose casi siempre en una mera expresión de la nueva identidad: soy esto, o soy aquello. O bien, soy anti-esto, o soy anti-aquello. Y ese ser algo pasa a convertirse en lo único que importa, a mantener ese ser algo reducimos todo nuestra facultad cognoscitiva. Todas las justificaciones, argumentaciones y conclusiones derivadas son sólo mecanismos de perpetuación de ese “yo” frágil. Todas ellas no son más que la defensa obstinada, a vida o muerte, de esa identidad recién adquirida. Se discute contra o a favor de otros. Y a eso que no es sino subsunción en los otros llamamos, curiosamente, identidad.

En eso consiste precisamente la segunda falsedad, en creer que la identidad inconscientemente buscada, forjada en la expresión política, es real. Al decir “soy esto” creemos estar revelando un yo, pero en realidad ese “soy esto” lo que revela es un conjunto de determinaciones y afectos compartidos por muchos otros, en los que extrañamente nos afanamos por encerrarnos. No hay nada propio, por tanto, en ese yo construido en torno a la política. Tan sólo identidad falsa. (Identidad falsa: pleonasmo)

Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, decía, de nuevo, SpinozaEn nada piensa menos que en la política.

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2 Comentarios

  1. Hola, Mónica.
    En este caso concreto es pleonasmo 🙂
    En un sentido más general sí podría ser oxímoron, pero el significado que le daba a identidad era el de concepto ilusorio. La construcción de la identidad como si la identidad fuera algo sólido, y no un conjunto de afectos perecederos. De ahí la relación con la política. Nada más falso que la identidad política, y nada que genere más servidumbre. (Albiac y Sánchez Tortosa, por si quieres echarle un vistazo a ese uso: http://www.libertaddigital.com/opinion/libros/espejismos-de-libertad-1276238936.html Y http://www.nodulo.org/ec/2013/n138p03.htm )

    Y gracias por pasarte, claro.

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